Cuando la Union Jack flameó en Punta del Este

Durante las invasiones inglesas, los soldados de Su Majestad británica saquearon Maldonado durante tres días

 

Con un poco de ingenio y ganas de polemizar, bien se podría argumentar que las llamadas guerras napoleónicas constituyeron la primera guerra mundial, en el sentido lato del término.

Fue una serie de conflictos que entre los primeros años del siglo XIX y la fatídica (para Napoleón) batalla de Waterloo, en 1815, movilizó tropas en múltiples frentes y tomó como campo de batalla todo el globo terráqueo como lo conocemos hoy.

El continente europeo se transformó en territorio en disputa, así como también las colonias de cada uno de los imperios que tenía en juego sus posesiones. De esta forma, América, África y Asia se volvieron trofeos geopolíticos (militares, comerciales y económicos) que cada bando se esforzó por conquistar.

Así sucedió con el Río de la Plata. Ante el bloqueo europeo de Napoleón a los barcos ingleses, estos se vieron obligados a buscar nuevos mercados para su excesiva producción industrial. Los súbditos de Su Graciosa Majestad británica salieron a golpear puertas por el mundo, aunque los golpes se dieran a cañonazo limpio.

Luego tomar la colonia holandesa de Ciudad del Cabo, los barcos británicos comandados por el comodoro Home Popham enfilaron hacia el Río de la Plata, que se encontraba en plena convulsión ante la ausencia de sus monarcas (absorbidos por el poder de Bonaparte).

La llamada “primera” invasión inglesa toma Buenos Aires ante la huida del virrey Sobremonte a Córdoba. Pero luego de dos meses, un contingente de tropas españolas y criollas que salió desde Montevideo, ayudadas por miles de indios, retoma Buenos Aires.

Los ingleses amagan con irse del estuario, pero en realidad rehacen sus planes iniciales y se dirigen hacia Maldonado, puerto natural en la entrada del Plata, comenzando la “segunda” invasión. La ciudad, separada del mar por un kilómetro de altas dunas, estaba defendida en la costa por un par de baterías ubicadas entre la isla Gorriti y la playa Mansa.

En un violento intercambio, los ingleses destruyen las baterías de la costa y logran desembarcar a la altura del barrio Las Delicias, sobre la parada 24 de la Mansa. La isla Gorriti resiste un poco más pero luego se rinde.

Las tropas avanzan sobre los arenales por el antiguo Camino Real (hoy la avenida España) y unos metros antes de la Torre del Vigía se encuentran con un contingente de fernandinos que les salen al encuentro. La balacera es feroz y en poco tiempo los ingleses arrollan a los criollos, que se retiran al pueblo. Hoy, una piedra en una pequeña rotonda recuerda el lugar de aquel hecho.

Los ingleses entran al casco de Maldonado por la actual calle Pérez del Puerto contra flecha, en dirección a la plaza. Allí se dan las últimas resistencias y la ciudad cae sin remedio. A partir de entonces se produce un hecho no muy recordado por la historia nacional: el saqueo de Maldonado. Durante tres días las tropas británicas roban, matan, incendian, violan y mancillan a deseo todo lo que encuentran. Al tercer día, el coronel Backhouse, comandante de la guarnición, manda parar la barbarie. Francisco Bauzá, en su Historia de la dominación española en el Uruguay describe con detalles el hecho. Estamos hablando de enero de 1807.

Luego la cronología sí ya es más conocida. Los ingleses sitian Montevideo, que luego de unos días cae cuando las tropas invasores penetran por una brecha en la muralla (en la actual calle Brecha). Siete meses después, las mismas tropas deben embarcarse para no regresar más al Río de la Plata, luego de la segunda caída de Buenos Aires.

Dicen algunas crónicas que los oficiales ingleses llegaron con sus familias a Maldonado. Hace poco más de dos siglos, estos debieron ser de los primeros turistas que recibió una península que ni siquiera entonces sabía que se llamaba Punta del Este.

 

elobservador
FacebookTwitterGoogle+Compartir

Flamencos y cangrejos, humedal de Punta del Este

A cinco minutos del glamour del balneario Punta del Este, sobre la costa atlántica uruguaya, un humedal salino acoge a unas 200 especies de aves y es hogar de uno de los mayores cangrejales de la región, un tesoro natural que las autoridades buscan proteger.

Flamencos australes y gaviotas cangrejeras, ambas especies en peligro de extinción, se alimentan en el sector más profundo del humedal, ubicado sobre el arroyo Maldonado, a unos 120 kilómetros al este de Montevideo, en una extensa zona utilizada actualmente para el pastoreo de ganado.

“Estamos sobre el mayor humedal salino del Uruguay y eso lo convierte en un lugar muy rico” desde el punto de vista ambiental,   segun Rabau, especialista belga en aves que lidera el equipo técnico al que la Intendencia de Maldonado (gobierno local) encargó relevar las diferentes especies que conviven en la zona.

Además, explica, hay especies amenazadas, por lo que es considerada zona AICA (Área de Importancia Internacional para la Conservación de Aves).

En momentos en que los humedales disminuyen en el mundo ante el avance de la urbanización, este oasis a pocos kilómetros del centro de Punta del Este no solo tiene gran valor ambiental sino que además “permitió filtrar gran parte de la contaminación” que habitualmente genera el desarrollo, aseguró Rabau.

“Si hoy La Barra (una playa de Punta del Este situada en la desembocadura del arroyo Maldonado) está en condiciones, se debe en gran parte al equilibrio ecológico que le da el humedal a la zona”, señala Rabau, quien asegura que “gracias a su topografía este lugar sobrevivió” al desarrollo urbanístico, ya que al ser una zona baja y húmeda es desestimada por las grandes constructoras.

Por eso, la comuna de Maldonado pretende transformarlo en un “Producto Turístico Estrella” con la creación de un Eco Parque de 750 hectáreas para “cuidar el lugar y reservar algunas zonas para que las aves puedan seguir viniendo a descansar y alimentarse”, afirma Rabau.

El científico, codirector del proyecto que apunta a la conservación y el uso sostenible del humedal, considera “viable” el proyecto, a pesar de su cercanía con Punta del Este, algo que por otra parte facilita el acceso al lugar para “estudiar el cambio climático a través de las aves”.

Con su rosado plumaje, los flamencos australes (Phoenicopterus chilensis) que llegan a descansar al humedal desde Argentina, donde realizan su ciclo reproductivo, son uno de los mayores atractivos, señala el técnico belga, cuyo relevamiento de especies en la zona culminará el próximo abril.

Los flamencos que visitan Uruguay son una pequeña fracción de la población mundial ya que “llegan 500 o 600” a todo el país, de un total de entre tres y cuatro millones presentes en el Cono Sur, explica el científico.

Esta ave, que integra la Lista Roja de las Aves de Uruguay, está amenazada en la región por la creciente desalinización de las lagunas por el cambio climático.

Otra especie amenazada presente en la zona es la gaviota cangrejera (Larus atlanticus), un ave de alas negras, cuerpo blanco y pico bicolor, rojo y negro.

“Este año en particular vi más de 70 ejemplares” de esta gaviota, comenta Rabau y “eso es mucho más importante que los flamencos, porque la población mundial de gaviota cangrejera no llega a 10.000”.

Al avanzar hacia las zonas anegadas, abundan las cuevas estrechas pero profundas, hogar de centenares de cangrejos granulados, llamativos por su variada tonalidad, y en menor cantidad cangrejos violinistas, que se destacan por sus pinzas.

Estos crustáceos “participan en la cadena alimenticia y son fundamentales en la transformación de la materia orgánica”, esencial para el equilibrio ambiental del lugar, dice Rabau.

La historia de Piriápolis y Francisco Piria: dos relatos inseparables

Francisco Piria nace en Montevideo el 21 de agosto de 1847.

Muy pequeño, fue llevado a Italia por un tìo paterno, monje jesuita que se encargó de su educación y le dio conocimientos histórico-mitológicos-filosóficos, que sin lugar a dudas posteriormente influenciarían a lo largo de su vida.

Ya de vuelta en Uruguay y a los 16 años se enrola como voluntario en un cuartel , en lo que fuera su único empleo que se le conociera, pues posteriormente ya comienza a dar sus primeros pasos como “hombre de negocios” en un pequeño establecimiento que fundara en el Mercado Viejo de Montevideo, el cual mantuvo hasta el año 1875.

Por esos años comienza a dedicarse a la venta de solares en cuotas en Montevideo, actividad en la cual forja gran parte de su fortuna y a través de la que se hiciera responsable de gran parte de la actual fisonomía de la ciudad fundando setenta barrios en Montevideo y otros tantos en el interior del país.
Paralelamente con éstas actividades, se dedicó al periodismo y la literatura, siendo creador del diario “La tribuna popular”, diario de la época que se proclamaba liberal y a través del cual dejó constancia de su oposición a gobierno y políticos de la época, al mismo tiempo que escribió sus memorias de viajes tanto de sus viajes a Europa como de sus recorridas por el interior de la Repúblic
En el año 1890 Piria decide fundar su “Establecimiento Agronómico” el cual, luego de visitas a diferentes zonas del país decide sea instalado en los alrededores del Cerro Pan de Azúcar
“En 1889 regresábamos de uno de los tantos viajes al viejo continente, cuando un amigo nos dijo que se estaba proyectando en la costa de Maldonado entre Punta Ballena y Laguna del Diario.- Aprovechando las fiestas de carnaval emprendimos un viaje a Maldonado, Punta del Este y Laguna del Diario, Punta Ballena y Portezuelo.- Cuando visitamos Punta del Este no había allí más que el Faro, unas salinas abandonadas.- En aquel tiempo solo había allí un pequeño boliche en donde preparaba pescado muy rico en escabeche Don Juan Risso. Seguimos rumbo hasta que al otro día llegamos a Pan de Azúcar, pocas horas más tarde visitamos la playa de los que se llama Puerto del Inglés.- (Nota: Hoy conocido como cerro San Antonio). Habíamos recorrido media Europa, visitando la mayor parte de sus balnearios, sus montañas, bosques, valles, sitios veraniegos y recreativos, vistas tantas bellezas los inmensos tesoros y sin embargo aquél rincón encantador nos cautivó.- Ver esa localidad y apasionarnos de ella todo fue uno.- Un mes después se firmaba la escritura de compra” Extracto de una publicación de Montevideo Edilicio (Publicación Mensual de 1918)
Es así que con la compra de la fracciòn de campo de 2700 hectáreas (desde el Cerro Pan de Azucar hasta el mar) comienza entonces su emprendimiento agrario en el cual se dedicara al cultivo de tabaco, uva (y en consecuencia vinos y un licor denominado posteriormente cognacquina) y olivares. A fuerza de caballos y bueyes y sin más transportes que caballos y carretas comienza también con la extracción de granitos (obtenidos del mismo Cerro Pan de Azúcar) los cuales cortados y procesados en el lugar eran comercializados en Montevideo y Buenos Aires.
Enviò muestras de tierra a Parìs para su análisis e importó de Italia y Francia cepas, castaño sy olivos. Para el cuidado y desarrollo de esas cepas contratò en Europa a Brenno Benedetti, abuel de Mario Benedetti.- En 1896 la bodega, que aùn se conserva, estaba en planea producción y abastecìa a la ciudad que surgìa, posibilitando ademà la exportaciòn de vinos.
La administraciòn se hacìa en La Central lo que es hoy Quebradas del Castillo. Allì se llevaba la documentación correspondiente y diariamente se distribuìa el personal de las cuadrillas.

Los comienzos del balneario
Como destinatario final y propuesta principal de todo el complejo de actividades productivas aparecía PIRIÁPOLIS “la ciudad balnearia del porvenir” sueño al que Piria dedicaría sus mayores esfuerzos.
El programa de Piriápolis aúna múltiples aspectos que los transforman en uno de los ejemplos de organización territorial más interesantes en el país y un hito ineludible de su historia urbana. Como propuesta de organización territorial privada, trasciende la visión inmediatista del mero fraccionado de tierras, mediante la incorporación de principios urbanísticos en los que se puede rastrear vínculos importantes con las ideas de la vanguardia europea y norteamericana de la época.
Dos aspectos de la misma resultan especialmente destacables. El primero, es el desarrollo de un programa balneario integral “a la europea”, para los sectores medios y altos de la sociedad. Dicho programa supone la creación de una efectiva infraestructura turística, “a priori” que realice los valores naturales y cree efectivos elementos de atracción, uso del tiempo libre y desarrollo de la sociabilidad.
El segundo la organización productiva del territorio antes reseñado, que posibilitaba el funcionamiento del área como “unidad autosuficiente” (alimentación, suministro de energía y agua potable, materiales de construcción, etc.) acorde a su relativo aislamiento, fruto de los limitados medios de comunicación de la época.
Poco a poco, con el correr de los años, los hechos materiales fueron confirmando la idea y consolidando el asentamiento humano para hacer de Piriápolis una realidad.
El 17 de agosto de 1897 finalizó la construcción del castillo (Hoy conocido como Castillo de Piria), obra del Ingeniero Aquiles Monzani, que sería residencia particular de Francisco Piria.

En 1904 se inauguró el Gran Hotel Piriápolis. Diseñado por el arquitecto Jones Brown fue alhajado por la mayor suntuosidad conocida en la época: muebles importados de Italia, vajilla de Limoges, cristalería de Murano, alfombras de Esmirna, mantelería de hilo italiano. Allí se hospedaron los primeros turistas llegados a la zona.
En 1912 se iniciaron los remates de los primeros solares del balnearios, realizados por el propio Piria en Piriápolis y por Bullrich en Buenos Aires y posteriormente la venta individual con el sistema de pago a plazo del que había sido precursora la industria en el Río de la Plata.
A esta altura ya existían atractivos turísticos de significativo interés para ofrecer a los compradores. Además del hotel estaban la conocida “trilogía” de fuentes: de la Virgen (imagen de Stella Maris) en la falda del Cerro del Inglés (o San Antonio), de Venus réplica del templo griego, y del Toro en la falda del cerro del mismo nombre, también se había construido el Paseo de la Cascada en la cañada del Puesto Viejo, y se colocaría el templete de San Antonio en la Cumbre del Cerro del Inglés (1913). Estaban en marcha además las obras del puerto y de la rambla que sería inaugurada en 1916.
El ferrocarril llegaba hasta Pan de Azúcar desde 1910 y de allí el tren de Piriápolis transportaba a los pasajeros hasta la playa.
Paralelamente la obra social se iba insinuando a través de algunas concreciones destinadas a la población ya radicada y en particular a la juventud. Con el dinero recibido del Ministerio de Ganadería y Agricultura por la plantación de árboles, Piria construyó la primera escuela pública que en 1911 inició su actividad como Escuela Rural Nro. 37.
Asimismo, destinó un predio de 11 hectáreas en la falda del Cerro del Toro para sede del Campamento Internacional de Jóvenes que desde 1911 se realizaba en el balneario. En 1917 comenzó la construcción de la iglesia, que luego quedaría inconclusa.
Lo que inicialmente fue la idea de construir un anexo para el Hotel Piriápolis, se transformó en la obra principal de la ciudad en expansión. En 1920 se colocó la piedra fundamental del Argentino Hotel que se inauguraría 10 años después. Concebido como una construcción monumental con capacidad para 1.200 personas y equipado con los más modernos elementos para la época el Argentino Hotel constituyó durante décadas por sí solo un atractivo turístico.
Ya en estos años se puede afirmar que Piriápolis estaba marcando rumbos en materia de turismo en el Uruguay. Además del espontáneo desarrollo edilicio (más de 20 hoteles y gran cantidad de residencias particulares), existía una verdadera implementación de servicios turísticos.
Los diversos transportes (autobuses, ferrocarril, vapor) aseguraban un regular acceso hacia y desde Montevideo. La empresa Mihanovich realizaba los fines de semana un servicio directo del vapor “de la carrera” desde Buenos Aires a Piriápolis con escala en Montevideo.
Las décadas del 1930 y 1940, presencian un fuerte impulso edilicio que consolida el fraccionamiento inicial a instancia de una sostenida demanda internacional especialmente argentina y nacional. Hacia finales de aquella década por razones históricas conocidas, las corrientes turísticas internacionales sufrieron una importante disminución retomando y aún superando su volumen y ritmo de crecimiento a partir de los años 50.

http://blogs.periodistadigital.com/cenytmercosur.php/2009/05

HMS Agamemnon, su agonía

Recorriendo los muelles uno los ve, gráciles como gaviotas, bellos como cisnes. Y sueña sobre lo que intuye, pero no sabe. ¿Vos te creés que cualquiera puede navegar por la Polinesia con la actriz más famosa del momento como hizo Carlitos Páez? No, no funciona así de fácil para el resto de los mortales. Evolucionar con un velero es complicado en cualquier lado y en las inmediaciones de la Isla Gorriti más todavía. Para evitar accidentes están los prácticos … y también está nuestro amigo Alberto Moroy que investigó uno de los más célebres naufragios del lugar, el del imponente Agamemnon, algunos de cuyos cañones todavía deberían andar por allí si no falla la aritmética ni las referencias históricas.

Lo que ven en la portada es el almirante Horatio Nelson herido de muerte en la batalla de Trafalgar Una bala de mosquete, disparada por un tirador desde las cofas del Redoutable (navío francés), alcanzó al Almirante, ingresando por su brazo izquierdo, atravesando un pulmón y alojándose finalmente en una vértebra. Nelson cayó en la cubierta sobre la que previamente se había esparcido arena para que estuviera menos resbaladiza.

«Por fin han acabado conmigo», dijo el almirante al capitán del Victory, Hardy, cuando lo llevaron a la cabina. «Me han atravesado la columna vertebral.» poco mas tarde murió. Esta nota comienza como una digresión de la anterior “Isla Gorriti, la de los piratas” que llevó a prestarle mas atencion al HMS Agamemnon, el barco del Comandante Nelson que estuvo en Trafalgar, aunque éste estaba abordo del HMS Victory, navio similar pero mas grande.

Si quiere verlo esta vivo en el puerto de Portsmouth, Inglaterra, podrán subirse en Google Earth, poner las cordenadas 50°48’5.92″ N 1° 6’34.37″W y aterrizaran encima de uno de sus botes de 10 m de largo sobre la cubierta.

Mientras hacia la nota anterior referida a la Isla Gorriti recordé que estaba por la parada 7 en la Playa Mansa cuando a la distacia vi trabajar a una o dos embarcaciones de apoyo sobre los restos del pecio, que estaban sobre la parada 3 o 4, metidos hacia adentro. Me parece que en esa ocasión sacaron un cañón; a la distancia se veía una grúa (pluma). El diario la Nación de del 24 de marzo de 1997 decia “Buzos ingleses y uruguayos realizaron una inmersión en el litoral del balneario uruguayo de Punta del Este para extraer un cañón de 3,500 kilogramos (pesaba 2.400) que llevaba 189 años sumergido. La pieza de artillería perteneció al navío de guerra HMS Agamemnon. un buque del siglo XVIII con 64 cañones que fue capitaneado por el célebre almirante inglés Nelson.

HMS Agamemnon

Era un diseño de Sir Thomas Slade y construido por Henry Adams, famoso constructor del astillero Bucker Shard Hamshire de Inglaterra, se boto el 10 de abril de 1781, su eslora ( largo) era de 160 pies ( 52 m.), su manga 44,5 (14 m.), el desplazamiento 2.578 ton. Calaba 27,7 pies (aunque eso no parece probable, los ingleses dicen que calaba 19 ft (5.8 m) y creo que asi era, a manera e ejemplo el HMS VIctory, (el del video) siendo mas grande ( 3.556 ton.), tenia un calado (punto de la línea de flotación y la línea base o quilla) de 6.6 m.

Participó en 11 batallas entre 1781 y 1807 Trafalgar Ushant 1781 Les Saites (Caribe) 1782 Toulon ,1793 Cerdeña ,1793 Córcega,1794 Calvi; 1794 Génova; 1795 Hyeres; 1796 Copenhague; 1801 acciones en Calder; 1805 Trafalgar: 1805 Santo Domingo; 1806 Copenhague nuevamente; 1807 Bloqueo de Lisboa y en 1807 fue parte de los busques de estación en Brasil. Horatio Nelson la comandó desde 7/2 /1793 hasta 10/6/1796. En 1808 fue enviada a formar parte de la flota britanica que estaba estacionada en Rio de Janeiro. Para ese entonces ya tenia 27 años, sus maderos estaban carcomidos y sus clavos flojos. Cuando cruzo el atlántico se debió encincharlo para que el casco no se abriera.

Tal vez se pregunten qué hacía la flota inglesa en Rio de Janeiro. En 1808, las tropas napoleónicas invadieron la península ibérica. Ante los riesgos que suponía la invasión, la monarquía lusa optó por la fuga. Bajo el mando de João VI, la familia real, acompañada por 15.000 nobles y escoltada por navíos ingleses, se trasladó a su principal colonia. Río de Janeiro se transformaba así en la capital del imperio portugués y los Ingleses no querían perderse la posibilidad de comerciar, asi que se quedaron por la vuelta.

El Agamemnon y el Monarch

En octubre del mismo año, el HMS Agamemnon y el HMS Monarch estaban anclados en la bahia de Maldonado, despues de escoltar al buque mercante Maria, que había llevado el cirujano Dr. James Paroissien a Montevideo con la curiosa misión de tratar de coronar a la princesa Carlota Joaquina de Borbón, como reina o regente del Rio de la Plata.

Mientras estaba allí, el HMS MonarCH encalló y requirió la ayuda del Agamemnón para sacarlo. Después de saber que Paroissien habían sido encarcelado, (acusado de alta traición), los dos barcos se hicieron a la mar, pero se vieron obligados a regresar a la Bahía de Maldonado por mal tiempo. En enero de 1809 estaban en Rio de Janeiro. El 16 de junio 1809 el Agamemnón, junto con el resto de la escuadra que ahora estaba bajo el mando del almirante Michael de Courcy, entró en la bahia de Maldonado por mal tiempo.

Mientras ingresaba pasando entre la isla Gorriti y la costa choco contra un banco desconocido. El Capitán Jonas Rose intentado utilizar los botes del barco, junto con los anclajes y cepo, para sacar el barco fuera, pero fue en vano. El 17 de junio los objetos valiosos del Agamemnon y la tripulación fueron retirados por los barcos de otros buques de la escuadra. Al día siguiente el capitán Rose y sus oficiales abandonaron el barco.

El consejo de guerra por la pérdida de Agamenón se celebró en Río de Janeiro el 22 de julio de 1809, a bordo del HMS Bedford. Se encontró que el barco podría haberse salvado si no hubiera sido tan malo su estado general y el capitán Rose fue absuelto honorablemente.

Se ha rescatado un cañón de hierro de 24 libras que pesa 2400 Kg.(foto abajo) y mide 3,10 m de largo. Este cañón fue utilizado en la batalla de trafalgar el 21 de octubre de 1805. En realidad tenía 52 cañones de 4 libras, 12 de 9 libras y 12 carronadas de 24 libras, que eran servidos por alrededor de 256 hombres, del total de más de 500 con la tripulación completa.

Hipotesis del autor

Sin dudas fueron a buscar la bahia de Maldonado por la boca Chica (Sur), habida cuenta que si venían de Brasil, es la que le única que les quedaba. Dar la vuelta a toda la isla y mas con mal tiempo, no parece probable. Si venían de Montevideo con viento franco, ubicaban el barco donde querían y lo mas seguro que fuera lo mas cerca posible de la isla.

La tormenta debería ser un pampero del NO pues si asi no fuese, no se fondea detrás de la isla (cara que mira a la Playa Mansa). Ademas los datos arqueológicos que podrán leer en el link de abajo dicen “Queda claro que no pudieron retirarse por lo menos 6 de los cañones de la cubierta inferior de la banda de estribor sobre la que se apoyó el navío al naufragar”. Esa banda donde esta recostado coincide bien con un rumbo sur-Norte (38º) es decir venían por la boca chica (Punta- isla Gorriti) y un pampero del N.Oeste los fué recostando sobre esa banda mientras hacian agua. La primera duda es que hacían en esa ubicación (mas pegados a la costa) cuando la isla Gorriti da fondeo bastante mas cerca y ademas resulta lógico hacerlo para minimizar los efectos del viento.

La otra duda es que los ingleses a esa altura y antes eran los reyes de los mares, su capitan Jonas Rose era súper experimentado, habia estado en esa bahia de Maldonado al menos otras 2 veces , ademas no estaba solo, habia otros barcos como la goleta HMS Mistletoe HMS Bedford, HMS Monarch, HMS Foudroyant y un 1 bergantín. Si soplaba el viento pampero, entra agua la bahia, subiendo el nivel de esta y dando mas calado , esto significa que 5,6 m de calado (el del Agamemnon) difícilmente haya tocado en el bajo los Banquitos (podrán ubicarlo en el cuarterón de abajo).

Si se fijan en la carta náutica verán que abajo dice “Bajo Mostin”. En las cartas internacionales el nombre se escribe Mostyn, (para otros Mostyn Rock) Los que navegábamos por esa zona la llamábamos “la caldera” y era una de las máximas preocupaciones toda vez que andábamos en las cercanías, aunque muy pocos tenia la referencia exacta (no habia GPS) y menos la vieron ya que la mayoria de las veces esta cubierta del agua.
Por el año 1983 vi hundirse un velero de madera (11 m.) con un rumbo de al menos un metro. Se lo veía claro porque su propietario lo embicó contra la costa, sobre las rocas de la punta, dejándolo a la vista. Según decia porque prefectura (estaba a 1000 m.) le quería cobrar una importante suma por derecho de salvamento (muy pocos navegantes deportivos conocen este derecho internacional ), en la cual la asistencia se cobra y da derecho a percibir una remuneración, denominada salario de asistencia o salvamento. Recuerdo como el canal 16 de VHF ( radio) , usado exclusivamente para emergencias, parecía el trasfondo de un estadio de fútbol. A Prefectura lo menos que le decian es que eran “lindos”. Los cruceros de un puerto repleto hacían sonar la bocinas, varias embarcaciones salieron a prestarle ayuda, pero al final se hundió.

Cometario referente a la piedra La Caldera

Un verano algunos años mas tarde mientras nos dirigíamos a Solanas en velero, soplaba poco viento, asi que matando el tiempo, navegábamos medio al descuido, hasta que uno de la tripulación pregunta que es esa roca que veía a no mas de 10 m. Como usaba unos gruesos lentes lo cargábamos, pero tenia razón, era “la caldera”. Su parte superior no medía mas que una pelota de fútbol.

Resulta fácil imaginarse lo que significa llevársela puesta, mucho mas con un barco de 2579 ton. como era el Agamemnon, porque a mi entender ese fue el problema, se llevo puesta la roca La Caldera. Soplaba pampero del NO, intentó buscar la costa, se varó y posteriormente se hundió, quedando escorado sobre estribor es decir del lado contrario a donde soplaba el viento. Cuado dicen las crónicas inglesas “pasando entre la isla Gorriti y la costa choco contra un banco desconocido”. El otro bajo llamado “Los Banquitos” mas que seguro lo tenían claro, como podrán ver en el cuarterón (parte de una carta náutica). Está en el medio de todo y con el “escandallo” (zonda) seguro que lo tenía ubicado era un lugar de paso habitual.

www.viajes.elpais.com.uy

El exilio amoroso y político de Neruda encuentra cobijo en Atlántida y Punta

Museo. Las peripecias del poeta chileno en nuestras tierras hicieron nacer un paseo cultural
Selva Santurión y Miguel Quenón dirigen un original espacio cultural, el Museo Paseo Neruda, que mantiene actividades durante todo el año, en especial en temporada. Nació en Atlántida, donde se refugió Neruda en los albores de su romance con Matilde, y se instaló en Punta del Este, adonde siguió viniendo el poeta chileno durante muchos años.

Todo empezó cuando Selva Santurión, a cargo del Fortín de Santa Rosa, empieza a indagar sobre las furtivas estadías de Neruda en Atlántida, tarea a la que se suma Miguel Quenón cuando vuelve al país luego de una larga trayectoria como director de teatro en varios países de Europa.

Y la búsqueda se vuelve muy atractiva, entre otras cosas porque se mezclan, en su paso por Atlántida, la historia del amor clandestino con Matilde Urrutia, cuando él estaba con la argentina y militante comunista Delia del Carril, su segunda pareja, con las penurias del exilio.

“La persecución desatada por el gobierno de González Videla contra sus antiguos aliados comunistas, culminó en la prohibición del Partido Comunista y Neruda se transforma entonces en el más fuerte antagonista del presidente. Dictó discursos en el Senado y publicó artículos contra el gobierno”, explica Miguel Quenón.

Uno de sus artículos, conocido como “Carta íntima para millones de hombres” ­que según Quenón se divulgó con el nombre de “Yo acuso”, de Emile Zola­ fue publicado en “El Nacional” de Caracas y fue el detonante para que González Videla lo destituyera como senador y lo persiguieran, obligándolo al exilio.

Así cruza los Andes a caballo, llega a Argentina en 1949 ­foto que guardan como preciado tesoro en el museo­ y embarca hacia Europa. “En el viaje conoce a un uruguayo, Alberto Mántaras, quien tendrá un lugar especial en su historia amorosa”, continúa relatando el director del museo.

“Después de estar en París y recorrer Europa se radica en Capri y Nápoles con su nuevo amor, Matilde Urrutia, donde recibe la noticia de que puede volver a Chile. El romance corre peligro porque en su país le espera Delia del Carril, militante de trayectoria”, comenta Miguel, que parece soñar con una obra de teatro que cuente esta historia. Entonces recurre a su amigo Alberto Mántaras, que le presta una casa en Atlántida en donde poder encontrarse con Matilde, hasta que las cosas se aclaren…o se terminen de oscurecer.

Neruda llama a la casa “Datitla”, pero, para sorpresa de Selva y Miguel, cuando quisieron encontrarla había cinco casas con este nombre y ninguna era la que habían ocupado Pablo y Matilde. Solo cuando ellos abrieron el museo, en 2002, a pocas cuadras de la playa, “los propietarios de la auténtica ‘Datitla’ desempolvaron el cartel que estaba olvidado y lo pusieron a la vista”, recuerda Quenón.

Finalmente la crisis con Delia del Carril estalla y la nueva pareja sigue su rumbo, ahora al descubierto. Juntos visitan Punta del Este, donde los Mántaras han comprado una casa, en la calle Brasil, a la que Pablo le dedica un poema, dentro de los tantos que le escribió a Punta del Este.

Esta es, por cierto, una historia abreviada, que omite la intensa actividad partidaria y poética de uno de los titanes de la poesía latinoamericana comprometida, pero explica el porqué de un museo con su nombre en estas playas.

Propuesta en Punta
En 2006 Selva Santurión y Miguel Quenón se trasladan a Punta del Este, donde instalan una nueva sala Museo Paseo Neruda, en la calle Virazón (12) y La Salina (9), en locales que pertenecen a lo que fue el supermercado El Dorado, en pleno Altos del Puerto, una zona muy visitada por los turistas por su oferta gastronómica.

El museo pone en marcha varios proyectos bajo la consigna consagrada por una Ley Nacional que celebra, de noviembre a marzo, “Maldonado: Fiesta del Mar”.

Así le dedicaron un año a Neruda y el mar y otro a la isla Gorriti. Este verano el tema fue “Lo que el mar nos trajo”, en referencia a las corrientes migratorias que poblaron Maldonado, y hubo noches dedicadas a los descendientes de las Canarias, de las Azores, de italianos, de ingleses y de croatas, y seguirán pasando colectividades durante marzo.

Pero además, durante todo el verano estuvo la muestra itinerante del Museo del Carnaval de Montevideo, sobre la evolución del vestuario de la fiesta, que es una tradición “producto del sincretismo de culturas y costumbres provenientes de tierras lejanas”.

También actuó el Grupo Teatro de la Luna, con su espectáculo “Teatro a la carta”; hubo presentaciones de libros, como “Mercado del Puerto”, de Juan Antonio Varese, en el que cuenta la historia, gastronomía y cultura de este palpitante corazón montevideano, o el de Yaravi Roig, “Solsticio de verano. La historia oculta de Piriápolis”, y continúa el ciclo de cine del neorrealismo italiano.

Cada fin de semana cerraron con un “Contrapunto literario: Pablo Neruda y Rafael Alberti”, que consistió en un recital, a cargo del Grupo Teatro de la Luna, con poemas de ambos autores dedicados a Punta del Este.

Este proyecto es apoyado por la Intendencia Departamental de Maldonado y el Ministerio de Turismo.

Alejandrina Morelli
www.larepublica.com.uy

El misterio del reloj solar de Maldonado

Y no menos misteriosa pila bautismal que quizá fue un reloj en su origen
A esta altura corresponde aclarar que nuestro amigo Alberto Moroy es uruguayísimo, pero reside en Argentina. Como los lectores saben, tiene una abultada biblioteca y saber usar como pocos a esa enciclopedia viva que es internet. Pero en casos como este no puede hacer trabajo de campo irremediablemente necesario. Así que lo que nos envía es el resultado de su investigación a distancia, en la esperanza de que alguien en Maldonado o San Carlos tenga la información que falta o esté dispuesto a conseguirla. Tómenlo como un desafío y disfruten del apasionamiento de investigar por sí mismos en lugar de creer cualquier cosa que se les diga.

En la portada el cuadrante de un reloj de sol Vertical, bastante habitual en los frentes de muchas iglesias europeas, aunque no tan decorados. Nuestro reloj es otro y arribó al Rio de la Plata por el año 1775 y su cuadrante es Sur, por lo que podemos decir que era para estos pagos. No sabemos su destino, ni como, ni para quien, la cuestión es que apareció en la Catedral de Maldonado por el año 1900, camuflado en una Pila Bautismal, según lo describe mas abajo el Presbítero Roman Maritorena a principios de siglo XX.

Por su forma nunca formo parte de una iglesia, tal vez si del fuerte que distaba a pocos metros al Sur de la manzana que se levanta la actual Catedral o de plaza publica de Maldonado. La propuesta es encontrarlo, sin dudas le daria un valor agregado superlativo a la historia de Maldonado. Por eso, si usted es curioso, le proponemos que al final de este articulo nos de su opinión y en alguna visita la catedral de Maldonado, tal vez pueda encontrarlo, o no. Si tiene éxito cuéntenos y tambien a las autoridades. Para eso nos iremos interiorizando sobre lo que salió publicado en 1935 en la revista llamada sociedad “Amigos de la Arqueología” tomo VI.

El cuartel de Dragones

El Cuartel de Dragones fue una construcción de carácter militar, iniciada en el año 1771 a 1797, por iniciativa del Español Bartolomé Howel, la estructura es de paredes de piedra de sillería labrada y barro, inicialmente los techos fueron de paja y en los sectores que aún hoy se conservan son de tejas, apoyadas en vigas de madera.Su superficie de 2.500 metros cuadrados abarca toda una manzana. La denominación popular fue de Cuartel de Dragones o de Blandengues evocando a los principales cuerpos que allí se alojaron. Nuestro prócer nacional el General José Gervasio Artigas ingresa al cuerpo Veterano de Blandengues tomando estado militar el 10 de marzo de 1797, agregándole aun más importancia histórica a este ya valioso edificio con herencia propia La Capilla del Cuartel se encuentra ubicada dentro del propio edificio de carácter castrense y fue inaugurada oficialmente el 2 de febrero de 1801 por el cura párroco Dr. Dámaso Gómez de Fonseca. El emplazamiento sufrió el ataque y consiguiente defensa en las invasiones inglesas resultando el lugar menos dañado la anteriormente mencionada capilla.

Vale la pena aclarar que Bartolomé Howel, no era español, sino francés al servicio de Portugal ,su verdadero nombre y apellido era Jean Barthelemi Havelle y en Brasil durante la construcción de fortificaciones en Rio de Janeiro, se llamaba Joao Bartolomé Houel.

Sobre Jean Barthelemi Havelle (Bartolomé Howel)

Juan fue cambiando de nombre según le convino, ingeniero francés al servicio del rey de portugués desde 1750 que trabajo en la comisión de limites y sobre todo en la fortificación de Rio de Janeiro durante nueve años. Luego fue destinado a Colonia del Sacramento para reforzar las fortificaciones. Cuando Cevallos tomo la plaza lo encontró alli y le ofreció pasarse al servicio del rey español Havelle acepto y fue encargado alli mismo de reparar los daño del ataque a Colonia, siendo luego destinado a Buenos aires Montevideo y Maldonado e incorporándose al Real Cuerpo de Ingenieros militares de España.

“…quien revistaba en la guarnición luso-brasileña de esa plaza , y ante una proposición del gobernador bonaerense accedió a incorporarse al servicio del Rey de España en la dotación del Real Cuerpo de Ingenieros de Buenos Aires ; de este modo la habilidad de Cevallos permitió ganar para la ingeniería militar rioplatense a una de las figuras de mayor relieve profesional , evidenciado en obras como las fortificaciones de Montevideo y Colonia ; el Fuerte de Santa Teresa , el Cuartel de Dragones de Maldonado!

La catedral

Se inauguró en 1895 pero había comenzado a construirse en 1801 cuando cinco años más tarde debió interrumpirse debido a las invasiones inglesas. Finalmente el Obispo diocesano Mariano Soler, a las 9:20 de la mañana del 27 de Octubre de 1895, dio lectura al acta que recibía de manos de la Junta Político Administrativa, el templo al que se le denominó Catedral San Fernando de Maldonado.

Consta de una nave principal con dos campanarios y una cúpula central. A los costados y al fondo de esta nave se disponen dos edificios pequeños que completan la forma de cruz del conjunto. El altar mayor es obra del escultor Antonio Veiga quien obtuvo un premio por este trabajo en la exposición Continental de Buenos Aires en 1882. La campana original había sido donada en Buenos Aires y tenía un peso de 150 Kg.. La catedral fue declarada patrimonio histórico de la Nación y se la ha restaurado completamente

Reloj solar moderno en Punta del Este

Hace poco tiempo (2006) Punta del Este tuvo su primer reloj de sol. Se trata de un reloj solar emplazado en una plazoleta de la rambla puntaesteña, en su intersección con la calle 4, una de las particularidades de este tipo de relojes, es que cualquier persona, con solo pararse en el lugar indicado en el piso, según la fecha y otros parámetros claramente descriptos, puede obtener la hora exacta. Agó Páez Vilaró explicó que el reloj consiste en una estructura de cemento pintada de azul y amarillo con agujas de acero, colocada a nivel del suelo. Páez Vilaró destacó la relevancia de que el funcionamiento del reloj determina que sólo da la hora si uno se para encima y señaló que visitarlo es una buena oportunidad para acercarse a la relación que nuestros antepasados tenían con el tiempo

Sobre relojes solares
es.wikipedia
Eduardo Mauro (reloj solar)
viajes.elpais

El primer “turista” en Punta del Este

Bitácora del famoso corsario en su viaje al Plata
En su paso por el Río de la Plata (1577), Francis Drake ancló dentro de la bahía de Montevideo frente al Cerro, en la Isla “Libertad”, o de “las Ratas”. También incursionó en las costas de Maldonado. Nada había en uno y otro lugar, salvo grandes campos al descubierto.

La expedición arribó en el mes de abril del citado año, dejando interesantes narraciones de algunos miembros de la tripulación, como las del capellán Francis Fletcher, el marinero Edward Cliffe y el prisionero portugués Nuño da Silva, quienes consignaron valiosas referencias geográficas. Avistaron la “Isla de las Focas” (Lobos) y divisaron una punta que llamaron “Cabo Alegría” (Punta del Este) por haber encontrado en ese lugar un barco que habían dado por perdido. Las leyendas dicen que en una isla de la desembocadura del río el corsario escondió un tesoro, con la idea de rescatarlo tiempo después.

Catorce días permaneció Drake en el Río de la Plata, que sin dudas conocía bastante, pues tenía en su poder varias copias de las notas de navegación de Fernando de Magallanes que le habían sido facilitadas por espías.

En el año 1580, Francis Drake, de 37 años de edad, arribó por fin a su país luego de haber culminado exitosamente su vuelta al mundo – la primera luego del viaje de Magallanes-, donde exhibió un extraordinario botín cercano a las 250 mil libras, suma superior al presupuesto anual del Parlamento británico. A raíz de esta hazaña, se transformó literalmente en héroe nacional y fue nombrado caballero a bordo de su embarcación por la reina Isabel I.

La pesadilla del nombre Drake siguió sin embargo resonando en el Plata tras la partida de aquella famosa flota corsaria que lo navegó en 1577. Tan solo cinco años después, arribó John Drake, sobrino de Francis, aunque sin la misma suerte que acompañó a su famoso tío: naufragó y fue tomado prisionero por los indios.

El País Digital

La cocina de la cocina de los chefs

Los responsables de algunas de las mesas más exclusivas de Punta del Este cuentan sus secretos La preparación de un plato comienza mucho antes de entrar al santuario: la cocina
El chef elige en persona cada uno de los ingredientes y recurre a proveedores de su total confianza Planifican su trabajo hasta en el itinerario que deben hacer para las compras
Tienen un lugar o un nombre a donde conseguir cada producto. Ellos mismos palpan el pescado, seleccionan las frutas y verduras y se quejan cuando no encuentran lo que buscan. De eso, dicen, depende el éxito de su plato. Es la cocina de la cocina.

La fruta y la verdura provienen de San Carlos. Willy es el que trae la carne. Gloria es la que tiene el mejor cangrejo. Michel el que consigue lenguado de forma artesanal. Y no hay rúcula como la que se produce en Don Albahaca. Ese es el circuito que, con orgullo, enumera el chef uruguayo Federico Gasparri sobre sus proveedores, sentado en una de las mesas de su restaurante, El Abrazo, en Manantiales (ruta 104, a pocas cuadras de ruta 10).

Es que para Gasparri, que hace 20 años trabaja en el rubro, el éxito o el fracaso de un emprendimiento gastronómico empieza en la compra.

“Es el comienzo de todo, desde el punto de vista de la calidad y del precio. Ahí está toda la verdad”, resume. Justamente eso hace que el esmero comience mucho antes de la hora de echar mano a los platos.

“En verano trabajás las 24 horas. Y cuando descansás… estás pensando también. No hay tiempo para otra cosa. La temporada implica mucha tensión, mucha concentración y es muy difícil desenchufarte de lo que hacés. Por suerte, uno ama esto. Un restaurante requiere de muchos detalles para que toda la noche salga bien”, comenta Hernán Taiana, chef argentino que tiene un restaurante en Montoya, además de su reciente emprendimiento en el barrio privado Pueblo Mío.

Y gran parte de esos deta-lles arrancan temprano en la mañana o sobre el medio- día, dependiendo de cómo estuvo la jornada la noche an- terior. Empiezan con las compras. El ritual es variado según cada chef.

Gasparri ve llegar a Michel y se le clava una sonrisa de oreja a oreja. “No hay nadie como él”, dice. Michel es un joven de 25 años, oriundo de Maldonado, que alterna la pesca y la construcción, como medio de vida.

El viernes a la tarde Michel llegó en su motito hasta el restaurante de Gasparri con varios lenguados. “Me provee hace tres años. Él me manda un mensaje de texto y me dice: ´pesque cuatro lenguados, ¿los querés?´ Su pesca es artesanal, los caza. No hay nadie como él”, cuenta con orgullo Gasparri, mientras Michel escucha cómo hablan de él, con timidez.

Conseguir pescado no es tan sencillo en verano. “Acá en Punta del Este hay pescado. Lo que pasa es que en verano se pesca mucho menos que en invierno. Naturalmente. Pero el consumo está en verano, entonces muchas veces no hay pescado disponible, hay más consumo que oferta. Y eso es un problema. No está muy organizada tampoco la pesca. Tenés La Paloma, donde he ido a veces, y sino el Puerto. Pero muchas veces voy y no encuentro lo que yo quiero”, se queja Gasparri.

Haciendo catarsis, el chef uruguayo afirma que le es difícil también conseguir cochinillo, como lo quiere. “Me cuesta conseguir cochinillos de cinco kilos como yo quiero, porque el productor no lo quiere vender ahí porque conceptualmente para él es un crimen. Yo te lo pago como si pesara diez, le digo, no tengo problema, pero al tipo le cuesta entenderlo”, cuenta Gasparri.

Desde la papa hasta la lima se la compra, en Las Muchachas, una verdulería de San Carlos. “Es muy bueno. Tiene muy buenos precios y es de muy buena calidad. Acá hay que ver donde comprás no solo por la calidad sino también por el precio, porque un kilo de limones te puede salir desde $ 30 hasta $ 150. El 31 de diciembre tuve que comprar unas limas de apuro y me cobraron $ 200”, dice el chef.

A muchos de sus proveedores los menciona de tal forma que parece que hablara de amigos. Germán es uno de ellos, y el que le consigue las hojas verdes orgánicas. Está en San Carlos también. “No hay rúcula como la de Germán”, afirma Gasparri, al tiempo que se jacta de comprar todo en la zona.

“Yo compro pulpo español porque acá no hay pulpo. Pero si hay buenos productos y hay muchas cosas por descubrir todavía. Por ejemplo hace un tiempo estuve con un señor que estaba cultivando pitangas. El cangrejo de Gloria, la rúcula de Don Albahaca, el pescado de Michel y la carne de Willy, no las cambio por nada”, remata.

ELECCIÓN. Para elegir la materia prima con la que elabora sus platos gourmet, el sentido que no le falla nunca es el tacto. Dice que si el pescado no es fresco lo detecta en segundos. Las verduras uruguayas no las cambia por nada porque “no tienen competencia”. Él es el encargado de hacer las compras, aunque también tiene proveedores que hacen entregas. Hernán Taiana (45) es chef desde hace 25 años. Trabajó en importantes restaurantes de Buenos Aires y en 1998 instaló su propio restaurante: Bistro de Mar, en Montoya. Hace 21 días abrió las puertas Pueblo Mio, su segundo proyecto gastronómico, que lleva el nombre del barrio privado dentro del cual está instalado.

Aunque está rodeado de chacras privadas, Pueblo Mio (ruta 104, kilómetro 4,5) está abierto a todo público. Sus platos clásicos son el pescado y el cordero. La brótola, el atún y el pez espada son los preferidos de los comensales. “Se lo compro a mi amigo Gonzalo”, dice en referencia a un proveedor de confianza y con quien trabaja hace muchos años.

El chef se jacta que tocando la textura del pescado detecta si es fresco. Mirar el brillo de la carne también ayuda, dice. “A mí nadie me puede engañar si un pescado es fresco o no porque trabajo en esto hace 25 años y lo detecto inmediatamente. Ya han intentado pasarme pero no pudieron”, dice entre risas. La cadena de supermercados Tienda Inglesa es el lugar que elige para comprar el cordero y la carne vacuna. Asegura que “manejan unos novillos y terneros fantásticos”.

Las mejores frutas y verduras, en tanto, las encontró en la verdulería Alemán, en Maldonado. Allí venden por mayor y menor y, según Taiana, la calidad de los productos de la verdulería no tiene competencia.

El chef no tiene dificultades para conseguir los ingredientes que necesitan sus platos, pero dice que sería bueno incorporar en Uruguay “productos orientales”, especialmente, condimentos. “Hay que traer del exterior porque directamente no hay. Sería bueno que alguien se dedique a traer condimentos de China y Japón para sushi, por ejemplo”, indica.

No se define como un chef mañoso. De hecho, su maña no está en la cocina, sino antes de salir a hacer las compras. “Hago un plan tipo GPS con los puntos que tengo que tocar y en qué tiempo tengo que hacer todas las compras”, comenta.

La media mañana o el mediodía es el horario en el que Taiana se dedica a recolectar la materia prima. Reconoce que el tráfico esteño en verano suele ponerlo de mal humor. “Me altera el tiempo y los nervios”, dice y lleva las manos, con los dedos abiertos, a la cabeza.

El día de Taiana termina a las tres de la mañana, cuando se van los comensales, y también sus asistentes. Ese es el momento en el que él come. Sin embargo, no disfruta de sus creaciones. Panchos, pizza o a lo sumo un pescado con ensalada forman parte del menú que tiene a esa hora para sí.

“Estoy muy cansado y no me da para elaborarme un plato. Durante el resto del año sí me elaboro cosas, voy probando y experimentando”, confiesa.

MERCADO. “Aquí no hay un mercado, como en otros lados, donde uno puede proveerse en un mismo lugar y con variedad. Acá hay que hacerlo de a poquito y rebuscarse para encontrar a los proveedores”, cuenta Raúl, chef del restaurante Lincanto, de comida italiana ubicado en Pedragosa Sierra, una calle gourmet por excelencia.

“Hay productos que son típicos de la cocina italiana que se hacen con unos productos que son difíciles de conseguir. Lo consigues en un momento y después no lo consigues más. Es un problema cuando querés hacer una cocina diferente, de origen”, reflexiona. Lo que no cambia por nada, dice, son los huevos caseros que compran a una vecina de San Carlos.

(Producción: Viviana Ruggiero)

El ojo del pescado: “Gordo y brilloso”
Coco Weissmann está a cargo de la carta de sushi del restaurante La Huella, en José Ignacio. Trabaja allí desde hace diez años, pero además cuenta con el título de haber inaugurado la primera casa de sushi de Uruguay. “Ahora el sushi ha tenido una evolución importante. El uruguayo que comía carne ahora también come sushi”, comenta.

Para su trabajo es fundamental la calidad del pescado. “Me gusta mucho trabajar con pescado local, pescado blanco. Trabajamos con pescado entero y siempre de la mejor calidad”. Antes lo compraba ella misma en el puerto de José Ignacio, en Garzón o incluso en Punta del Este. Ahora los proveedores van directamente al restaurante y siguen los estándares de calidad.

Para comprobar la frescura del pescado Weissmann asegura que nada como que el ojo esté gordo y brilloso. “Si está ahuecado y sin brillo el pescado es viejo”. Otras señas que sirven son la branquia que tiene que estar roja y la textura tiene que ser firme. “Cuando lo tocás, no se tiene que hundir el dedo”. Tampoco le gusta comprar pescado en filet. “A veces limpian el filet y no sabés lo que estás comiendo. Esa es la importancia del pescado entero. Acá lo limpian y lo filetean los chicos que trabajan conmigo”, explica. De eta forma Weissmann se asegura de que el pescado no toque el agua. “Lo limpias cuando le sacás las vísceras, la carne del pescado no tiene que tocar el agua. Con el agua lo ablandás y le sacás la esencia”, dice. Esta obsesión por la frescura tiene consecuencias, como no contar con atún en plena temporada. “No trabajo con el congelado. Uso el mismo atún que se va en los barcos desde la Paloma a Japón, si no trabajo sin atún”.

El País Digital

Dormir, desayunar, amar Punta

Como en todo el mundo, hostels y beds & breakfasts son tendencia en Punta. Sitios para reposar, conocer gente y descontracturarse del estilo típico del balneario en opciones rústicas y a la vez sofisticadas
La masa de gente que llega a Punta del Este y sus aledaños (hay que encontrarle un nuevo nombre a la aglomeración urbana que se extiende con continuidad entre Portezuelo y José Ignacio) en temporada se queda, en la mayoría de los casos, en sus viviendas, sean estas apartamentos o chalés. Porque la mayoría de los veraneantes esteños son propietarios.

Luego están los inquilinos, los que se quedan en casas de amigos, los que les gusta ir a acampar. Y también están los llamados “turistas del mundo”, los que prefieren quedarse en hostels, posadas y bed & breakfasts.

Este último rubro es de los que más se ha desarrollado a lo largo de esa franja costera de casi 80 kilómetros entre la playa Chihuahua y la frontera con Rocha. Desde los hostels más “antiguos” de la península hasta los que todavía tienen la pintura fresca porque abrieron hace poco, la oferta se ha ampliado mucho, con las consecuentes repercusiones en el mercado y en las ganancias.

Una característica constante define la vida de estas posadas: es rarísima la presencia de huéspedes uruguayos. Los extranjeros que las desbordaron en las primeras semanas del año tienen los orígenes más lejanos. En muchos de los casos arriban a Uruguay por conexiones vía Buenos Aires.

A lo hora de sacar la billetera, hay para todos los gustos. Desde lugares que son puro diseño, buen gusto y distinción hasta el viejo y querido cuartucho comunitario con cuchetas donde te ofrecen tapones para los oídos por eventuales ruidos molestos.
Punta duerme y desayuna al otro día. Cada vez más.

Se saturó el mercado
En la zona de El Tesoro, al inicio de La Barra, muy cerca del Museo del Mar, inauguró este año la Posada Amanecer, una casa con cinco habitaciones, equipadas con aire acondicionado, frigobar, tv cable y cobertura de wi-fi. Está ubicada cerca de los pajonales que crecen a las orillas del arroyo Maldonado.El estilo es minimalista y austero, y combina la madera, el cemento bolseado y las alfombras.

“Las primeras semanas de enero trabajamos muy bien, pero rápidamente ‘se cayó’ la cosa. Quizá es porque abrieron otros bed & breakfast en La Barra y eso dividió el mercado”, opina Juan Martín, uno de los responsables de la posada. La clientela principal se compuso allí de europeos.

Un lugar de excepción
También en El Tesoro, pero más hacia la ruta 10, en una esquina discreta se encuentra Casa Zinc, una invención del uruguayo Aaron Hojman, que se define a sí mismo como “arquitecto y diseñador improvisado”.

Se trata de una casa de seis habitaciones, construida a nuevo pero con un estilo claramente ferroviario del 900. La casa recuerda a los galpones del tren del barrio Peñarol, con una presencia de ladrillo rojo (aunque la parte exterior está revestida de chapa, lo que además le da el nombre al lugar), y el énfasis está en las aberturas, tanto los ventanales de medio punto como las puertas y los portones. Hojman dice que primero compró las aberturas y a partir de estas se imaginó el resto.

Casa Zinc se maneja con un público casi exclusivamente estadounidense y europeo (aunque este 2012 también llegaron algunos mexicanos), producto de que ha tenido mucha repercusión en publicaciones internacionales de primer nivel, como su selección en el libro de posadas del mundo de Angelika Taschen, la revista Wallpaper o la revista Wish Casa de Brasil.

Un artículo sobre Casa Zinc sale en la próxima edición de la prestigiosa revista especializada en turismo, cultura y otras cuestiones, Monocle.

Cada habitación posee un diseño particular y los espacios comunes están a mitad de camino entre una biblioteca inglesa y una casa de playa en los Hamptons. La primera semana de enero algunos precios llegaron a los US$ 750 la noche en base doble, pero las tarifas de febrero tienen números mucho más accesibles.

Una Combi en la Brava
En la parada 7 de la Brava (y quizá en el otro extremo del espectro de opciones), se encuentra la posada F&F. Ubicada en el hermoso chalé Milagro azul, F&F tiene una variedad de habitaciones que trepan a una torrecita de dos pisos que culmina con un altillo de excepción. Pero la que quizá es la habitación más loca de F&F sea la parte de atrás de una Volkswagen Combi.

Allí hay un colchón de dos plazas (pero donde entraron hasta cuatro chicas, según los responsables), con frigobar, un “huevito” para poner música y un toldo con unas cortinas para la intimidad. El precio por noche en la Combi es de US$ 100. Pero F&F ofrece camas en habitaciones compartidas con baño compartido desde US$ 20.

Muchos de los clientes de esta posada son suecos o australianos. Se ha creado un boca en boca en esos países y cada verano llegan más recomendados por amigos o conocidos. Otra constancia es la conexión por Buenos Aires. “Preguntan cuáles son las mejores playas y desde Argentina les recomiendan venir a Punta”, explica Sebastián, un joven colombiano que trabaja en la recepción de F&F. l
http://www.elobservador.com.uy/

Punta del Este, codiciado botín

la Intendencia de Maldonado se aprestan a sacar una nueva normativa para la zona todavía verde que queda detrás de rincón del Indio.
Hasta que un inglés visionario, Enrique Burnett, recaló en nuestras costas en las postrimerías del siglo XIX, Punta del Este y su entorno (Villa Constitución hasta 1907) era un desolado paraje de grandes dunas movedizas. Con paciencia y tesón infinitos empezó a plantar los pinos que no solo fijaron el suelo y lo hicieron habitable, sino que le dieron a esta incomparable península una de sus características más preciadas. La armónica convivencia del mar y el follaje, en una exitosa combinación de costa expuesta con vistas marinas maravillosas y el refugio sedante del barrio jardín, bajo la luz y sombra de los pinares.

Sin embargo con el paso del tiempo, el interés de algunos, ya sea pecuniario (negocios), puramente venal, (coimas) o político (votos), ha llevado a que la arboleda emblemática de este privilegiado lugar se transforme cada vez más, en un bosque de cemento. No falta mucho para que sea muy difícil divisar un pino a la distancia, ya sea porque fueron tirados abajo o porque los tapa un edificio, tal como se puede apreciar hoy al hacer la curva en la rambla de la Playa Brava que lleva hacia el puente del arroyo Maldonado.

Arrasados completamente todos los árboles para levantar un edificio atrás de otro, (todavía en construcción) y como si no hubiera suficiente cemento por todos lados, tanto sobre la playa Mansa, (se discute la construcción de varias torres más, a la altura de la parada 16), las otras cercanas a la Punta, las de la península misma y las múltiples que están sobre la playa Brava, con el en su tiempo discutido fraccionamiento Lobos, pleno de rascacielos, ahora en la Intendencia de Maldonado se aprestan a sacar una nueva normativa para la zona todavía verde que queda detrás de las mencionadas construcciones en rincón del Indio.

Decisión que quedó disimulada tras el voluminoso estudio, (lo sería menos si no se repitiera tanto) del llamado desarrollo del Eje Aparicio Saravia, (el héroe nacionalista no está en el negocio) encargado a un ambientalista argentino, Ruben Pesci. Junto a la investigación sobre los humedales de la cuenca del arroyo Maldonado e idealistas planes de parquización a su vera, se observó que al costado de dicha Avenida hay, mejor dicho queda, un espacio subocupado.

Por lo tanto, hay que facilitarle las cosas al inversor que compró esas tierras para que termine definitivamente con la foresta que aún vive, para levantar allí unos 30 edificios. Primero iban a ser de 4 pisos, luego de 10 y ahora hasta 30, contando los garajes.

Pensando solo en mañana y no con amplitud de miras, como hizo Burnett o Lussich en Punta Ballena, plantando cientos de especies, y con el manido argumento de las fuentes de trabajo que produce la construcción, el Intendente De los Santos y su staff priorizan los negocios inmediatos sin detenerse a pensar en el nuevo daño que se está por hacer. Es no darse cuenta, si no es algo más turbio, que el inmenso atractivo de Punta del Este se halla íntimamente ligado a su naturaleza y a un estilo de vida y que su destino no es convertirse en un nido de torres, corrientes de aire y sombra multiplicada.

Deberían tener claro que los argentinos que descubrieron este sitio, que lo adoptaron y le dieron gran parte de su glamour, lo hicieron huyendo de la ciudad en que se había transformado Mar del Plata, siendo desde entonces mayoría entre los veraneantes.

Embriagados por el dinero que tienen en sus alforjas, algunos promotores inmobiliarios a los que solo les importa su negocio o desean invertir por la razón que fuera, cuentan con el apoyo de ediles y autoridades fernandinas que no tienen conciencia de que están matando a la gallina de los huevos de oro. No solo están vulnerando los derechos de quienes también invirtieron previamente y eligieron un cierto paisaje y contorno, que no era el de una ciudad, sino que se corre el riesgo de terminar como en aquellos lugares, (sobran ejemplos como el de la costa española) donde la prioridad fue construir y construir, hasta que aquello se vino abajo. Y ni que decir del peligro latente de la actual burbuja inmobiliaria. Es factible que este bello lugar del mundo, de corta temporada estival, termine convertido en una urbe fantasmagórica. La idea de crear una nueva Península en Rincón del Indio, con avenida y rascacielos, es un grave error.

El País Digital