10 razones para viajar al Este en estas vacaciones de julio

Para quienes aman la playa en cualquier época del año, presentamos diez actividades imperdibles para realizar en estas vacaciones de julio en el Este de nuestro país.

Visitar La Paloma o Punta del Este en vacaciones de julio tiene un atractivo especial, tranquilidad y disfrutar en familia la naturaleza. Aunque no te bañes no vas a tener ni un segundo de aburrimiento. Conocé esta divertida lista de cosas para hacer en las costas del este:

  1. Subir al Faro Santa María. Su escalera de 150 peldaños en espiral lleva a su cima desde donde se puede disfrutar de un bellísimo panorama. Infaltable la cámara de fotos.
  2. Presenciá las mejores puestas de sol en la Balconada (Rocha) o la Mansa (Punta del Este), juntá caracoles en la playa junto al Faro Santa María, disfrutá de los deportes acuáticos en las excelentes olas de La Aguada, La Pedrera y Punta del Este.
  3. Puerto de La Paloma: barcazas de pescadores artesanales, presencia de lobos marinos y si tenés suerte quizás un avistamiento de ballenas. Muy recomendable terminar la tarde con un Helado de Popi.
  4. Si te gustan las caminatas largas, el Parque Municipal Andresito en La Paloma es una buena excusa para estirar las piernas y respirar el aire de pino. Si están en Punta del Este, caminatas por la Rambla y la playa.
  5. Una escapadita al Monte de Ombúes en los Humedales del Este en Rocha para hacer trekking y conocer la naturaleza en su máxima expresión, o si estás en Maldonado hasta José Ignacio.
  6. Seguí el Camino del Indio, cruzando Rocha desde Castillos en un trayecto bordeado por las tradicionales Palmeras.
  7. Maravillate con la arquitectura, arte y la hermosa vista en la peculiar Casa Pueblo, obra de Paez Vilaró.
  8. Tomate una foto divertida en familia o con amigos en los populares Dedos de Punta en una tarde soleada.
  9. Para un recorrido cultural, armá un paseo que incluya una visita al Museo Atchugarry, el Parque de las Esculturas y el Arboretum Lusich.
  10. Salidas de ciudad, con la vida nocturna inigualable de Punta o una tarde tranquila en las clasicas Casas de Té

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Cuencos Tibetanos en Punta del Este

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La Paloma

Su habitación no está pronta. Va a estar en diez minutos”, le dice el director de un hotel del centro de La Paloma a una pareja que había llegado hacía unos minutos. Llegaban con un bebé de pocos meses.

Así es este balneario. Un sitio que reivindicó a la familia y que pasó de ser un punto de diversión para los jóvenes en verano a un recinto calmo para los adultos para descansar.

Sobre el mediodía de un 10 de enero, el centro luce casi sin veraneantes, a excepción de los que eligen comer en algunos de los restaurantes de la zona. Y algunos de los que transitan son padres con sus hijos y parejas jóvenes (de 25 en adelante).

En la avenida Solari, la calle principal del balneario, hay un cantero central con sillas y muros para sentarse. Es un lugar con poca sombra, por lo que difícilmente en el día se siente alguien, aunque una mujer había encontrado un recoveco de penumbra generada por una palmera pequeña.

El cantero de Solari es otro punto que estimula la llegada de familias. Por las tardes, se transforma en un centro de entretenimiento que busca atender al público más juvenil de todos: los niños. Allí montan circos e inflables, y payasos y músicos brindan espectáculos.

La gente que elige La Paloma lo hace para buscar un lugar lejano al ruido y al movimiento de la ciudad y, sobre todo, por la playa. Y si de playas se trata, este balneario tiene para todos los gustos: hay quienes las eligen con muchas olas para deportes acuáticos, otros con no tantas olas para permanecer un buen rato dentro del agua, y también están las de arena fina o de arena gruesa. Y en todas hay gente. “Es el atractivo principal”, comentó Julio Silvera, director de la Liga de Fomento Turístico del balneario.

Los comerciantes y encargados de restaurantes también observan el fenómeno. Por ejemplo, en La Pasiva, que en esta temporada inauguró un local en Solari, comen varios grupos familiares. “Sucede al mediodía, a la tarde llegan más parejas jóvenes”, comentó Alejandro Arismendi, encargado del lugar. Sobre la una de la madrugada varios de estos locales empiezan a cerrar y el movimiento empieza a disminuir. “No se extiende por tantas horas”, comentó José Pereyra, director del hotel Viola.

Hace cuatro temporadas, La Paloma recibía una gran afluencia de muchachos. Si bien hay algunos, no se observa lo mismo que tiempo atrás. De todas formas, Ana Clara Caram, subdirectora de Turismo de Rocha, contó que “vienen familias con hijos adolescentes o más grandes” a quienes no les interesa los “megaboliches” que hay en otros balnearios, sino que les gusta más “salir a tomar algo y comer en un restopub”.

El paisaje y urbanización parece incambiado. Al caminar por las calles del balneario, algunas con pozos, otras sin asfalto y muchas con

rajaduras, se observan casas añejas y muchas con el pasto descuidado. En la avenida Solari hay un edificio cuya altura se puede contemplar desde cualquier punto de la ciudad. Es lo que trasciende cuando alguien eleva la vista en este balneario.

Brasileños… y de acá.

Desde el verano de 2014, por las calles de La Paloma se escucha más hablar en portugués. Cuando los brasileños circulan por la Ruta 9, en vez de seguir viaje rumbo a Punta del Este o Montevideo, optan (cada vez más) por algunos de los numerosos destinos de Rocha. Claro, al igual que en el resto, solo lo hacen desde el 26 de diciembre hasta el 8 o 9 de enero. Más, no.

Caram comentó a El País que esto se debe a una promoción que hubo a lo largo del año pasado en el sur de Brasil. “Realizamos diferentes instancias: presencia en ferias rurales, ferias del libro y cenas empresariales. Fue despertar el conocimiento del departamento; mostrar que existía”, indicó.

Lo hacen en visitas cortas, que en muchos casos no se prolongan por más de una semana.

Rafael Bruno, informante turístico de la terminal de La Paloma, aseguró que ha visto a muchos mochileros. “Varios de Latinoamérica y también de Europa”, indicó.

Pero las chapas de los vehículos que más se observan son las uruguayas. “En el hotel hay más consultas que el año pasado”, aseguró Pereyra. Pero cuando realmente va a estimularse el turismo interno es después del 15 de enero. Las visitas que se prolongan por más días van a empezar a partir de esa fecha. “Creo que el uruguayo no se va a ir tanto como el año pasado”, opinó Julio Silvera.

En general, los operadores dicen que la temporada es parecida a la de 2014. Si bien todavía no hay cifras oficiales, en líneas generales “transcurre mejor”, comentó Caram. “No podemos hablar generalizando: algunos están mejor y otros quizás no tanto”, agregó.

De todas formas, esperan que sea mejor que el año pasado. Por el momento, las familias lo volvieron a preferir como destino turístico.

Cabo Polonio con más visitas

La afluencia de visitantes en Cabo Polonio, un sitio que cuenta con dos playas separadas por 300 metros, es “mucho mayor” a la temporada anterior, informó Sergio Núñez de Safari Express. “Hay ingresos en el orden de las 1.500 personas diarias y 900 de ellas son brasileñas”, indicó. Se trata de un “descubrimiento” que están haciendo de este destino, opinó. Por otra parte, hay muchos uruguayos que cruzan la ciudad fronteriza del Chuy para adquirir combustible más barato. Realizan casi 20 kilómetros hacia Brasil para comprarlo en la ciudad de Santa Victoria Do Palmar. Además, los balnearios próximos al Chuy están viviendo una temporada “como no se recuerda en mucho tiempo”, informó el agente inmobiliario Ruben Temes. Los precios están “más bajos” que destinos como Punta del Diablo, La Pedrera o La Paloma, agregó el operador.

Jóvenes conquistaron el verano de La Pedrera

Sobre las cuatro de la tarde del sábado 10 de enero, un aluvión de jóvenes descendía a la playa de La Pedrera. Por la avenida principal, personas de 18 a 30 años conversaban en los vestíbulos de las casas, muchos sentados en sillas de playa y con conservadoras en las que mantenían frías sus bebidas.

Si bien gran parte de la movida joven está instalada en Punta del Diablo, el público juvenil no sólo elige La Pedrera por su fiesta de Carnaval.

Desde las 18:00, la mitad de la avenida principal se transforma en una calle peatonal, que invita a tomar algo en los pubs de su alrededor. Esa zona, con muchas casas de madera, se transforma en la noche en una “ciudad boliche”, según contó un comerciante que trabaja en el primer tramo de la avenida. “Yo ni me acerco”, dijo.

Algunos informantes turísticos del balneario indicaron que los primeros días de enero caían “hordas de jóvenes”. Muchos eran argentinos, aunque había uruguayos y también chilenos, que lo hacían en muchos grupos. “Llegaban sin reservas a ver si había algo disponible”, indicó.

La Pedrera persigue el mismo espíritu que José Ignacio. Al ser un pueblo chico (viven 225 personas a lo largo del año según el Censo de 2011), el que las casas estén pegadas y las calles sean tan estrechas, provoca mayor cercanía entre los veraneantes del lugar.

También entre los encargados de los restaurantes y sus clientes. Por ejemplo, en el local Noldu un joven demoraba en sacar la plata de su billetera para pagar la cuenta. El encargado del lugar, al observar esta situación, le dijo: “Tranquilo, chicos. Van al cajero y pagan más tarde. No pasa nada”. Entre los turistas interactúan más y la música, que sale de boliches y autos, se hace sentir.

“Las cosas buenas que puedan llegar a pasar se sienten mucho más. Y si hay alguna cosa que no es tan cercana también se siente”, opinó Ana Clara Caram, subdirectora de Turismo de Rocha.

elpais

José Ignacio, un lujo de Maldonado

Desde los 26 metros de altura del faro, queda claro cómo se ha extendido eso que alguna vez fue un peñón solitario. Hoy José Ignacio abarca unas 36 manzanas y la profundidad de campo desde allí arriba tiene por un lado el mar, claro, y por el otro una sucesión de casas, en general lujosas, en donde no hace tanto había solo dunas.

De ser el hábitat de un farero solitario, hoy este punto a unos 60 kilómetros al oriente de Punta del Este se ha vuelto en la última década un concurrido, aunque exclusivo, balneario internacional.

José Ignacio tiene unos 40 habitantes permanentes que en temporada alta (que para el lugar es entre el 26 de diciembre y el 5 de enero) puede volverse una población de 1.500 personas. En un sábado de enero de los lindos puede llegar a recibir unos 8.000 turistas que se van con la caída del sol. La capacidad hotelera no es muy grande, por lo que pasar un día de playa es el plan más común.

Ese interés mundial y la belleza natural, han hecho que los precios de alquiler y de venta sean de altos para arriba. El metro cuadrado (que hace 40 años podía costar tres dólares, según dice José Secco de la coqueta posada Paradiso) está en los mil dólares. Los padrones son de 800 metros, por lo que saque la cuenta de cuánto sale un terreno.

“En 2001, compré un terreno por 55.000 dólares”, dice una antigua pobladora del lugar. “Hoy vale un millón”.

Como solo se puede construir una casa por padrón, la disponibilidad para alquilar es poca. De acuerdo a Ignacio Ruibal, agente inmobiliario e integrante de la Liga de José Ignacio, en el cambio del año, las casas se alquilan entre 10.000 y 70.000 dólares la semana.

Hay quienes pueden pagarlos. Acaban de irse James Murdoch, el hijo y heredero de Rupert Murdoch (el dueño de Fox y el Wall Street Journal, entre otros kioscos), Elon Musk, el multimillonario creador de Paypal, el sistema de pagos online más popular del mundo, y Martin Sorrel, el CEO de WPP Group, una multinacional de la publicidad y las relaciones públicas.

Los principales clientes (y promotores) del balneario siguen siendo los argentinos y, este año, los brasileños que, como en Punta del Este se hicieron notar. También se ve mucho paraguayo, chileno, estadounidense y europeo. José Ignacio es un verdadero balneario internacional.

“Este es un punto especial en el mundo”, dice Clo Dimet, de Paradiso. “Dicen que es como la Ibiza de la década de 1980”. Su socio, Secco, la compara también como una combinación de los Hamptons (en la costa este estadounidense) y St. Tropez. Tienen cómo saberlo, ya que su principal clientela es gente de mundo que tiene cómo comparar el destino.

“Es un pueblito de campo pegado a la playa”, dice Ruibal, quien como integrante de la liga es uno de los principales promotores de mantenerlo así. Desde 1993, el lugar tiene una serie de regulaciones estrictas para la construcción o la llegada de inversionistas, algo que se consiguió gracias, dice, “a una comunidad muy participativa”. Como “el 99% de los compradores de José Ignacio son consumidores finales”, vienen con otro compromiso.

Ruibal llegó al lugar en 1972, cuando solo había unas pocas casas, principalmente de gente de Rocha. Cuando volvió a fines de la década de 1980, “sentí tanta paz” que decidió radicarse en el lugar. Desde entonces ha trabajado para difundir “la marca José Ignacio” que consiste en un pueblo rural sobre el mar, de carácter familiar y con baja densidad de población. Ha conseguido tentar a muchos.

Varios coinciden en un par de momentos que indicaron que la aldea estaba transformándose. Uno fue que empezaron a comprar casas algunos famosos y millonarios argentinos (Mirtha Legrand, Amalia Fortabat), y más acá personalidades mundiales como Shakira y el escritor inglés Martin Amis. También ayudó la llegada de negocios gastronómicos que revolucionaron el mercado. Hoy ese lugar es La Huella, que fue elegido en el puesto 17 en la lista de Los 50 Mejores Restaurantes de América Latina que publica la William Reed Business Media. La buena comida siempre es un llamador para turistas de todo el mundo y La Huella ha colaborado, coinciden, en poner a José Ignacio en el mapa del turismo mundial. Recientemente, además, la cadena Vik inauguró un vistoso hotel sobre la playa Mansa.

Este jueves soleado, hay mucha gente. Y en el estacionamiento de la Brava pegado al faro, hay muchos autos argentinos y uruguayos, varios paraguayos (que parecen haberse volcado en sus grandes camionetas a Punta del Este y alrededores) y un par de brasileros.

“De noche esto se vuelve un barrio”, dice Ruibal, para quien eso es parte del éxito internacional del balneario. “En la plaza pueden estar jugando el hijo del magnate con el del comisario”, dice. El ambiente es familiar y la prohibición de abrir discotecas ayuda a la calma del lugar. Los extranjeros encuentran el encanto de lo distinto de un lugar que, dice Ruibal, “está tan lejos y tan cerca”.

“Es una aldea de lujo”, dice Clo Dimet, quien como muchos de los que viven o trabajan allí adora el lugar. Y mientras lo dice sirve la que, dice, es la mejor torta rogel del mundo. Tiene razón. Pero, más allá de los méritos indudables de su reposteria, todo en José Ignacio —la naturaleza, las casas, la playa, el faro, el mar— tiene una justificada tendencia a lo superlativo.

RURAL Y LUJOSO

Como bien dicen algunos de los entrevistados, José Ignacio es una combinación de lujo, ambiente rural y cierto aire de pueblo. En los últimos años han aparecido emprendimientos que lo han modernizado (el hotel Vik, por ejemplo) y hay tiendas sofisticadas (Matute) junto a la tradicional despensa de Manolo, una institución local. Es un balneario exclusivo, sí, pero también un hermoso lugar para visitar en plan gasolero. Y de paso cruzarte con alguna celebridad de las que andan por ahí tan lejos y tan cerca del mundo.

HISTORIAS

Un lugar donde los terrenos no valían nada

“Toda la gente que llegaba aquí era por la pesca”, dice María José Machado, hija de uno de los primeros pobladores de la zona. En esa época vivían 40 personas todo el año (igual que ahora) y “era el centro de todo un área rural”. Aún en la década de 1960, recuerda, “había una oficina de Aduanas para controlar que la gente no se llevara nada de los barcos encallados”. También estaba la policía, un almacén, un bar y la plaza “pero no muy definida”, apenas una manzana vacía.

Para los trámites, las compras y la escuela había que ir a San Carlos, de donde venía a pescar mucha gente “pero en general eran solo los locatarios”, hasta la década de 1980 cuando dejaron de ser tres o cuatro casas por manzana para comenzar un boom de construcción y el “malón” de turistas. Una de las primeras en instalarse, recuerda Machado, fue la princesa Laetitia DArenberg. Hasta mediados de la década de 1980, no había luz ni agua.

“Los terrenos no valían nada”, dice Machado. Aún en la década de 1980 se los podía permutar por un Chevette. Su padre fue propietario, por ejemplo, del único ómnibus que llegaba al lugar que usaba para venir con sus amigos a pescar. Así de provinciano era todo.

Comienza el festival de cine del balneario

Uno de los grandes eventos culturales de la temporada ocurren en el balneario y en Pueblo Garzón. Se trata del José Ignacio International Film Festival que es definido por sus organizadores como “una propuesta de vanguardia que propone la proyección de películas de prestigio y reconocimiento internacional”.

Se realiza en tres lugares: dos en José Ignacio (la Bajada de los Pescadores y la Chacra “La Mallorquina” y en la Estación de trenes de Pueblo Garzón.

La programación de este año incluye películas que no han sido estrenadas en Uruguay y vienen con mucho prestigio como Force Majeure de Ruben Ostrund, Mommy del canadiense Xavier Dolany Listen Up Philip de Alex Ross Perry. A eso hay que sumar una exhibición especial de la chilena Neruda de Manuel Basoalto y la uruguaya Retrato de un comportamiento animal de Florencia Colucci y Gonzalo Lugo. Conviene chequear el lugar de las exhibiciones en el sitio del festival www.joseignaciofilmfestival.com.

 fuente elpais

La costa uruguaya y sus balnearios

1. Colonia y Santa Ana. Colonia, antigua y relajada, parece diseñada para caminarla una y otra vez. En la arquitectura de la ciudad está la síntesis de paisajes, cultura e historia. De 1680, el casco antiguo de la ciudad fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. En Colonia, una de las mejores actividades es alquilar una bici o una moto y llegar hasta el Real de San Carlos, donde está la Plaza de Toros, un proyecto inconcluso de Nicolás Mihanovich. Para alojarse, hay desde hoteles cinco estrellas hasta posadas con pileta en antiguas casonas. A 2 km del centro, la Playa Ferrando es cómoda, limpia y está rodeada por bosques. Santa Ana, uno de los balnearios del departamento de Colonia que sigue creciendo, ofrece playas de arena blanca, tranquilas y seguras sobre el Río de la Plata. Esta región de Uruguay es ideal para los deportes náuticos y la pesca.

2. Atlántida y la Costa de Oro. Tranquilas, clásicas, más económicas, las playas de la Costa de Oro, con Atlántida como capital, son una buena opción para quien busque servicios sin alardes, bosques, playas de arena fina y agua de río. A lo largo de 70 km sobre el Río de la Plata, la belleza natural y el particular estilo de la arquitectura, hacen de esta zona uno de los destinos más buscados por los uruguayos. Una larga lista de nombres invita a elegir: Salinas, Las Toscas, Solís, La Floresta son ideales para quienes se tienten con paisajes agrestes. El centro de la actividad nocturna está en Atlántida, con una buena cantidad de bares, restaurantes, pubs y casino. Entre diciembre y marzo, se pueden ver recitales de músicos uruguayos gratuitos y al aire libre. Las playas están sembradas de bosques de pinos y eucaliptos y mientras La Mansa tiene un mar calmo y un ambiente más familiar, La Brava es la preferida por los surfistas.

3. Piriápolis. Fundada en la belle epoque, en 1893, Piriápolis se hizo famosa en buena medida gracias al Hotel Argentino, que durante muchos años fue el más grande de América latina. Hospedarse allí hoy sigue siendo un clásico, casi tanto como el puerto y la rambla, de un estilo muy parecido al que por esos años se encontraba en el balneario francés de Biarritz. Una buena combinación de playas amplias y cerros, Piriápolis es ideal para unas vacaciones en familia. Los balnearios se ubican en una franja que va desde el arroyo Solís hasta Punta Negra, todos de arena y agua limpias. Otros nombres atractivos son Playa Grande, Playa Verde, y Punta Colorada. El cerro San Antonio balconea sobre Piriápolis: llegar hasta la cima en aerosilla y ver toda la ciudad desde arriba es un paseo precioso.

4. Punta del Este. Es uno de los principales balnearios de América y el más exclusivo de la región, a una hora y media de viaje desde Montevideo. En Punta del Este todo se combina para hacer de la ciudad una de las más glamorosas. Desde casonas del siglo XX hasta torres altísimas son parque de la arquitectura, tanto como el puerto, donde amarran los yates, hasta la avenida Gorlero y la Calle 20, un paseo de compras al aire libre también conocido como Rodeo Drive, donde conviven las marcas internacionales más sofisticadas: Versace, Kenzo, Christian Dior y Benetton, junto a lo mejor de la producción uruguaya. Punta del Este tiene variedad y cantidad de restaurantes, pubs, discotecas, galerías de arte y movida nocturna. También es un excelente escenario para propuestas culturales como el Festival Internacional de Jazz, que en 2015 año se hará entre el 8 y el 11 de enero, y el Festival Internacional de Cine. A pura naturaleza, Punta del Este tiene más de veinte kilómetros de costa y un paisaje de suaves ondulaciones. En el punto de encuentro de sus dos playas célebres, Mansa y Brava, se abre el océano Atlántico. Entre los imperdibles de este balneario hay que destacar los atardeceres en Casa Pueblo y, pese a que ya tiene algunos años de reconocimiento, la zona más agreste de José Ignacio.

5. La Paloma. Este balneario es famoso por más de un motivo: la simpleza, los atardeceres en la playa de La Balconada, el mar oceánico en La Aguada, las características del departamento de Rocha, del que es parte: miles de hectáreas de humedales, declarados Reserva de Biosfera por la Unesco. Además, es famoso por ser uno de los más familiares de la costa de Rocha, con opciones de alojamiento para todos los bolsillos. En La Paloma hay cine, casino y una avenida comercial que desemboca en el Faro. También hay playas para todos los gustos. La pesca artesanal, junto a la cercanía de paisajes de bosques y lagunas, le suman atractivo a La Paloma.

6. La Pedrera. En el km 227 de la ruta 10, en Rocha, La Pedrera es un balneario tan pequeño como encantador y algo exclusivo. Sobre un acantilado, las playas están bañadas por el océano Atlántico y, aunque mantiene dos balnearios clásicos, del Barco y Desplayado, creció y se expandió muchísimo en los últimos años. El centro de La Pedrera, con un aire antiguo, es un eje empedrado alrededor del que se levantan algunas casas viejas, negocios, el Club Social, sede de encuentros para Carnaval, y la iglesia. Y atención, porque esta zona se expande, una buena noticia. Al noreste de La Pedrera está Punta Rubia: dos kilómetros de playa, buenas olas para surfear o para caminar por la orilla. En las noches de verano, la pesca a la encandilada es una de las actividades preferidas en Punta Rubia. Ya hay luz eléctrica en casi todo el balneario y calles de ripio. Otro de los sitios recomendados es Santa Isabel, llena de vegetación y una extensa playa protegida por dunas de arena clara. Por ahora, sólo hay luz en las dos primeras cuadras desde la ruta y algunos servicios básicos, como un almacén. Más lugares para conocer, alrededor de La Pedrera, son Oceanía del Polonio y Pueblo Nuevo.

7. Barra de Valizas. Dunas enormes. Todo el mar. Barra de Valizas es, quizá, el más rústico de los balnearios uruguayos. Un auténtico pueblo de pescadores y artesanos, pese a que tiene una costa que realmente impresiona. Es una playa para “desenchufarse” del mundo, sin calles trazadas y en medio de paisajes agrestes y fuertes, ideales para el ecoturismo. Como a todo balneario bohemio, no le faltan opciones nocturnas, especialmente la música en vivo en pubs. El arroyo Valizas, en el que se mezclan agua dulce y agua salada, es uno de los puntos clave de la pesca de camarón, típica de la zona. En pequeños restaurantes, tan rústicos como el balneario, se puede comer comida casera, mariscos y pescado. Valizas está a 271 km de Montevideo. Desde La Paloma, hay que recorrer 49 km por la ruta 10. Se llega a este poblado de unos 400 habitantes, en el que las opciones de alojamiento van desde cabañas hasta posadas, después de un camino de acceso de 3 kilómetros.

8. Cabo Polonio. Sobre el kilómetro 264.5 de la ruta 10, en Rocha, está la entrada a Cabo Polonio, la terminal de micros y el estacionamiento tarifado. Desde 2009 Cabo Polonio integra el Sistema Nacional de Areas Protegidas, que busca minimizar el impacto del turismo. La franja de dunas que recorre la costa conforma el Monumento Natural Dunas de Cabo Polonio. Todo esto hace que esté prohibido el ingreso de autos particulares: sólo se puede llegar al Cabo en camiones abiertos que transitan unos 7 km y, de paso, regalan un paseo panorámico rodeando las dunas y el bosque. Agrestes y ecológicas, las playas de Cabo Polonio son silenciosas, de arena blanca y fina. La Playa Sur es la más amplia y, también, la más poblada de barcitos y restaurantes rústicos, que abren en verano. Es, según cuenta la página www.portaldelcabo.com.uy, la zona de “las casas blancas, de techos blancos y postal de bienvenida (y despedida) de los turistas que ingresan en camiones o caminando por el bosque”. Las opciones de alojamiento son muy simples y, un detalle que hace del Cabo Polonio un lugar único en la costa uruguaya, no hay alumbrado público.

9. Punta del Diablo. Nació como un pueblo de pescadores en los años 40 del siglo pasado. Punta del Diablo es uno de los balnearios que más crecimiento tuvo, en gran parte gracias al “boca a boca”. Sin dejar de tener un ambiente descontracturado, hay una gran oferta de cabañas, hoteles y posadas, a tono con el aire informal y pintoresco de las calles, sin veredas ni pavimento. Punta del Diablo es uno de los mejores lugares de la costa uruguaya para la práctica del surf, especialmente en las playas de la Viuda y del Rivero, donde el oleaje es más fuerte. Y, en la Playa de los Pescadores, se pueden ver las embarcaciones prontas a salir al mar. La pesca aquí es de pequeños tiburones, lenguado, brótola y pescadilla. Otro paseo es una caminata por las rocas, para llegar a un pequeño cerro con una vista panorámica al océano y bajar a Playa Grande, una de las cuatro del Parque Nacional Santa Teresa. En Punta del Diablo hay una terminal de micros, almacenes, supermercados, farmacia, asistencia médica y cajero automático. Se accede por la ruta 9, a la altura del kilómetro 298.

10. Barra del Chuy. La Barra del Chuy, el más oceánico de los balnearios uruguayos, está muy cerca de lugares de una enorme belleza natural, como el Parque Santa Teresa y el Fuerte San Miguel, con un puente levadizo y una colección histórica que recuerda el paso por Uruguay de españoles y portugueses. Casi en la frontera con Brasil, otra de las tentaciones son los free-shops del Chuy. De playas extensas de mar abierto, arena fina y dunas, los turistas buscan la rusticidad y la naturaleza. El modo de alojamiento va desde el camping y complejos de cabañas hasta una gran oferta de casas para alquilar, por día o por temporada.

sinmordaza

 

Paseos en Portezuelo

Camino a Casapueblo por la Interbalnearia hay un mirador panorámico con una de las vistas más impactantes de la zona, sobre la Sierra de la Ballena. A la izquierda, el horizonte de edificios de Punta del Este y la Isla Gorriti; a la derecha, los bosques y los cerros de Piriápolis. En medio, la infinita bahía. Vale la pena detener el auto y pararse a contemplar la belleza del paisaje. En el predio del mirador hay un busto de Juan Díaz de Solís, el primer conquistador del Río de la Plata.

Otro paseo interesante es el Arboretum Lussich, ubicado en la Sierra de la Ballena. Se accede por el Camino Lussich, que nace en la Interbalnearia, en el cruce de entrada al balneario Portezuelo. Hay que tomar en dirección contraria al mar. El arboretum es una de las mayores colecciones artificiales de árboles en todo el mundo, con varios centenares de especies exóticas y una gran reserva de flora autóctona. A lo largo del arboreto se divisan más panoramas increíbles de la bahía de Portezuelo. En el predio hay además un Museo del Azulejo Francés y un área didáctica  con la historia de lugar y de su legendario impulsor, Antonio Lussich.

fuente viajeauruguay

La Barra

Ubicación : Ubicada a 10 km al este de la península, comunicada por una doble vía de 10 minutos de agradable viaje, se encuentra La Barra de Maldonado.
Atractivos : Si “Los Dedos” son el Icono de la Península, el Puente Ondulante Leonel Viera, sobre el arroyo Maldonado, lo es para La Barra, quien venga a esta zona no debe perderse la visita a tan particular construcción. Sus playas sobre la franja oceánica, son de un gran atractivo, ancha franja de arena.

Vida Nocturna : Su La importante vida nocturna en verano, los principales pubs, bares, restaurantes la hacen el centro de la movida joven en verano, en un clima de alto nivel y totalmente seguro, no es raro ver personalidades del espectáculo en La Barra.

Construcción :: El estilo de construcción rústico de La Barra, atrae al publico que no desea “ciudad”, este entorno menos citadino no le quita calidad a sus servicios. Con casas de importante valor la han transformado estos años en un importante centro de construcción de mansiones, muchas de ellas sobre la primera línea al mar.

Piriapolis

El balneario de Piriápolis fue fundado en el año 1893 por el visionario Francisco Piria, quién lo llamó “El Balneario del Porvenir”. Fue el esfuerzo más grande realizado en el país por un solo hombre. Piria adquirió grandes extensiones
de tierras pertenecientes a uno de los herederos de Leonardo Olivera, dentro de los límites de su propiedad, contaba con tres cerros: el Pan de Azúcar, el del Inglés y el del Toro, mientras una playa de aguas claras y profundas, lo limitaban por el sur.

La primera construcción fue el castillo levantado en 1897, el cual fue inspirado en un modelo de la Riviera italiana, luego realizó obras, como el Puerto de Piriápolis, la Rambla de los Argentinos, el Ferrocarril, la Iglesia, el Hotel Piriápolis y el Argentino Hotel.

Francisco Piria fue un hombre que viajó mucho, lo que llevó a que internacionalmente se conociera primero Piriápolis que Punta del Este.
Distintos factores hacen de Piriápolis un hermoso lugar, cerros, bosques, playas, así como infraestructura edilicia y de servicio que permiten desarrollar una importante actividad turística, cuenta, además, con instituciones públicas y privadas, escuelas, liceos, asociaciones, puerto, aduanas, términal de ómnibus entre otros.

Faro José Ignacio

A 40 kilómetros al Este de la Península por la Ruta N° 10, se encuentra José Ignacio, el balneario más exclusivo de la costa atlántica uruguaya. Un lugar donde disfrutar de la naturaleza y la tranquilidad.
El Faro – El faro de Jose Ignacio, construido en 1877, brinda la más clásica de sus postales. El faro esta habilitado para su visita y se puede subir hasta la punta por una escalera caracol interna.

Características – Al igual que Punta del Este, Jose Ignacio cuenta con una playa tranquila y apacible, y sobre su otra con un mar de fuertes olas. De pequeña extensión, Jose Ignacio es una peninsula que penetra en el mar unos 2000 mts x 800 mts. Originalmente pueblo de pescadores aun hoy se encuetran con sus pequeñas embarcaciones donde podrá adquirir pescado recien capturado.

Visitantes – En los últimos años se ha transformado en uno de los lugares mas exclusivos, sindo frecuentado por personalidades y famosos que buscan la paz y tranquilidad que brinda este lugar.

Construcción e Inversión : Con casas de importante valor se ha transformado en un importante punto de inversión. Las chacras marítimas son otra de las caracteristicas de la zona, las cuales representan sin lugar a dudas una de los atractivos para invertir