Humedales del Uruguay

Este lunes 2 de febrero se festeja mundialmente el día de los humedales.

Bañado, turbera, ciénaga, pantano, estero, son algunos de los términos utilizados para referirse a este ecosistema, donde la inundación temporal o permanente determina las formas de vida allí presentes: junco, totora, garzas, carpinchos, son algunas de las especies más caracteristicas de estos ambientes.

Antiguamente eran considerados tierras “inútiles”, de baja productividad, de proliferación de roedores y mosquitos, pero con el transcurso de los años, la percepción sobre los humedales ha ido cambiando, diversas investigaciones descubrieron su valor ecosistémico y productivo, lo que motivó programas nacionales e internacionales para su conservación.

Los humedales brindan una gran cantidad de beneficios al ser humano, como el abastecimiento de agua y de comida (peces, mamíferos, etc). A su vez, son de gran importancia para la agricultura, en particular para la producción de arroz, para el transporte, educación, recreación y turismo.

A nivel ecosistémico, son “áreas vitales” ya que constituyen formidables reservorios de diversidad biológica. Mejoran la calidad del agua con su efecto de filtro y “esponja”: captan el agua de lluvia, la filtran lentamente y recargan acuíferos. Regulan las inundaciones, actuando como amortiguadores y reducen la acción erosiva del agua.

Salvo en la Antártida, podemos encontrar humedales en todos los continentes alcanzando al 6% de los suelos del mundo. En Uruguay esta cifra supera el 12% del territorio continental, siendo el tercer ecosistema de mayor presencia en el territorio nacional, luego de la pradera y los bosques.

El país cuenta con una gran riqueza de humedales de diversos tipos y tamaños.Los Humedales del Este (Rocha) y Esteros de Farrapos e Islas del Río Uruguay (Río Negro) fueron reconocidos como humedales de importancia internacional por la Convención Ramsar, un tratado intergubernamental cuya misión es asegurar la conservación y uso racional y sostenible de los humedales.

Las ofertas para conocer y disfrutar los humedales son variadas, si estás en Rocha, por ejemplo, podés coordinar visitas a San Miguel (4474 6541) o Laguna de Rocha (4472 8021). En el litoral Esteros de Farrapos e Islas del Río Uruguay cuenta con un cuerpo de guardaparques ubicados en San Javier (Río Negro) quienes pueden ayudarte a conocer mejor el área (4569 2652). Desde la localidad de Guichón (Paysandú) se pueden realizar dos circuitos en el que se destaca el avistamiento de aves (4222 3333). En el Norte también hay opciones, en Rivera, en la localidad de La Palma, se encuentra un humedal emblemático en la zona que forma parte también del área protegida Valle del Lunarejo (4650 6400), En Bella Unión (Artigas) el área protegida Rincón de Franquía también tiene senderos que incluyen zonas de humedal (098 777 213). En el área metropolitana, Humedales del Santa Lucía es una excelente opción para una escapada, en el centro de visitantes de Santiago Vázquez también se coordinan visitas guiadas (2312 5768). Entre las opciones “de paso” se encuentra el humedal de Guazuvirá, si vas por la Ruta Interbalnearia podes detenerte a la altura de ese departamento para disfutrar de un extenso paisaje de humedal y realizar avistamiento de aves. Estas son solo algunas formas de acercarte a este ecosistema que tanto nos da.

fuente-iagua

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Rocha-Caseras de India Muerta: turismo y producción local

Los palmares de butiá no solo ofrecen sombra y un paisaje agradable para quien circula por Rocha. Sus frutos de pulpa  acuosa,  sabor dulce al comienzo y algo ácido al final, aportan a la población local una forma de sustentarse económicamente. El butiá es un fruto típico de Rocha, que con los años los productores e investigadores han logrado aprovechar en su totalidad, utilizando la pulpa, la fibra y la almendra de coco. Un muy buen ejemplo de ello es Caseras de India Muerta, un proyecto de agroindustria familiar que se dedica a la producción artesanal de dulces, mermeladas, salsas y licores utilizando el butiá como materia prima.

Casas en el Este conversó con María Sara Zubía, una de las fundadoras del emprendimiento junto a su esposo y sus cuatro hijos. Los inicios de Caseras de India Muerta datan del año 96; desde hace más de 15 años sus productos están presentes en el mercado y continúan en expansión.

“Con sabor a hogar”

El nombre “Caseras de India Muerta” hace alusión a los “productos con sabor a hogar” (“caseros”) y al paraje rural donde estos productos nacieron, llamado “India Muerta“. “Nos interesaba que nos asociaran con el lugar de procedencia; es un lugar que uno quiere y quiere que te remitan”, nos cuenta María Sara.

También nos contó que, históricamente, como tradición familiar utilizaban los productos del establecimiento para hacer conservas y guardar para todo el año. “Esto venía de una generación anterior a la mía,  después quisimos diversificar la producción que teníamos en el campo y lo que hacíamos normalmente para nosotros se convirtió en un emprendimiento económico”.

Para María Sara se trata de una forma de “proteger el palmar, porque al darle un valor agregado a su fruto, ya no va a ser solo un valor paisajístico sino que también tiene una utilidad económica y vale la pena conservarlo”.

Con el apoyo del LATU, se ha conseguido utilizar la fruta en formas antes impensables para ellos. Hoy Caseras de India Muerta tiene un total de 10 productos derivados del butiá. El más reciente es la fabricación de harina de la fibra del butiá.

Puertas adentro

El paraje rural de India Muerta es el más grande de Rocha. Hay arroyos, cuchillas y una represa en la que se saca buena pesca. Es una zona de sierras y un paisaje muy diferente al de la costa.  Para los que buscan contacto con la naturaleza, es un paseo espectacular para realizar en cualquier época del año.

Pero el gran diferencial que logró Caseras de India Muerta es esa combinación entre la producción y el disfrute. Niños y adultos de distintas partes del país recorren el establecimiento Los Timboes, donde está instalada la planta de elaboración.

El paseo es, además, una invitación a involucrarse con el fruto rochense. Los visitantes pueden ingresar a la planta para observar la  molienda de fibra de butiá, y terminar el recorrido con la degustación de productos variados. Es una forma de conjugar la tradición local de producción y consumo de este fruto con el turismo, dando a conocer y rescatando los recursos de la zona.

Ejemplo regional

En el sur de Brasil se creó un proyecto similar al Caseras de India Muerta llamado Sabor Nativo, donde utilizan las frutas nativas para realizar distintas producciones, aprovechándolas al máximo y ofreciéndole productos innovadores a la población. Es el tipo de emprendimientos que debería explotarse más en nuestro país, y por eso es tan grato conocer emprendimientos como el de India Muerta.

Información útil:

Los productos de Caseras de India Muerta se pueden encontrar en Punta del Este, Montevideo y Rocha.

Por contactos dirigirse a:

Dirección: Ruta 15, km 53
Teléfonos.: 44702367 / 094847017 / 099090189
E-mail.: contacto@caserasdeindiamuerta.com
Facebook: Caseras de India Muerta

fuente-casaseneleste

José Ignacio, un lujo de Maldonado

Desde los 26 metros de altura del faro, queda claro cómo se ha extendido eso que alguna vez fue un peñón solitario. Hoy José Ignacio abarca unas 36 manzanas y la profundidad de campo desde allí arriba tiene por un lado el mar, claro, y por el otro una sucesión de casas, en general lujosas, en donde no hace tanto había solo dunas.

De ser el hábitat de un farero solitario, hoy este punto a unos 60 kilómetros al oriente de Punta del Este se ha vuelto en la última década un concurrido, aunque exclusivo, balneario internacional.

José Ignacio tiene unos 40 habitantes permanentes que en temporada alta (que para el lugar es entre el 26 de diciembre y el 5 de enero) puede volverse una población de 1.500 personas. En un sábado de enero de los lindos puede llegar a recibir unos 8.000 turistas que se van con la caída del sol. La capacidad hotelera no es muy grande, por lo que pasar un día de playa es el plan más común.

Ese interés mundial y la belleza natural, han hecho que los precios de alquiler y de venta sean de altos para arriba. El metro cuadrado (que hace 40 años podía costar tres dólares, según dice José Secco de la coqueta posada Paradiso) está en los mil dólares. Los padrones son de 800 metros, por lo que saque la cuenta de cuánto sale un terreno.

“En 2001, compré un terreno por 55.000 dólares”, dice una antigua pobladora del lugar. “Hoy vale un millón”.

Como solo se puede construir una casa por padrón, la disponibilidad para alquilar es poca. De acuerdo a Ignacio Ruibal, agente inmobiliario e integrante de la Liga de José Ignacio, en el cambio del año, las casas se alquilan entre 10.000 y 70.000 dólares la semana.

Hay quienes pueden pagarlos. Acaban de irse James Murdoch, el hijo y heredero de Rupert Murdoch (el dueño de Fox y el Wall Street Journal, entre otros kioscos), Elon Musk, el multimillonario creador de Paypal, el sistema de pagos online más popular del mundo, y Martin Sorrel, el CEO de WPP Group, una multinacional de la publicidad y las relaciones públicas.

Los principales clientes (y promotores) del balneario siguen siendo los argentinos y, este año, los brasileños que, como en Punta del Este se hicieron notar. También se ve mucho paraguayo, chileno, estadounidense y europeo. José Ignacio es un verdadero balneario internacional.

“Este es un punto especial en el mundo”, dice Clo Dimet, de Paradiso. “Dicen que es como la Ibiza de la década de 1980”. Su socio, Secco, la compara también como una combinación de los Hamptons (en la costa este estadounidense) y St. Tropez. Tienen cómo saberlo, ya que su principal clientela es gente de mundo que tiene cómo comparar el destino.

“Es un pueblito de campo pegado a la playa”, dice Ruibal, quien como integrante de la liga es uno de los principales promotores de mantenerlo así. Desde 1993, el lugar tiene una serie de regulaciones estrictas para la construcción o la llegada de inversionistas, algo que se consiguió gracias, dice, “a una comunidad muy participativa”. Como “el 99% de los compradores de José Ignacio son consumidores finales”, vienen con otro compromiso.

Ruibal llegó al lugar en 1972, cuando solo había unas pocas casas, principalmente de gente de Rocha. Cuando volvió a fines de la década de 1980, “sentí tanta paz” que decidió radicarse en el lugar. Desde entonces ha trabajado para difundir “la marca José Ignacio” que consiste en un pueblo rural sobre el mar, de carácter familiar y con baja densidad de población. Ha conseguido tentar a muchos.

Varios coinciden en un par de momentos que indicaron que la aldea estaba transformándose. Uno fue que empezaron a comprar casas algunos famosos y millonarios argentinos (Mirtha Legrand, Amalia Fortabat), y más acá personalidades mundiales como Shakira y el escritor inglés Martin Amis. También ayudó la llegada de negocios gastronómicos que revolucionaron el mercado. Hoy ese lugar es La Huella, que fue elegido en el puesto 17 en la lista de Los 50 Mejores Restaurantes de América Latina que publica la William Reed Business Media. La buena comida siempre es un llamador para turistas de todo el mundo y La Huella ha colaborado, coinciden, en poner a José Ignacio en el mapa del turismo mundial. Recientemente, además, la cadena Vik inauguró un vistoso hotel sobre la playa Mansa.

Este jueves soleado, hay mucha gente. Y en el estacionamiento de la Brava pegado al faro, hay muchos autos argentinos y uruguayos, varios paraguayos (que parecen haberse volcado en sus grandes camionetas a Punta del Este y alrededores) y un par de brasileros.

“De noche esto se vuelve un barrio”, dice Ruibal, para quien eso es parte del éxito internacional del balneario. “En la plaza pueden estar jugando el hijo del magnate con el del comisario”, dice. El ambiente es familiar y la prohibición de abrir discotecas ayuda a la calma del lugar. Los extranjeros encuentran el encanto de lo distinto de un lugar que, dice Ruibal, “está tan lejos y tan cerca”.

“Es una aldea de lujo”, dice Clo Dimet, quien como muchos de los que viven o trabajan allí adora el lugar. Y mientras lo dice sirve la que, dice, es la mejor torta rogel del mundo. Tiene razón. Pero, más allá de los méritos indudables de su reposteria, todo en José Ignacio —la naturaleza, las casas, la playa, el faro, el mar— tiene una justificada tendencia a lo superlativo.

RURAL Y LUJOSO

Como bien dicen algunos de los entrevistados, José Ignacio es una combinación de lujo, ambiente rural y cierto aire de pueblo. En los últimos años han aparecido emprendimientos que lo han modernizado (el hotel Vik, por ejemplo) y hay tiendas sofisticadas (Matute) junto a la tradicional despensa de Manolo, una institución local. Es un balneario exclusivo, sí, pero también un hermoso lugar para visitar en plan gasolero. Y de paso cruzarte con alguna celebridad de las que andan por ahí tan lejos y tan cerca del mundo.

HISTORIAS

Un lugar donde los terrenos no valían nada

“Toda la gente que llegaba aquí era por la pesca”, dice María José Machado, hija de uno de los primeros pobladores de la zona. En esa época vivían 40 personas todo el año (igual que ahora) y “era el centro de todo un área rural”. Aún en la década de 1960, recuerda, “había una oficina de Aduanas para controlar que la gente no se llevara nada de los barcos encallados”. También estaba la policía, un almacén, un bar y la plaza “pero no muy definida”, apenas una manzana vacía.

Para los trámites, las compras y la escuela había que ir a San Carlos, de donde venía a pescar mucha gente “pero en general eran solo los locatarios”, hasta la década de 1980 cuando dejaron de ser tres o cuatro casas por manzana para comenzar un boom de construcción y el “malón” de turistas. Una de las primeras en instalarse, recuerda Machado, fue la princesa Laetitia DArenberg. Hasta mediados de la década de 1980, no había luz ni agua.

“Los terrenos no valían nada”, dice Machado. Aún en la década de 1980 se los podía permutar por un Chevette. Su padre fue propietario, por ejemplo, del único ómnibus que llegaba al lugar que usaba para venir con sus amigos a pescar. Así de provinciano era todo.

Comienza el festival de cine del balneario

Uno de los grandes eventos culturales de la temporada ocurren en el balneario y en Pueblo Garzón. Se trata del José Ignacio International Film Festival que es definido por sus organizadores como “una propuesta de vanguardia que propone la proyección de películas de prestigio y reconocimiento internacional”.

Se realiza en tres lugares: dos en José Ignacio (la Bajada de los Pescadores y la Chacra “La Mallorquina” y en la Estación de trenes de Pueblo Garzón.

La programación de este año incluye películas que no han sido estrenadas en Uruguay y vienen con mucho prestigio como Force Majeure de Ruben Ostrund, Mommy del canadiense Xavier Dolany Listen Up Philip de Alex Ross Perry. A eso hay que sumar una exhibición especial de la chilena Neruda de Manuel Basoalto y la uruguaya Retrato de un comportamiento animal de Florencia Colucci y Gonzalo Lugo. Conviene chequear el lugar de las exhibiciones en el sitio del festival www.joseignaciofilmfestival.com.

 fuente elpais

La costa uruguaya y sus balnearios

1. Colonia y Santa Ana. Colonia, antigua y relajada, parece diseñada para caminarla una y otra vez. En la arquitectura de la ciudad está la síntesis de paisajes, cultura e historia. De 1680, el casco antiguo de la ciudad fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. En Colonia, una de las mejores actividades es alquilar una bici o una moto y llegar hasta el Real de San Carlos, donde está la Plaza de Toros, un proyecto inconcluso de Nicolás Mihanovich. Para alojarse, hay desde hoteles cinco estrellas hasta posadas con pileta en antiguas casonas. A 2 km del centro, la Playa Ferrando es cómoda, limpia y está rodeada por bosques. Santa Ana, uno de los balnearios del departamento de Colonia que sigue creciendo, ofrece playas de arena blanca, tranquilas y seguras sobre el Río de la Plata. Esta región de Uruguay es ideal para los deportes náuticos y la pesca.

2. Atlántida y la Costa de Oro. Tranquilas, clásicas, más económicas, las playas de la Costa de Oro, con Atlántida como capital, son una buena opción para quien busque servicios sin alardes, bosques, playas de arena fina y agua de río. A lo largo de 70 km sobre el Río de la Plata, la belleza natural y el particular estilo de la arquitectura, hacen de esta zona uno de los destinos más buscados por los uruguayos. Una larga lista de nombres invita a elegir: Salinas, Las Toscas, Solís, La Floresta son ideales para quienes se tienten con paisajes agrestes. El centro de la actividad nocturna está en Atlántida, con una buena cantidad de bares, restaurantes, pubs y casino. Entre diciembre y marzo, se pueden ver recitales de músicos uruguayos gratuitos y al aire libre. Las playas están sembradas de bosques de pinos y eucaliptos y mientras La Mansa tiene un mar calmo y un ambiente más familiar, La Brava es la preferida por los surfistas.

3. Piriápolis. Fundada en la belle epoque, en 1893, Piriápolis se hizo famosa en buena medida gracias al Hotel Argentino, que durante muchos años fue el más grande de América latina. Hospedarse allí hoy sigue siendo un clásico, casi tanto como el puerto y la rambla, de un estilo muy parecido al que por esos años se encontraba en el balneario francés de Biarritz. Una buena combinación de playas amplias y cerros, Piriápolis es ideal para unas vacaciones en familia. Los balnearios se ubican en una franja que va desde el arroyo Solís hasta Punta Negra, todos de arena y agua limpias. Otros nombres atractivos son Playa Grande, Playa Verde, y Punta Colorada. El cerro San Antonio balconea sobre Piriápolis: llegar hasta la cima en aerosilla y ver toda la ciudad desde arriba es un paseo precioso.

4. Punta del Este. Es uno de los principales balnearios de América y el más exclusivo de la región, a una hora y media de viaje desde Montevideo. En Punta del Este todo se combina para hacer de la ciudad una de las más glamorosas. Desde casonas del siglo XX hasta torres altísimas son parque de la arquitectura, tanto como el puerto, donde amarran los yates, hasta la avenida Gorlero y la Calle 20, un paseo de compras al aire libre también conocido como Rodeo Drive, donde conviven las marcas internacionales más sofisticadas: Versace, Kenzo, Christian Dior y Benetton, junto a lo mejor de la producción uruguaya. Punta del Este tiene variedad y cantidad de restaurantes, pubs, discotecas, galerías de arte y movida nocturna. También es un excelente escenario para propuestas culturales como el Festival Internacional de Jazz, que en 2015 año se hará entre el 8 y el 11 de enero, y el Festival Internacional de Cine. A pura naturaleza, Punta del Este tiene más de veinte kilómetros de costa y un paisaje de suaves ondulaciones. En el punto de encuentro de sus dos playas célebres, Mansa y Brava, se abre el océano Atlántico. Entre los imperdibles de este balneario hay que destacar los atardeceres en Casa Pueblo y, pese a que ya tiene algunos años de reconocimiento, la zona más agreste de José Ignacio.

5. La Paloma. Este balneario es famoso por más de un motivo: la simpleza, los atardeceres en la playa de La Balconada, el mar oceánico en La Aguada, las características del departamento de Rocha, del que es parte: miles de hectáreas de humedales, declarados Reserva de Biosfera por la Unesco. Además, es famoso por ser uno de los más familiares de la costa de Rocha, con opciones de alojamiento para todos los bolsillos. En La Paloma hay cine, casino y una avenida comercial que desemboca en el Faro. También hay playas para todos los gustos. La pesca artesanal, junto a la cercanía de paisajes de bosques y lagunas, le suman atractivo a La Paloma.

6. La Pedrera. En el km 227 de la ruta 10, en Rocha, La Pedrera es un balneario tan pequeño como encantador y algo exclusivo. Sobre un acantilado, las playas están bañadas por el océano Atlántico y, aunque mantiene dos balnearios clásicos, del Barco y Desplayado, creció y se expandió muchísimo en los últimos años. El centro de La Pedrera, con un aire antiguo, es un eje empedrado alrededor del que se levantan algunas casas viejas, negocios, el Club Social, sede de encuentros para Carnaval, y la iglesia. Y atención, porque esta zona se expande, una buena noticia. Al noreste de La Pedrera está Punta Rubia: dos kilómetros de playa, buenas olas para surfear o para caminar por la orilla. En las noches de verano, la pesca a la encandilada es una de las actividades preferidas en Punta Rubia. Ya hay luz eléctrica en casi todo el balneario y calles de ripio. Otro de los sitios recomendados es Santa Isabel, llena de vegetación y una extensa playa protegida por dunas de arena clara. Por ahora, sólo hay luz en las dos primeras cuadras desde la ruta y algunos servicios básicos, como un almacén. Más lugares para conocer, alrededor de La Pedrera, son Oceanía del Polonio y Pueblo Nuevo.

7. Barra de Valizas. Dunas enormes. Todo el mar. Barra de Valizas es, quizá, el más rústico de los balnearios uruguayos. Un auténtico pueblo de pescadores y artesanos, pese a que tiene una costa que realmente impresiona. Es una playa para “desenchufarse” del mundo, sin calles trazadas y en medio de paisajes agrestes y fuertes, ideales para el ecoturismo. Como a todo balneario bohemio, no le faltan opciones nocturnas, especialmente la música en vivo en pubs. El arroyo Valizas, en el que se mezclan agua dulce y agua salada, es uno de los puntos clave de la pesca de camarón, típica de la zona. En pequeños restaurantes, tan rústicos como el balneario, se puede comer comida casera, mariscos y pescado. Valizas está a 271 km de Montevideo. Desde La Paloma, hay que recorrer 49 km por la ruta 10. Se llega a este poblado de unos 400 habitantes, en el que las opciones de alojamiento van desde cabañas hasta posadas, después de un camino de acceso de 3 kilómetros.

8. Cabo Polonio. Sobre el kilómetro 264.5 de la ruta 10, en Rocha, está la entrada a Cabo Polonio, la terminal de micros y el estacionamiento tarifado. Desde 2009 Cabo Polonio integra el Sistema Nacional de Areas Protegidas, que busca minimizar el impacto del turismo. La franja de dunas que recorre la costa conforma el Monumento Natural Dunas de Cabo Polonio. Todo esto hace que esté prohibido el ingreso de autos particulares: sólo se puede llegar al Cabo en camiones abiertos que transitan unos 7 km y, de paso, regalan un paseo panorámico rodeando las dunas y el bosque. Agrestes y ecológicas, las playas de Cabo Polonio son silenciosas, de arena blanca y fina. La Playa Sur es la más amplia y, también, la más poblada de barcitos y restaurantes rústicos, que abren en verano. Es, según cuenta la página www.portaldelcabo.com.uy, la zona de “las casas blancas, de techos blancos y postal de bienvenida (y despedida) de los turistas que ingresan en camiones o caminando por el bosque”. Las opciones de alojamiento son muy simples y, un detalle que hace del Cabo Polonio un lugar único en la costa uruguaya, no hay alumbrado público.

9. Punta del Diablo. Nació como un pueblo de pescadores en los años 40 del siglo pasado. Punta del Diablo es uno de los balnearios que más crecimiento tuvo, en gran parte gracias al “boca a boca”. Sin dejar de tener un ambiente descontracturado, hay una gran oferta de cabañas, hoteles y posadas, a tono con el aire informal y pintoresco de las calles, sin veredas ni pavimento. Punta del Diablo es uno de los mejores lugares de la costa uruguaya para la práctica del surf, especialmente en las playas de la Viuda y del Rivero, donde el oleaje es más fuerte. Y, en la Playa de los Pescadores, se pueden ver las embarcaciones prontas a salir al mar. La pesca aquí es de pequeños tiburones, lenguado, brótola y pescadilla. Otro paseo es una caminata por las rocas, para llegar a un pequeño cerro con una vista panorámica al océano y bajar a Playa Grande, una de las cuatro del Parque Nacional Santa Teresa. En Punta del Diablo hay una terminal de micros, almacenes, supermercados, farmacia, asistencia médica y cajero automático. Se accede por la ruta 9, a la altura del kilómetro 298.

10. Barra del Chuy. La Barra del Chuy, el más oceánico de los balnearios uruguayos, está muy cerca de lugares de una enorme belleza natural, como el Parque Santa Teresa y el Fuerte San Miguel, con un puente levadizo y una colección histórica que recuerda el paso por Uruguay de españoles y portugueses. Casi en la frontera con Brasil, otra de las tentaciones son los free-shops del Chuy. De playas extensas de mar abierto, arena fina y dunas, los turistas buscan la rusticidad y la naturaleza. El modo de alojamiento va desde el camping y complejos de cabañas hasta una gran oferta de casas para alquilar, por día o por temporada.

sinmordaza

 

La historia de La Barra creció junto con los puentes

Sobre el transporte de la primera época de La Barra, Edison Pallas, miembro de la directiva de La Liga de Fomento de La Barra y Punta del Este y descendiente de uno de los primeros propietarios de la zona, comenta: “Hasta 1912 se cruzaba el arroyo Maldonado en bote. En 1912 se instaló una maroma de orilla a orilla del arroyo Maldonado y se puso una balsa. Esa balsa transportaba desde gente hasta automóviles y camiones. Hasta 1936 funcionó la balsa conjuntamente con los botes”.

Agrega que en 1936 se hizo el primer puente de madera, que funcionó hasta 1947 que fue cuando se hizo el primer puente de hormigón recto. “La gente muchas veces ni lo conoce porque funcionó hasta el 1958, once años, y se cayó. Del 1958 al 63 se reconstruyó el de madera y era la única forma de pasar que teníamos los de La Barra; si no, había que dar la vuelta por San Carlos”.

Ese puente de madera tenía un solo sentido, era una trocha única. “Recuerdo que era muy chico. Cuando se cayó el primer puente de hormigón, se pasaba por el puente de madera caminando y del otro lado te esperaba otro autobús que te hacía el resto del recorrido”.

En 1963 empezó a funcionar el primer puente ondulante. Entre 1980 y 1985 algunos veranos el ejército puso un puente Bailey que permitía el cruce en el sentido Punta del Este hacia La Barra, para facilitar el traslado porque el puente ondulante no daba abasto.

En 1999-2000 se inauguró el segundo puente ondulante. Hubo otros hechos importante en el desarrollo del balneario: la llegada de la luz eléctrica, el agua potable, el teléfono, el primer ómnibus de Onda marcaron el inicio de un desarrollo que no ha parado hasta la fecha.

Con el paso de los años, La Barra empezó a ser visitado cada vez más por personalidades uruguayas y argentinas. Se destacan nombres como Domingo Arenas, confidente de José Batlle y Ordóñez, e Isabel del Valle, única novia oficial que tuvo Carlos Gardel, quien años después se casó con uno de los dueños del Hotel Fattori (actual Hotel Montoya).

fuente-elpais

Gorriti y Lobos, mas allá de la península

Las dos islas frente a Punta del Este ofrecen paseos y opciones diferentes, cada una con su encanto, con su perfil y con su geografía

La amplia mayoría de los turistas que llega a Punta desde el Este, por lo tanto cuando los automóviles coronan el “lomo” de la Sierra de la Ballena y la bahía de Maldonado se despliega frente a los ojos del que llega, la isla de Gorriti aparece como una mancha verde en medio del agua.

Es la isla más explícita de Punta del Este, la que reina en la vista desde toda la Rambla de la playa Mansa y desde la circunvalación de la península. Técnicamente ubicada todavía en el Río de la Plata, Gorriti es la isla más cercana a la costa de Maldonado. Iluminados desde hace unos años sus pinos y sus eucaliptus en la noche mediante focos, la isla de Gorriti forma parte de las postales más usuales del balneario.

Pero además de Gorriti, Punta del Este tiene otra isla. Y es en la noche cuando su presencia se hace más explícita: la isla de Lobos, con su gigantesco faro que emite un destello cada cinco segundos que se ve en 40 kilómetros a la redonda. Es que Lobos se encuentra a 12 kilómetros de la península y durante el día es una larga roca que se divisa en el horizonte, con el faro como un dedo índice blanco que centellea al sol.

Ambas islas pueden ser parte de planes para turistas que busquen una opción marina dentro de sus días de vacaciones. Cada una presenta su perfil característico, su determinada geografía y esto repercute en sus visitantes.

El Observador visitó las islas y accedió a algunos de sus servicios con el fin de describirlas y evaluarlas como sitios de vista en verano.

Son dos mundos paralelos, con sus puntos en común y sus enormes diferencias.

En nombre de un vasco
Alguien bien puede preguntarse quién fue el tal Gorriti por el que la isla fue bautizada.

Se trata de Francisco de Gorriti, un militar de origen vasco que estaba a cargo del destacamento español de Montevideo en la segunda mitad del siglo XVIII.

Antes de este nombramiento oficial, la isla había aparecido frente a los ojos de Juan Díaz de Solís, que llegó a Punta del Este en 1516 y la bautizó como Puerto de la Candelaria. Luego el navegante español Diego García de Moguer la llamó la Isla de las Palmas.

En su viaje en busca del canal interoceánico, Sebastián Gaboto entró al Río de la Plata y fondeó por allí.

Los españoles la fortificaron dotándola de tres baterías con cañones, para la defensa de la bahía y de la entrada al estuario.

Las baterías son la Santa Ana, la San José y la Concepción. Esta última es la que se conserva en mejor estado. Las otras dos están en franca decadencia, lo que es una lástima ya que el aspecto histórico es uno de los ganchos del viaje a Gorriti. Casi no hay carteles indicadores ni buena señalización, aparte de que muchos cañones se encuentran desperdigados entre el pasto crecido.

Otro episodio interesante sucedió en 1806, durante las invasiones inglesas, cuando la isla resistió un par de días más luego de la caída de la ciudad, pero esto no está indicado.

Sí están los caminos delimitados y el césped cortado en muchos sectores, gracias al trabajo del vigilante municipal, Jorge Velázquez.

La salida desde el puerto de Punta del Este se produce cada media hora y el costo del pasaje es de $ 300 para adultos y $ 150 para niños.

El viaje, que dura apenas 15 minutos, se realiza en un lanchón y se desembarca en Pueto Cañón, una pequeña escollera en la orilla interna que da a la bahía. El último bote parte a la hora 19:15 y está prohibido permanecer en la isla fuera de horario, aunque Velázquez cuenta que ha sucedido.

Entonces la prefectura de Punta del Este manda un gomón a buscar a los infractores, que además deben pagar una multa de US$ 200.

Las principales atracciones de Gorriti son naturales. Se puede caminar por los caminos bajo los pinos y los eucaliptus plantados por Juan Gorlero, el primer jefe político de Maldonado, y visitar las baterías.

La isla posee dos playas preciosas: Puerto Jardín, una franja de arena que da de frente a Punta Ballena, y Playa Honda, que se encuentra en el lado invisible desde la Mansa.

Esta es una playa profunda  y de aguas cristalinas que permite, por ejemplo, el buceo y la pesca con arpón.

Para quien llega en los botes el problema en Playa Honda es la cantidad de yates y veleros que estacionan en esa bahía, al resguardo de los vientos del océano. La cantidad de embarcaciones y de motos de agua hace que se escuche música y haya ruido extra, pero la naturaleza es majestuosa y salva el problema.

En Playa Honda, además, hay un parador que permite ver una de las mejores vistas del atardecer de Punta del Este. Se llama Buena Vida, y un mojito, por ejemplo, cuesta allí $ 250. Un lenguado con ensalada sale por $ 380. Además hay rabas, miniaturas de pescado y sandwiches, a precios más baratos que en Punta del Este. El perfil de los visitantes es, sobre todo, de uruguayos.

Danza con lobos
Los viajes a isla de Lobos no son tan frecuentes y dependiendo de los interesados se realizan una o dos veces por día. Se sale desde Punta del Este y el paseo dura unas dos horas, aproximadamente. El costo del pasaje es de US$ 50.

Se demora unos 45 minutos en llegar hasta Lobos, el punto más austral del territorio uruguayo. La gran diferencia con Gorriti es que no se puede bajar, ya que es una área protegida. Allí vive una colonia de unos 300 mil lobos marinos, y también hay leones marinos.

El barco a motor realiza una circunvalación a la isla y un guía explica las características de lo que se ve: el faro, las antiguas instalaciones donde se faenaban lobos para sacarles su piel, así como datos sobre flora y fauna de la isla.

El paseo permite, luego de fondear cerca de la isla, la posibilidad de que los visitantes se tiren al agua y puedan andar entre los lobos, que en ese contexto son inofensivos.

Sobre la costa, donde están las crías, los lobos se pongan más agresivos, pero en décadas de paseos nunca un lobo atacó a una persona en el agua. De todos modos, está prohibido tocar a los ejemplares.

Lobos también posee planes para bucear y pescar embarcado.

Las islas de Punta del Este presentan una forma diferente de disfrutar la naturaleza entre las olas.

elobservador

ROCHA Travesía de Cabo Polonio a Valizas

Para llegar a Valizas desde Montevideo, vamos por  la ruta Interbalnearia hacia el Este hasta bifurcación con Ruta 9 hacia el Chuy.En el kilómetro 265 de la Ruta 9 doblar a la derecha en el empalme a la ruta 16,antes de llegar a aguas dulces doblar a la derecha por la ruta 10 a 6 Km.

Para llegar a Cabo Polonio desde la ruta interbalnearia, solamente se puede acceder en los vehiculos 4X4 que estan el la terminal en el kilometro 264 de la ruta 10.

Cabo Polonio y Valizas son los balnearios que no puedes dejar de visitar si estás de vacaciones en la costa uruguaya. Son dos destinos turísticos con playas oceánicas, en un entorno rústico y lugareño, rodeados de inmensas dunas y hermosos paisajes. Si tienes un itinerario demasiado apretado y no te puedes alojar en ambos sitios, te proponemos que hagas una travesía a pie entre las dunas que separan a estos balnearios vecinos. Si te estás hospedando en Cabo Polonio, puedes visitar Valizas, o hacer el recorrido inverso.

Atracciones de Cabo Polonio

 

Cabo Polonio es una reserva natural, allí no hay electricidad y tampoco llegan las cañerías del agua. No hay un camino asfaltado que comunique el pueblo con la ruta 10. Para llegar hasta este destino puedes entrar desde la ruta caminando siete kilómetros entre las dunas de arena, a caballo, o contratando el servicio de jeeps, únicos vehículos autorizados a entrar al lugar.

Una vez en Cabo Polonio puedes dedicarte a tomar sol o disfrutar de las olas de la playa, hacer surf, pescar, y comer comida casera en alguno de los pequeños e improvisados restaurantes. Puedes practicar sandboard en las enormes dunas que rodean el sitio, o alquilar caballos para recorrer la agreste zona.

Tienes que subir al faro para contemplar el panorama y las tres islas que se ubican justo en frente, y visitar a los lobos marinos que se encuentran descansando entre las rocas de la punta. Los locales de artesanía y los boliches nocturnos, donde la caipiriña es la protagonista, son otras de las atracciones de Cabo Polonio.

Atracciones en Valizas

En Barra de Valizas, popularmente conocido como el balneario de Valizas, sí llega el agua corriente y la electricidad, pero no todas las casas la usan. Tiene el mismo carácter agreste que la población de Cabo Polonio. Valizas se ubica en el tramo final del arroyo del mismo nombre, y se accede fácilmente desde la ruta 10. Aquí llegan los transportes colectivos y puede entrar libremente cualquier vehículo.

En Valizas hay una mayor variedad de servicios turísticos, hay posadas, campings, cabañas y casas para alquiler, restaurantes, boliches y por supuesto, muchos locales y puestos callejeros de artesanías. Es un excelente sitio para comer mariscos y pescados. La especialidad local es el cangrejo sirí, que se pesca en abundancia en el arroyo.

En este balneario las aguas son un poco más templadas, porque el océano mezcla sus aguas con el agua dulce del arroyo Valizas. Para los aventureros y los amantes del buceo, hay cantidad de naufragios que se pueden visitar en los días de marea baja, cuando el agua está bien clara.

Travesía a pie desde Cabo Polonio a Valizas

Una travesía popular entre los uruguayos que veranean en estos balnearios, consiste en cruzar las dunas que separan ambos sitios a pie. Puedes hacer el recorrido siguiendo la costa a lo largo de diez kilómetros, o atravesar directamente las dunas, acortando dos kilómetros del camino. Lo ideal es hacer un camino a la ida y otro a la vuelta, porque ambos ofrecen panoramas bien distintos que valen la pena contemplar.

Saliendo desde Cabo Polonio hacia Valizas, tienes que dirigirte hacia el norte bordeando la costa. Camina por la playa hasta aproximarte a la península que separa a los balnearios. Allí tienes dos opciones, puedes continuar por la costa y rodear todo el cabo por la playa, o atravesar las dunas, acortando camino, pero subiendo unos cuantos metros empinados.

Si sigues bordeando la playa, puedes darte un baño en las pequeñas bahías que se forman en la punta. Los que han hecho esta travesía afirman que se trata de las playas más bonitas de la costa. Si sigues por las dunas, tienes que tomar el Cerro de la Buena Vista como referencia para cruzar y no perder el rumbo. Se trata de una formación de granito que sobresale en el paisaje, asomándose en la cima de la duna más grande de arena. Así que no tendrás dificultades para identificarlo, encuentra el sitio más alto y dirígete hacia allí.

Una vez en el Cerro Buena Vista, puedes trepar hasta la cima de la formación de piedra y disfrutar de una vista panorámica increíble del océano, de las dos poblaciones, las extensiones de arena, el zigzagueante arroyo Valizas y los montes nativos. Puedes descansar un momento allí, y el resto del camino hacia Valizas es la parte más divertida: es todo en bajada.

Antes de llegar a Valizas, ya sea que hayas ido por la costa o atravesando las dunas, tienes que cruzar el arroyo. Si no está crecido puedes atravesarlo caminando, pero en los días con mucha corriente, es preferible que no cruces nadando. Todos los días hay un señor con un pequeño bote que se dedica a cruzar a los visitantes desde una orilla hasta la otra.

fuente  rehoteles

Galería GrilloArte

GrilloArte es un espacio ubicado en la península de Punta del Este.
La Galería alberga a más de 60 artistas de gran prestigio y nivel internacional. Este año contaremos con la presencia de Felipe Giménez, Eduardo Hofmmann y Milo Lockett, entre otros.
GrilloArte se ha convertido en un moderno centro de exhibiciones; cuenta con 500 metros cuadrados distribuidos en cuatro niveles de exposición: ocho salas para muestras individuales simultáneas, patios de esculturas y una gran trastienda, también cuenta con sala de proyección audiovisual y espacio para diversos fines culturales. GrilloArte se caracteriza por convocar artistas contemporáneos y permanece abierto durante todo el año.

Galería GrilloArte

dirección
calle 28 entre gorlero y 20
punta del este · uruguay
teléfono
(+598) 42447590
website
www.grilloarte.com
e-mail
info@grilloarte.com

Paseos en Portezuelo

Camino a Casapueblo por la Interbalnearia hay un mirador panorámico con una de las vistas más impactantes de la zona, sobre la Sierra de la Ballena. A la izquierda, el horizonte de edificios de Punta del Este y la Isla Gorriti; a la derecha, los bosques y los cerros de Piriápolis. En medio, la infinita bahía. Vale la pena detener el auto y pararse a contemplar la belleza del paisaje. En el predio del mirador hay un busto de Juan Díaz de Solís, el primer conquistador del Río de la Plata.

Otro paseo interesante es el Arboretum Lussich, ubicado en la Sierra de la Ballena. Se accede por el Camino Lussich, que nace en la Interbalnearia, en el cruce de entrada al balneario Portezuelo. Hay que tomar en dirección contraria al mar. El arboretum es una de las mayores colecciones artificiales de árboles en todo el mundo, con varios centenares de especies exóticas y una gran reserva de flora autóctona. A lo largo del arboreto se divisan más panoramas increíbles de la bahía de Portezuelo. En el predio hay además un Museo del Azulejo Francés y un área didáctica  con la historia de lugar y de su legendario impulsor, Antonio Lussich.

fuente viajeauruguay

Arco del Sol, circuito turístico

El Arco del Sol propone una forma diferente de vivir la aventura y la emoción. En más de 200 kilómetros de campo y sierra, donde se podrá conocer la producción tradicional de la campaña: olivares, vid, agricultura y ganadería, los dejan entrever la nueva realidad de Maldonado.
Naturaleza, silencio, cultura e historia es la propuesta.
Durante el recorrido el visitante podrá disfrutar de una gran cantidad de aves, paisajes que hacen única a esta parte del departamento.

El territorio rural como espacio en el que se da la producción rural típica y la industrial, como la realizada por muy importantes emprendimientos productivos instalados en la zona.

Las localidades que integran el Circuito Arco del Sol son: Garzón, Aiguá, Pueblo Edén, Pan de Azúcar, Gregorio Aznárez y Balneario Solís.

maldonado.gub.uy