José Ignacio, un lujo de Maldonado

Desde los 26 metros de altura del faro, queda claro cómo se ha extendido eso que alguna vez fue un peñón solitario. Hoy José Ignacio abarca unas 36 manzanas y la profundidad de campo desde allí arriba tiene por un lado el mar, claro, y por el otro una sucesión de casas, en general lujosas, en donde no hace tanto había solo dunas.

De ser el hábitat de un farero solitario, hoy este punto a unos 60 kilómetros al oriente de Punta del Este se ha vuelto en la última década un concurrido, aunque exclusivo, balneario internacional.

José Ignacio tiene unos 40 habitantes permanentes que en temporada alta (que para el lugar es entre el 26 de diciembre y el 5 de enero) puede volverse una población de 1.500 personas. En un sábado de enero de los lindos puede llegar a recibir unos 8.000 turistas que se van con la caída del sol. La capacidad hotelera no es muy grande, por lo que pasar un día de playa es el plan más común.

Ese interés mundial y la belleza natural, han hecho que los precios de alquiler y de venta sean de altos para arriba. El metro cuadrado (que hace 40 años podía costar tres dólares, según dice José Secco de la coqueta posada Paradiso) está en los mil dólares. Los padrones son de 800 metros, por lo que saque la cuenta de cuánto sale un terreno.

“En 2001, compré un terreno por 55.000 dólares”, dice una antigua pobladora del lugar. “Hoy vale un millón”.

Como solo se puede construir una casa por padrón, la disponibilidad para alquilar es poca. De acuerdo a Ignacio Ruibal, agente inmobiliario e integrante de la Liga de José Ignacio, en el cambio del año, las casas se alquilan entre 10.000 y 70.000 dólares la semana.

Hay quienes pueden pagarlos. Acaban de irse James Murdoch, el hijo y heredero de Rupert Murdoch (el dueño de Fox y el Wall Street Journal, entre otros kioscos), Elon Musk, el multimillonario creador de Paypal, el sistema de pagos online más popular del mundo, y Martin Sorrel, el CEO de WPP Group, una multinacional de la publicidad y las relaciones públicas.

Los principales clientes (y promotores) del balneario siguen siendo los argentinos y, este año, los brasileños que, como en Punta del Este se hicieron notar. También se ve mucho paraguayo, chileno, estadounidense y europeo. José Ignacio es un verdadero balneario internacional.

“Este es un punto especial en el mundo”, dice Clo Dimet, de Paradiso. “Dicen que es como la Ibiza de la década de 1980”. Su socio, Secco, la compara también como una combinación de los Hamptons (en la costa este estadounidense) y St. Tropez. Tienen cómo saberlo, ya que su principal clientela es gente de mundo que tiene cómo comparar el destino.

“Es un pueblito de campo pegado a la playa”, dice Ruibal, quien como integrante de la liga es uno de los principales promotores de mantenerlo así. Desde 1993, el lugar tiene una serie de regulaciones estrictas para la construcción o la llegada de inversionistas, algo que se consiguió gracias, dice, “a una comunidad muy participativa”. Como “el 99% de los compradores de José Ignacio son consumidores finales”, vienen con otro compromiso.

Ruibal llegó al lugar en 1972, cuando solo había unas pocas casas, principalmente de gente de Rocha. Cuando volvió a fines de la década de 1980, “sentí tanta paz” que decidió radicarse en el lugar. Desde entonces ha trabajado para difundir “la marca José Ignacio” que consiste en un pueblo rural sobre el mar, de carácter familiar y con baja densidad de población. Ha conseguido tentar a muchos.

Varios coinciden en un par de momentos que indicaron que la aldea estaba transformándose. Uno fue que empezaron a comprar casas algunos famosos y millonarios argentinos (Mirtha Legrand, Amalia Fortabat), y más acá personalidades mundiales como Shakira y el escritor inglés Martin Amis. También ayudó la llegada de negocios gastronómicos que revolucionaron el mercado. Hoy ese lugar es La Huella, que fue elegido en el puesto 17 en la lista de Los 50 Mejores Restaurantes de América Latina que publica la William Reed Business Media. La buena comida siempre es un llamador para turistas de todo el mundo y La Huella ha colaborado, coinciden, en poner a José Ignacio en el mapa del turismo mundial. Recientemente, además, la cadena Vik inauguró un vistoso hotel sobre la playa Mansa.

Este jueves soleado, hay mucha gente. Y en el estacionamiento de la Brava pegado al faro, hay muchos autos argentinos y uruguayos, varios paraguayos (que parecen haberse volcado en sus grandes camionetas a Punta del Este y alrededores) y un par de brasileros.

“De noche esto se vuelve un barrio”, dice Ruibal, para quien eso es parte del éxito internacional del balneario. “En la plaza pueden estar jugando el hijo del magnate con el del comisario”, dice. El ambiente es familiar y la prohibición de abrir discotecas ayuda a la calma del lugar. Los extranjeros encuentran el encanto de lo distinto de un lugar que, dice Ruibal, “está tan lejos y tan cerca”.

“Es una aldea de lujo”, dice Clo Dimet, quien como muchos de los que viven o trabajan allí adora el lugar. Y mientras lo dice sirve la que, dice, es la mejor torta rogel del mundo. Tiene razón. Pero, más allá de los méritos indudables de su reposteria, todo en José Ignacio —la naturaleza, las casas, la playa, el faro, el mar— tiene una justificada tendencia a lo superlativo.

RURAL Y LUJOSO

Como bien dicen algunos de los entrevistados, José Ignacio es una combinación de lujo, ambiente rural y cierto aire de pueblo. En los últimos años han aparecido emprendimientos que lo han modernizado (el hotel Vik, por ejemplo) y hay tiendas sofisticadas (Matute) junto a la tradicional despensa de Manolo, una institución local. Es un balneario exclusivo, sí, pero también un hermoso lugar para visitar en plan gasolero. Y de paso cruzarte con alguna celebridad de las que andan por ahí tan lejos y tan cerca del mundo.

HISTORIAS

Un lugar donde los terrenos no valían nada

“Toda la gente que llegaba aquí era por la pesca”, dice María José Machado, hija de uno de los primeros pobladores de la zona. En esa época vivían 40 personas todo el año (igual que ahora) y “era el centro de todo un área rural”. Aún en la década de 1960, recuerda, “había una oficina de Aduanas para controlar que la gente no se llevara nada de los barcos encallados”. También estaba la policía, un almacén, un bar y la plaza “pero no muy definida”, apenas una manzana vacía.

Para los trámites, las compras y la escuela había que ir a San Carlos, de donde venía a pescar mucha gente “pero en general eran solo los locatarios”, hasta la década de 1980 cuando dejaron de ser tres o cuatro casas por manzana para comenzar un boom de construcción y el “malón” de turistas. Una de las primeras en instalarse, recuerda Machado, fue la princesa Laetitia DArenberg. Hasta mediados de la década de 1980, no había luz ni agua.

“Los terrenos no valían nada”, dice Machado. Aún en la década de 1980 se los podía permutar por un Chevette. Su padre fue propietario, por ejemplo, del único ómnibus que llegaba al lugar que usaba para venir con sus amigos a pescar. Así de provinciano era todo.

Comienza el festival de cine del balneario

Uno de los grandes eventos culturales de la temporada ocurren en el balneario y en Pueblo Garzón. Se trata del José Ignacio International Film Festival que es definido por sus organizadores como “una propuesta de vanguardia que propone la proyección de películas de prestigio y reconocimiento internacional”.

Se realiza en tres lugares: dos en José Ignacio (la Bajada de los Pescadores y la Chacra “La Mallorquina” y en la Estación de trenes de Pueblo Garzón.

La programación de este año incluye películas que no han sido estrenadas en Uruguay y vienen con mucho prestigio como Force Majeure de Ruben Ostrund, Mommy del canadiense Xavier Dolany Listen Up Philip de Alex Ross Perry. A eso hay que sumar una exhibición especial de la chilena Neruda de Manuel Basoalto y la uruguaya Retrato de un comportamiento animal de Florencia Colucci y Gonzalo Lugo. Conviene chequear el lugar de las exhibiciones en el sitio del festival www.joseignaciofilmfestival.com.

 fuente elpais

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La costa uruguaya y sus balnearios

1. Colonia y Santa Ana. Colonia, antigua y relajada, parece diseñada para caminarla una y otra vez. En la arquitectura de la ciudad está la síntesis de paisajes, cultura e historia. De 1680, el casco antiguo de la ciudad fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. En Colonia, una de las mejores actividades es alquilar una bici o una moto y llegar hasta el Real de San Carlos, donde está la Plaza de Toros, un proyecto inconcluso de Nicolás Mihanovich. Para alojarse, hay desde hoteles cinco estrellas hasta posadas con pileta en antiguas casonas. A 2 km del centro, la Playa Ferrando es cómoda, limpia y está rodeada por bosques. Santa Ana, uno de los balnearios del departamento de Colonia que sigue creciendo, ofrece playas de arena blanca, tranquilas y seguras sobre el Río de la Plata. Esta región de Uruguay es ideal para los deportes náuticos y la pesca.

2. Atlántida y la Costa de Oro. Tranquilas, clásicas, más económicas, las playas de la Costa de Oro, con Atlántida como capital, son una buena opción para quien busque servicios sin alardes, bosques, playas de arena fina y agua de río. A lo largo de 70 km sobre el Río de la Plata, la belleza natural y el particular estilo de la arquitectura, hacen de esta zona uno de los destinos más buscados por los uruguayos. Una larga lista de nombres invita a elegir: Salinas, Las Toscas, Solís, La Floresta son ideales para quienes se tienten con paisajes agrestes. El centro de la actividad nocturna está en Atlántida, con una buena cantidad de bares, restaurantes, pubs y casino. Entre diciembre y marzo, se pueden ver recitales de músicos uruguayos gratuitos y al aire libre. Las playas están sembradas de bosques de pinos y eucaliptos y mientras La Mansa tiene un mar calmo y un ambiente más familiar, La Brava es la preferida por los surfistas.

3. Piriápolis. Fundada en la belle epoque, en 1893, Piriápolis se hizo famosa en buena medida gracias al Hotel Argentino, que durante muchos años fue el más grande de América latina. Hospedarse allí hoy sigue siendo un clásico, casi tanto como el puerto y la rambla, de un estilo muy parecido al que por esos años se encontraba en el balneario francés de Biarritz. Una buena combinación de playas amplias y cerros, Piriápolis es ideal para unas vacaciones en familia. Los balnearios se ubican en una franja que va desde el arroyo Solís hasta Punta Negra, todos de arena y agua limpias. Otros nombres atractivos son Playa Grande, Playa Verde, y Punta Colorada. El cerro San Antonio balconea sobre Piriápolis: llegar hasta la cima en aerosilla y ver toda la ciudad desde arriba es un paseo precioso.

4. Punta del Este. Es uno de los principales balnearios de América y el más exclusivo de la región, a una hora y media de viaje desde Montevideo. En Punta del Este todo se combina para hacer de la ciudad una de las más glamorosas. Desde casonas del siglo XX hasta torres altísimas son parque de la arquitectura, tanto como el puerto, donde amarran los yates, hasta la avenida Gorlero y la Calle 20, un paseo de compras al aire libre también conocido como Rodeo Drive, donde conviven las marcas internacionales más sofisticadas: Versace, Kenzo, Christian Dior y Benetton, junto a lo mejor de la producción uruguaya. Punta del Este tiene variedad y cantidad de restaurantes, pubs, discotecas, galerías de arte y movida nocturna. También es un excelente escenario para propuestas culturales como el Festival Internacional de Jazz, que en 2015 año se hará entre el 8 y el 11 de enero, y el Festival Internacional de Cine. A pura naturaleza, Punta del Este tiene más de veinte kilómetros de costa y un paisaje de suaves ondulaciones. En el punto de encuentro de sus dos playas célebres, Mansa y Brava, se abre el océano Atlántico. Entre los imperdibles de este balneario hay que destacar los atardeceres en Casa Pueblo y, pese a que ya tiene algunos años de reconocimiento, la zona más agreste de José Ignacio.

5. La Paloma. Este balneario es famoso por más de un motivo: la simpleza, los atardeceres en la playa de La Balconada, el mar oceánico en La Aguada, las características del departamento de Rocha, del que es parte: miles de hectáreas de humedales, declarados Reserva de Biosfera por la Unesco. Además, es famoso por ser uno de los más familiares de la costa de Rocha, con opciones de alojamiento para todos los bolsillos. En La Paloma hay cine, casino y una avenida comercial que desemboca en el Faro. También hay playas para todos los gustos. La pesca artesanal, junto a la cercanía de paisajes de bosques y lagunas, le suman atractivo a La Paloma.

6. La Pedrera. En el km 227 de la ruta 10, en Rocha, La Pedrera es un balneario tan pequeño como encantador y algo exclusivo. Sobre un acantilado, las playas están bañadas por el océano Atlántico y, aunque mantiene dos balnearios clásicos, del Barco y Desplayado, creció y se expandió muchísimo en los últimos años. El centro de La Pedrera, con un aire antiguo, es un eje empedrado alrededor del que se levantan algunas casas viejas, negocios, el Club Social, sede de encuentros para Carnaval, y la iglesia. Y atención, porque esta zona se expande, una buena noticia. Al noreste de La Pedrera está Punta Rubia: dos kilómetros de playa, buenas olas para surfear o para caminar por la orilla. En las noches de verano, la pesca a la encandilada es una de las actividades preferidas en Punta Rubia. Ya hay luz eléctrica en casi todo el balneario y calles de ripio. Otro de los sitios recomendados es Santa Isabel, llena de vegetación y una extensa playa protegida por dunas de arena clara. Por ahora, sólo hay luz en las dos primeras cuadras desde la ruta y algunos servicios básicos, como un almacén. Más lugares para conocer, alrededor de La Pedrera, son Oceanía del Polonio y Pueblo Nuevo.

7. Barra de Valizas. Dunas enormes. Todo el mar. Barra de Valizas es, quizá, el más rústico de los balnearios uruguayos. Un auténtico pueblo de pescadores y artesanos, pese a que tiene una costa que realmente impresiona. Es una playa para “desenchufarse” del mundo, sin calles trazadas y en medio de paisajes agrestes y fuertes, ideales para el ecoturismo. Como a todo balneario bohemio, no le faltan opciones nocturnas, especialmente la música en vivo en pubs. El arroyo Valizas, en el que se mezclan agua dulce y agua salada, es uno de los puntos clave de la pesca de camarón, típica de la zona. En pequeños restaurantes, tan rústicos como el balneario, se puede comer comida casera, mariscos y pescado. Valizas está a 271 km de Montevideo. Desde La Paloma, hay que recorrer 49 km por la ruta 10. Se llega a este poblado de unos 400 habitantes, en el que las opciones de alojamiento van desde cabañas hasta posadas, después de un camino de acceso de 3 kilómetros.

8. Cabo Polonio. Sobre el kilómetro 264.5 de la ruta 10, en Rocha, está la entrada a Cabo Polonio, la terminal de micros y el estacionamiento tarifado. Desde 2009 Cabo Polonio integra el Sistema Nacional de Areas Protegidas, que busca minimizar el impacto del turismo. La franja de dunas que recorre la costa conforma el Monumento Natural Dunas de Cabo Polonio. Todo esto hace que esté prohibido el ingreso de autos particulares: sólo se puede llegar al Cabo en camiones abiertos que transitan unos 7 km y, de paso, regalan un paseo panorámico rodeando las dunas y el bosque. Agrestes y ecológicas, las playas de Cabo Polonio son silenciosas, de arena blanca y fina. La Playa Sur es la más amplia y, también, la más poblada de barcitos y restaurantes rústicos, que abren en verano. Es, según cuenta la página www.portaldelcabo.com.uy, la zona de “las casas blancas, de techos blancos y postal de bienvenida (y despedida) de los turistas que ingresan en camiones o caminando por el bosque”. Las opciones de alojamiento son muy simples y, un detalle que hace del Cabo Polonio un lugar único en la costa uruguaya, no hay alumbrado público.

9. Punta del Diablo. Nació como un pueblo de pescadores en los años 40 del siglo pasado. Punta del Diablo es uno de los balnearios que más crecimiento tuvo, en gran parte gracias al “boca a boca”. Sin dejar de tener un ambiente descontracturado, hay una gran oferta de cabañas, hoteles y posadas, a tono con el aire informal y pintoresco de las calles, sin veredas ni pavimento. Punta del Diablo es uno de los mejores lugares de la costa uruguaya para la práctica del surf, especialmente en las playas de la Viuda y del Rivero, donde el oleaje es más fuerte. Y, en la Playa de los Pescadores, se pueden ver las embarcaciones prontas a salir al mar. La pesca aquí es de pequeños tiburones, lenguado, brótola y pescadilla. Otro paseo es una caminata por las rocas, para llegar a un pequeño cerro con una vista panorámica al océano y bajar a Playa Grande, una de las cuatro del Parque Nacional Santa Teresa. En Punta del Diablo hay una terminal de micros, almacenes, supermercados, farmacia, asistencia médica y cajero automático. Se accede por la ruta 9, a la altura del kilómetro 298.

10. Barra del Chuy. La Barra del Chuy, el más oceánico de los balnearios uruguayos, está muy cerca de lugares de una enorme belleza natural, como el Parque Santa Teresa y el Fuerte San Miguel, con un puente levadizo y una colección histórica que recuerda el paso por Uruguay de españoles y portugueses. Casi en la frontera con Brasil, otra de las tentaciones son los free-shops del Chuy. De playas extensas de mar abierto, arena fina y dunas, los turistas buscan la rusticidad y la naturaleza. El modo de alojamiento va desde el camping y complejos de cabañas hasta una gran oferta de casas para alquilar, por día o por temporada.

sinmordaza

 

ROCHA Travesía de Cabo Polonio a Valizas

Para llegar a Valizas desde Montevideo, vamos por  la ruta Interbalnearia hacia el Este hasta bifurcación con Ruta 9 hacia el Chuy.En el kilómetro 265 de la Ruta 9 doblar a la derecha en el empalme a la ruta 16,antes de llegar a aguas dulces doblar a la derecha por la ruta 10 a 6 Km.

Para llegar a Cabo Polonio desde la ruta interbalnearia, solamente se puede acceder en los vehiculos 4X4 que estan el la terminal en el kilometro 264 de la ruta 10.

Cabo Polonio y Valizas son los balnearios que no puedes dejar de visitar si estás de vacaciones en la costa uruguaya. Son dos destinos turísticos con playas oceánicas, en un entorno rústico y lugareño, rodeados de inmensas dunas y hermosos paisajes. Si tienes un itinerario demasiado apretado y no te puedes alojar en ambos sitios, te proponemos que hagas una travesía a pie entre las dunas que separan a estos balnearios vecinos. Si te estás hospedando en Cabo Polonio, puedes visitar Valizas, o hacer el recorrido inverso.

Atracciones de Cabo Polonio

 

Cabo Polonio es una reserva natural, allí no hay electricidad y tampoco llegan las cañerías del agua. No hay un camino asfaltado que comunique el pueblo con la ruta 10. Para llegar hasta este destino puedes entrar desde la ruta caminando siete kilómetros entre las dunas de arena, a caballo, o contratando el servicio de jeeps, únicos vehículos autorizados a entrar al lugar.

Una vez en Cabo Polonio puedes dedicarte a tomar sol o disfrutar de las olas de la playa, hacer surf, pescar, y comer comida casera en alguno de los pequeños e improvisados restaurantes. Puedes practicar sandboard en las enormes dunas que rodean el sitio, o alquilar caballos para recorrer la agreste zona.

Tienes que subir al faro para contemplar el panorama y las tres islas que se ubican justo en frente, y visitar a los lobos marinos que se encuentran descansando entre las rocas de la punta. Los locales de artesanía y los boliches nocturnos, donde la caipiriña es la protagonista, son otras de las atracciones de Cabo Polonio.

Atracciones en Valizas

En Barra de Valizas, popularmente conocido como el balneario de Valizas, sí llega el agua corriente y la electricidad, pero no todas las casas la usan. Tiene el mismo carácter agreste que la población de Cabo Polonio. Valizas se ubica en el tramo final del arroyo del mismo nombre, y se accede fácilmente desde la ruta 10. Aquí llegan los transportes colectivos y puede entrar libremente cualquier vehículo.

En Valizas hay una mayor variedad de servicios turísticos, hay posadas, campings, cabañas y casas para alquiler, restaurantes, boliches y por supuesto, muchos locales y puestos callejeros de artesanías. Es un excelente sitio para comer mariscos y pescados. La especialidad local es el cangrejo sirí, que se pesca en abundancia en el arroyo.

En este balneario las aguas son un poco más templadas, porque el océano mezcla sus aguas con el agua dulce del arroyo Valizas. Para los aventureros y los amantes del buceo, hay cantidad de naufragios que se pueden visitar en los días de marea baja, cuando el agua está bien clara.

Travesía a pie desde Cabo Polonio a Valizas

Una travesía popular entre los uruguayos que veranean en estos balnearios, consiste en cruzar las dunas que separan ambos sitios a pie. Puedes hacer el recorrido siguiendo la costa a lo largo de diez kilómetros, o atravesar directamente las dunas, acortando dos kilómetros del camino. Lo ideal es hacer un camino a la ida y otro a la vuelta, porque ambos ofrecen panoramas bien distintos que valen la pena contemplar.

Saliendo desde Cabo Polonio hacia Valizas, tienes que dirigirte hacia el norte bordeando la costa. Camina por la playa hasta aproximarte a la península que separa a los balnearios. Allí tienes dos opciones, puedes continuar por la costa y rodear todo el cabo por la playa, o atravesar las dunas, acortando camino, pero subiendo unos cuantos metros empinados.

Si sigues bordeando la playa, puedes darte un baño en las pequeñas bahías que se forman en la punta. Los que han hecho esta travesía afirman que se trata de las playas más bonitas de la costa. Si sigues por las dunas, tienes que tomar el Cerro de la Buena Vista como referencia para cruzar y no perder el rumbo. Se trata de una formación de granito que sobresale en el paisaje, asomándose en la cima de la duna más grande de arena. Así que no tendrás dificultades para identificarlo, encuentra el sitio más alto y dirígete hacia allí.

Una vez en el Cerro Buena Vista, puedes trepar hasta la cima de la formación de piedra y disfrutar de una vista panorámica increíble del océano, de las dos poblaciones, las extensiones de arena, el zigzagueante arroyo Valizas y los montes nativos. Puedes descansar un momento allí, y el resto del camino hacia Valizas es la parte más divertida: es todo en bajada.

Antes de llegar a Valizas, ya sea que hayas ido por la costa o atravesando las dunas, tienes que cruzar el arroyo. Si no está crecido puedes atravesarlo caminando, pero en los días con mucha corriente, es preferible que no cruces nadando. Todos los días hay un señor con un pequeño bote que se dedica a cruzar a los visitantes desde una orilla hasta la otra.

fuente  rehoteles

Playa Mansa y Playa Brava

Las más conocidas son Playa Mansa y Playa Brava y ambas hacen honor a sus nombres. “La Mansa”, como suele denominársele, es ideal para niños y para quienes desean tomar un placentero baño de mar. Sus aguas bañan la Bahía de Maldonado y la Isla Gorriti. “La Brava”, desde la cual se divisa la Isla de Lobos, es para quienes gustan de las aguas más picadas del océano Atlántico. En invierno, sus olas son el paraíso de aquellos que practican tabla vela.

En estas playas se congregan familias enteras con sus niños, amigos que se juntan para tomar sol y bañarse y aquellos que gustan de practicar deportes acuáticos de todo tipo. Contemplar el amanecer o atardecer es un espectáculo imperdible e inolvidable.

La mayoría de estos lugares ofrece pequeños restaurantes que proveen servicio de playa para satisfacer los antojos costeros de los visitantes. Si bien es cierto que las playas cercanas a la ciudad pueden estar un poco concurridas, sólo se necesita viajar una corta distancia para encontrar una franja costera casi virgen. A menos de 30 kilómetros al este de Punta del Este, José Ignacio muestra a aquellos van en busca de una breve pausa del destello de los casinos y las discotecas un marco natural encantador.

fuente wikipedia

Playa de Portezuelo

Entre la mítica Punta Ballena y la agreste Punta Negra se encuentra la Playa de Portezuelo, uno de los lugares más bonitos de la costa uruguaya para contemplar la puesta de sol. Está a la altura del kilómetro 117 de la Interbalnearia, antes de llegar a Punta del Este, 5 kilómetros después del Aeropuerto Laguna del Sauce. La zona es también conocida como Solanas debido a la emblemática Hostería Solana del Mar, que allí se ubica. No obstante, la playa Solanas está antes de la playa de Portezuelo, si bien forman parte de la misma bahía.

Aunque se ha popularizado mucho desde los años ochenta, Portezuelo conserva su aire tranquilo y relajado, lejos del ritmo vibrante de la Península pero a solo 20 minutos de todos sus atractivos. Claro que Portezuelo también tiene su microcentro sobre la Interbalnearia, con varios servicios que incluyen un supermercado, estación de servicio y locales gastronómicos de alta gama. Hay excelentes opciones de hospedaje como el Solanas Vacation Club, Portezuelo Nuevo Hotel, La Solana o Solana Forest Resort. Además, enormes casas de veraneo entre jardines boscosos, desde las más tradicionales hasta las de arquitectura más moderna.

La Bahía de Portezuelo tiene una playa de agua clara y arena húmeda, que en verano se puebla de sombrillas y reposeras elegantes, vendedores de vestidos, paradores con buena música, deportistas bronceados. Por su condición de puerto natural, las actividades acuáticas son un gran atractivo de Portezuelo. Se puede practicar todo tipo de deportes (motorizados o no), aunque para ingresar con equipamiento a motor a la playa hay que hacerlo por la zona establecida por prefectura, hacia el extremo de la playa sobre Punta Ballena, área denominada La Rinconada.

fuente.viajeauruguay.com

Las Grutas de Punta Ballena

Se encuentra a 8 km de la ciudad de Maldonado, en Uruguay. El agua, en constante fuga, quebró los acantilados y dejó en la orilla un collar natural de grutas marinas sorprendentes.
Las Grutas de la Ballena son cavernas espaciosas y laberínticas de techos abovedados y profundos pasadizos. Los antiguos propietarios de esta ladera, en la década de los 60, construyeron en las grutas el club privado más glamoroso de la época, donde se daban cita el lujo y las fantasías del jet set más selecto.

La gruta elegida con una abertura de 6 metros de alto por 5 mts de ancho –antes refugio de pescadores- se transformó en una suntuosa boite con pistas de vidrio y piletas de agua salada.

El crecimiento urbano del área ha propiciado la construcción de terrazas enclavadas a la costa sobre todo en la pendiente que mira a Portezuelo. Sobre una línea más alta, recorre la península una ruta panorámica con un pequeño estacionamiento.
Podrás disfrutar de una privilegiada vista, hacia la Bahía de Maldonado de y hacia la Bahía de Portezuelo del Cerro Pan de Azúcar. Por suerte hoy es una zona libre de construcciones, ya que los terrenos de la punta rocosa pertenecen al municipio.

Encontrarás próxima a la Sierra de la Ballena, una de las playas más importantes: Chiringo. Con exclusivas posadas con servicio de bar y restaurante que son el refugio ideal para los días de fuertes vientos, ya que gracias a la sierra se transforma en un resguardo natural.

Isla de Gorriti

En la bahia de Maldonado, a 2 km de la costa de Punta del Este y formando parte de todas las postales de la playa mansa, se encuentra la Isla de Gorriti.
Tiene dos playas, una “Playa Honda” que no es visible desde la costa y otra “Puerto Jardín” en el lado norte de la isla.
Tiene una superficie de 21 hectáreas que puede ser recorrida por los visitantes que desembarcan en ella tras un corto viaje desde el puerto de Punta del Este, para disfrutar de una naturaleza inigualable y de sus dos hermosas playas
La isla fue conocida por diferentes nombres a través del tiempo: “Islas de las Palmas” e “Isla de Maldonado”. A mediados del siglo XVIII es enviado prisionero a ella el Capitán Don Francisco Gorriti, acontecimiento que impondrá poco a poco su nombre actual de Isla de Gorriti.
A través de la investigación arqueológica, construcciones de más de 200 años van descubriendo sus restos: Baluartes Militares (baterías, polvorines, cuarteles), Establecimientos Civiles Industriales (habitaciones, almacenes y hornos de la Real Compañía Marítima), restos de viviendas correspondientes al siglo pasado…

Playa Chihuahua

A minutos del aeropuerto internacional de Punta del Este con costa a la Bahía de Portezuelo, en un entorno natural de arenas,mar, bosques, arroyo y con muy fácil acceso en auto hasta la playa, a solo 1km de la autopista ínterbalnearia, se encuentra la Playa Naturista Chihuahua o playa nudista Chihuahua (Mapa) . Un destino obligado para aquellos que aman la naturaleza . Esta zona cuenta con un clima templado de cuatro estaciones y que debido a los cambios climáticos el frío es cada vez menor, alcanzando ,ocasionalmente, temperaturas de 25°en invierno . Esto permite alargar la temporada de uso de la playa.Es importante destacar la gran variedad de aves silvestres que hay a orillas del arroyo “El Potrero ” : garzas, cigüeñas, patos, cisnes de cuello negro etc. etc .y el impactante sonido que éstas emiten al atardecer. Un verdadero paraíso para los amantes del avistamiento de aves !.El arroyo” El Potrero ” es el desagüe de la “Laguna del Sauce”que a su vez se alimenta del agua que baja de las sierras.Todo el lugar se conserva ecológicamente limpio.

El lugar está ubicado a minutos del aeropuerto internacional de Punta del Este, a 15 minutos de ciudades como Piriápolis, Maldonado y Punta del Este, con todo lo que implica en cuanto a posibilidades de esparcimiento (casinos, centros comerciales, cines,etc), pero sin embargo, logrando preservar el silencio y la calma de los lugares alejados del ruido.Son 2000m de playa nudista hacia el este del arroyo El Potrero.

Es una playa naturista que invita al visitante a comulgar el nudismo con la naturaleza, en el lugar reina el respeto hacia los demás y los asiduos visitantes, entre las que se encuentran familias con integrantes de todas las edades buscan un contacto natural con el entorno.

playachiuahua.com

Solanas, la playa de los niños

Vacaciones. El lugar más divertido de la costa, pensado para entretener a los más chicos… para alegría de los padres
Solanas, una playa que le debe mucho al arquitecto catalán Antonio Bonet, es casi un parque de diversiones gratuito y en un lugar privilegiado de la costa. Mientras los niños pescan aguavivas, construyen castillos en la arena o se entretienen con las propuestas de los recreadores, los adultos pueden disfrutar, agradecidos, del verano
Bajamos a Solanas, donde el hotel y parador construido por el arquitecto catalán Antonio Bonet, impone su belleza en líneas rectas y proporciones exactas. Dos pisos con un salón restaurant de doble altura, vidriado, con plantas que desde adentro decoran los ventanales, y ambientación de época.

Todo un homenaje al arquitecto catalán que, con esta obra y la urbanización lindante, Portezuelo, completó su sueño y dejó un legado inalterable: la manera de intervenir un bosque costero respetando los dueños del lugar: el mar y los árboles.

En realidad Solanas es un derivado popular del verdadero nombre de la playa que es el del parador Solana del Mar. Lo que parecía a primera vista como un elegantísimo espacio frente al mar fue cambiando a medida que nos acercamos a la playa.

Solanas (definitivamente con s) es la playa más ruidosa y divertida que visitamos en nuestra recorrida. Es el paraíso de los niños y es casi imposible estar allí sin moverse y seguir el ritmo contagioso de alguna canción de moda que los parlantes emiten a altísimo volumen.

Es que la playa está ocupada por las sombrillas de un resort cercano, un tiempo compartido muy familiar, que contrata un equipo de entrenadores y guías para niños de diversas edades.

Ellos se ocupan de hacerles juegos, competencias con aros, carreras con obstáculos y, de este modo, los padres descansan tranquilos sabiendo que sus hijos están cuidados.

Pero además hay un enorme pelotero con dos canchas para que los varones de entre 10 y 16 jueguen todo lo que quieran, evitando que un pelotazo arruine la cirugía estética recién hecha de alguna señora o golpee trágicamente a alguien.

No solo los niños son cuidados y entretenidos por el personal del resort. También padres y adolescentes tienen su cuarto de hora cuando dos jovencitas de cuerpos esculturales les dan clases de gimnasia, al ritmo de vibrante música, mientras indican los movimientos: “Brazos arriba, uno, dos y tres; dos pasitos al costado, derecha, izquierda, abajo”.Y por lo visto, es tan divertido seguir el movimiento como equivocarse rotundamente y tener que volver a subirse al ritmo de la clase.

Constructores
Pero este ambiente donde los niños son privilegiados se contagia mucho más allá de las clases e instructores.

Los chicos son los reyes, y su imaginación, el reino de la fantasía. Como en ninguna otra playa volvimos a ver castillos de arena, fortalezas, ampliaciones, canales comunicantes: un mundo propio a menos de cincuenta centímetros del suelo, y agitados constructores trabajando con ahínco.

La arena, ese día, estaba llena de aguavivas que notoriamente habían sido sacadas del mar horas antes. Pronto descubrimos al otro batallón de trabajo forzado: los chicos con redes de colores que se meten al mar a “pescar” aguavivas. Seguramente sus padres les regalaron la red, tipo medio mundo, para fines más deportistas, como pescar mojarritas, pero los chicos le encontraron esa utilidad inmediata y llenaron la orilla de aguavivas que se derretían al sol.

No solo los niños se divierten. Adolescentes y adultos juegan paleta, hablan por celulares, leen libros o arman mesitas bajas para jugar al dominó. Todo parece bullir en esta playa que no da tiempo al reposo y completa la diversión con viandas, heladeritas repletas de bebidas heladas y vendedores ambulantes.

La clave es que la arena es blanca y fina, y es imposible llegar a una profundidad peligrosa ya que se puede caminar cuadras con el agua no más arriba de la rodilla. Solo midiendo menos de 50 centímetros puede llegar alguien a no hacer pie a 100 metros de la orilla.

El mejor parque de diversiones que vimos al aire libre, fresco y gratuito.

http://www.larepublica.com.uy