¿Qué me dicen mis rodillas?

¿Qué conflicto emocional vivo?
Si presento cualquier síntoma en mis rodillas, estoy viviendo un conflicto emocional de desvalorización relacionado con la acción de arrodillarse, de doblegarse a los demás, de someterse a alguien o a algo (siempre que esta acción no implique un honor).
Son conflictos de obediencia, de sumisión a la autoridad real o simbólica. Situaciones de imposibilidad de actuar según los propios deseos, resistencia a someterse a la ley del padre.
“Me obligo a hacer” o “me obligan a hacer”. Es una muestra de mi “sometimiento”. De lo que me “pesa” hacer. Siento que debo entregar resultados obligadamente, y que si dejo de hacer algo le fallo a los demás y me fallo a mí mismo.
Me quejo y puedo contestar, reclamar, incluso puedo decir o gritar que ya no haré más tal cosa, pero la sigo haciendo.

Las rodillas en sí mismas, representan mi flexibilidad, mi amor propio, mi orgullo, y mi testarudez, por lo que cualquier síntoma en ellas, significa que no puedo ser flexible, me lastiman mi amor propio, me hieren en mi orgullo.
Indica problemas en la adolescencia, relacionados sobre todo con la sumisión al padre, la obligada obediencia y el deseo de no ceder.

¿Cuál es la emoción biológica?
Si hay inflamación, la situación se vive con rabia; si además aumenta el líquido sinovial, tendremos en cuenta los referentes de la persona; una distensión de ligamentos alude a una desvalorización que debilita en el futuro.
Cualquier síntoma que perjudique la función de mis rodillas, es una señal de que no soy flexible a la hora de planear mi futuro. Si a mí me duelen las rodillas quiere decir que soy una persona necia, testaruda y que prefiero el dolor a doblegarme ante ideas o consejos de los demás. Este dolor me dice que debo ser más flexible y me impide doblegarme/arrodillarme ante quien no deseo hacerlo, me ayuda a estar en COHERENCIA (Sentir, pensar y hacer lo mismo).
No tengo por qué tener miedo de perder el control si acepto ideas nuevas de los demás y si me permito enfocar mi futuro. Debo dejar de pensar que doblegarme ante nuevas ideas, significa arrodillarme ante nada o nadie o bien aparecer como persona sumisa.

Siempre iremos a buscar la historia que hay detrás de la historia de cada cliente, de cada caso. Mi dolor en las rodillas:
– Puede ser mi miedo a ser como mis padres.
– Puede ser mi negativa a cuidar a mi madre o padre.
– Puede ser mi negativa a abandonar el hogar.
– Puede ser mi falsa idea de que no puedo hacer mi vida por cuidar a mis padres.
– Puede ser por obligarme a cuidar mis hijos aunque ellos ya tengan 30 años.
– Puede ser por obligarme a cuidar a mis nietos cuando no son mi responsabilidad.

¿Cómo libero esa emoción?:
Dejar de ser obstinado y orgulloso, comprendiendo que me estoy haciendo daño por no cambiar mis creencias. Primero hago las cosas por gusto, luego me obligo a hacerlas, luego me obligan a hacerlas y mientras tanto, yo me hago más daño cada día.

“Puedo cocinar por gusto cuando me caso. Después, puedo cocinar hasta que mis hijos se casen y hagan su vida, pero luego me descubro cocinando para mis hijos, yernos y nueras todos los días, porque a eso los acostumbré, y luego, llega el día en que si yo no cocino, me reclaman. Debo ser flexible pero muy determinante, para dejar en claro que cuando yo hago una cosa por gusto lo disfrutaré, pero que dejaré de hacer eso que me pidan o yo decida, cuando ya no sea algo que disfrute”. “Puedo ser un hijo cariñoso, hacer mi vida con quién me parezca, visitar a mi madre con gusto los fines de semana, pero que mi madre me obligue a visitarla todos los fines de semana porque “es costumbre familiar” (su costumbre, claro) e impedirme con eso hacer lo que realmente quiero con mi esposa e hijos, no se vale y no lo permito”.

Las personas que sufren de las rodillas, SIEMPRE hacen cosas obligadas por alguien más u obligadas por sí mismos:
– Debo obedecer a mi jefe, me someto ante lo que quiera.
– Tengo que llevar a mi madre al doctor, cuidarla, llamarla…
– Tengo que limpiar rápido, antes de que llegue mi marido.
– Debo llevar a mi nieta a la escuela porque mi hija no puede.
– Tengo que “agacharme” para pedir dinero a mis padres.

¿Qué conflicto emocional estoy viviendo?
Sumisión. Problemas ligados a la adolescencia (donde se concentra la autoridad), “Estoy en sumisión y no quiero ceder, ¡no! y ¡no!”. Están los cuatro puntos de desvalorización: Evaluación, Resultado obligatorio Falta de respeto, La dirección.  Hay que buscar gestos habituales de las personas, como por ejemplo, subir escaleras, saltar vallas…

RESENTIR
“No puedo hacer lo que quiero”.
“No quiero someterme a la ley del padre (real o simbólico)”.
“Me gustaría tener un poco más de dulzura en mi sumisión”.
“Estoy de acuerdo en someterme, pero dulcemente”.

CONFLICTOS
1. La desvalorización, que es el resultado que quiero.
2. La sumisión.
3. La adolescencia.
4. La dirección: Conflictos de elección (profesional, sentimental, sexual, pero a nivel de emociones)

LA LATERALIDAD
Rodilla derecha en una persona diestra: “Yo he querido irme, he deseado irme pero no he podido”. Acción contrariada “¿A qué me obligan?”.
Rodilla izquierda en una persona diestra: “Me he ido pero siento haberme marchado”. Deseo contrariado ¿A qué me obligo?”.

En una persona zurda se invierte en ambos casos. Para un zurdo, la rodilla derecha nos da una información de deseo contrariado y la izquierda de acción contrariada.

Problemas en las Articulaciones, representan cambios en la orientación de la vida, y la dificultad con que se llevan a cabo. Resistencia al cambio. Los cambios producen miedo.

Artrosis de rodilla o Gonartrosis: No me respeto lo suficiente. Conflicto: Sumisión. Resentir: “Por favor, un poco mas de humalidad, flexibilidad…”, “Estoy de acuerdo en someterme, pero va demasiado rápido…”, “Por favor pare”.

Enfermedad de Osgood Schalatter: Esta enfermedad específica es una tendinopatía de inserción, y que afecta a pacientes de entre 10 y 16 años; (La lesión se produce en la zona de inserción del tendón rotuliano en la tuberosidad tibial). El tendón tira y arranca el Periostio. El dolor, en este caso, se manifiesta durante y después del ejercicio. Conflicto: Desvalorización en lo que hago en el presente + sumisión durante varios meses. Resentir: “No quiere pasar por la ley del padre, no quiere doblegarse, no quiere someterse”, “soy nulo”, “no he consigo resultados”, “me he sentido impotente”… y además “me ha faltado al respeto”.

Cápsula articular:
Su función es la protección, “no tengo protección”.

Sinovitis. Derrame sinovial en la rodilla: Me mostré sumiso y me arrodillé ante algo o alguien.
Conflicto de sumisión con una tonalidad de querer que todo se calme, que se arregle suavemente. Fabrico más lubricante (aceite, agua, referentes…). Añadimos conflicto de falta de protección. Resentir: “Quiero ser más aceptable”. “Me gustaría tener un poco más de dulzura en mi sumisión, por favor”. “Estoy de acuerdo en someterme, pero dulcemente”.

Las Mesetas Tibiales:
Tiene forma de balanza: Simbólicamente es la justicia, la falta de equilibrio (obligada a aceptar una situación injusta, quiere ser madre pero no cree en la familia… Conflicto: Sumisión. Resentir: “No puedo hacer lo que quiero”, “No quiero someterme a la ley del padre”
También podemos valorar la asociación de la tibia con la “madre”.

Los meniscos:
Los conflictos se relación con su función de “adaptar” el movimiento y “amortiguar” el impacto del peso. Son situaciones de imposibilidad de adaptarse a las órdenes o amortiguar el exceso de presión.

La rótula o patela:
Se relaciona con un aspecto de futuro, con proyectos, con no poder o no tener derecho a organizar el futuro, “romper” los proyectos de futuro (en caso de fractura).

Ligamentos cruzados: Cruce de caminos, cruce de especies, cruce de hierro (espadas), cruce de miradas. Ejemplo de un caso del Dr. Slomon Sellam: Una mujer que trabaja en la seguridad social y viene a verme porque ha sido operada dos veces de los ligamentos cruzados porque se han roto las dos veces. Tiene una rodilla muy hinchada, le duele mucho y se cuestiona que si la cirugía no ha funcionado debe haber algo psicosomático. Lo pruebo todo y me queda un último recurso. Cojo un diccionario sobre la lengua francesa, tres tomos sobre el origen y significado de las palabras. A veces la clave está en ello. Busco “cruzados”, el problema no está en el ligamento y le leo el texto. Habla de un cruce de caminos, del cruce de especies, del cruce de hierro (combate de espadas), cruce de miradas, y en ese momento, con la palabra “cruce de miradas” veo que empieza a cambiar, es la palabra que abrió el expediente. Le preguntó qué pasa y empieza a temblar, a sudar… Me cuenta una historia emocional muy fuerte. Ahora tiene 45 años, pero cuando era adolescente estaba enamorada de Pedro. Era guapísimo, inteligente, agradable y todas las chicas le admiraban. Ella estaba muy enamorada, pero nunca se atrevió a decirle nada porque otras le pasaban delante y siempre guardó el amor platónico en su interior. Ella se casa, tiene hijos y una familia. Un día saliendo del trabajo reconoce a Pedro en la calle, pero Pedro ha cambiado mucho, es un vagabundo, sucio, con barba y pelo largo… y ella está en la misma acera y no sabe si va a reconocerla. Ella está desamparada de reconocer a su amor de juventud y tiene miedo de cruzar la mirada y de que la reconozca. Cuanto más avanza más aumenta su estrés porque van a cruzarse, y ella teme que la reconozca y no sabe qué va a sentir. El momento crítico será cuando se crucen. Una vez se cruzaron su miedo había pasado. En ese momento en su cerebro hay dos estructuras que se cruzan, la mirada y los ligamentos cruzados de la rodilla que determinan dirección. Por esto la palabra es muy importante y cada persona reaccionara a uno diferente. Para el cerebro es lo mismo. En el cerebro hay dos lugares que se cruzan: el nervio óptico, a nivel del quiasma óptico y los ligamentos cruzados de la rodilla. El cerebro elige la rodilla, creo que se porque es más fácil de gestionar, no es rentable perder la vista por un conflicto así, los ojos son más importantes. Además en el estrés del momento, el cerebro ha registrado marchar en la dirección y es en la adolescencia que ella estaba enamorada.

Genu valgo: Memorias de incesto o violación. Resentir: “Intentan evitar una violación”. Son pistas bastante delicadas, y son conflictos transgeneracionales. El problema es de cadera, no de rodilla, pero se expresa en la rodilla. Hay que descodificar la cadera (conflictos de oposición).

Genu varo: Conflicto: Tener hijos. Resentir:”Me hubiera gustado tener un hijo”. Al igual que en el genu valgo, se trabaja con la cadera.

Hiperlaxitud: Hablamos del Síndrome de Hiperlaxitud cuando existen una serie de síntomas que acompañan a la hiperlaxitud articular. Estos síntomas son muy diversos y se localizan tanto en el aparato locomotor (dolor articular, esguinces, luxaciones y subluxaciones frecuentes, dolor de espalda, lesiones de tejidos blandos como bursitis, epicondilitis…) Resentir: “Como soy yo el que está en el interior, quiero salir de esta situación”, “Quiero más libertad”.

Bursitis: Inflamación de la bursa (estructura en forma de bolsa que se sitúa entre huesos, tendones y músculos, con una función facilitadora del movimiento de estas estructuras entre sí. Añadir el significado de la articulación en que se encuentra + Cólera reprimida, deseos de golpear a alguien.

LOCALIZACIÓN
La cara interna de la rodilla tiene un matiz de oposición con ira.
La cara externa, sobre la cabeza del peroné, rencor ante una situación a la cual no quiero someterme.
La zona posterior (hueco poplíteo) es sumisión con relación al territorio.
La cara anterior de la rodilla, significa no querer rendirse.

mireyalarruskain.com

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Resiliencia: Los 12 hábitos de las personas resilientes

A veces la vida nos pone a prueba, nos plantea situaciones que superan nuestras capacidades: una enfermedad, una ruptura de pareja particularmente dolorosa, la muerte de un ser querido, el fracaso de un sueño largamente anhelado, problemas económicos… Existen diferentes circunstancias que nos pueden llevar al límite y hacer que nos cuestionemos si tenemos la fuerza y la voluntad necesarias para continuar adelante. En este punto tenemos dos opciones: dejarnos vencer y sentir que hemos fracasado o sobreponernos y salir fortalecidos, apostar por la resiliencia.

La resiliencia es una capacidad que nos permite afrontar las crisis o situaciones potencialmente traumáticas y salir fortalecidos de ellas. La resiliencia implica reestructurar nuestros recursos psicológicos en función de las nuevas circunstancias y de nuestras necesidades. De esta manera, las personas resilientes no solo son capaces de sobreponerse a las adversidades que les ha tocado vivir, sino que van un paso más allá y utilizan esas situaciones para crecer y desarrollar al máximo su potencial.

Para las personas resilientes no existe una vida dura, sino momentos difíciles. Y no se trata de una simple disquisición terminológica, sino de una manera diferente y más optimista de ver el mundo ya que son conscientes de que después de la tormenta llega la calma. De hecho, estas personas a menudo sorprenden por su buen humor y nos hacen preguntarnos cómo es posible que, después de todo lo que han pasado, puedan afrontar la vida con una sonrisa en los labios.

¿Cómo podemos ser más resilientes?

La resiliencia no es una cualidad innata, no está impresa en nuestros genes, aunque sí puede haber una tendencia genética que puede predisponer a tener un “buen carácter”. La resiliencia es algo que todos  podemos desarrollar a lo largo de la vida. Hay personas que son resilientes porque han tenido en sus padres o en alguien cercano un modelo de resiliencia a seguir, mientras que otras han encontrado el camino por sí solas. Esto nos indica que todos podemos ser resilientes, siempre y cuando cambiemos algunos de nuestros hábitos y creencias.

De hecho, las personas resilientes no nacen, se hacen, lo cual significa que han tenido que luchar contra situaciones adversas o que han probado varias veces el sabor del fracaso y no se han dado por vencidas. Al encontrarse al borde del abismo, han dado lo mejor de sí y han desarrollado las habilidades necesarias para enfrentar los diferentes retos de la vida.

Las personas que practican la resiliencia:

  1. Son conscientes de sus potencialidades y limitaciones. El autoconocimiento es un arma muy poderosa para enfrentar las adversidades y los retos, y las personas resilientes saben usarla a su favor. Estas personas saben cuáles son sus principales fortalezas y habilidades, así como sus limitaciones y defectos. De esta manera pueden trazarse metas más objetivas que no solo tienen en cuenta sus necesidades y sueños, sino también los recursos de los que disponen para conseguirlas.
  2. Son creativas. La persona con una alta capacidad de resiliencia no se limita a intentar pegar el jarrón roto, es consciente de que ya nunca a volverá a ser el mismo. El resiliente hará un mosaico con los trozos rotos, y transformará su experiencia dolorosa en algo bello o útil. De lo vil, saca lo precioso.
  3. Confían en sus capacidades. Al ser conscientes de sus potencialidades y limitaciones, las personas resilientes confían en lo que son capaces de hacer. Si algo les caracteriza es que no pierden de vista sus objetivos y se sienten seguras de lo que pueden lograr. No obstante, también reconocen la importancia del trabajo en equipo y no se encierran en sí mismas, sino que saben cuándo es necesario pedir ayuda.
  4. Asumen las dificultades como una oportunidad para aprender. A lo largo de la vida enfrentamos muchas situaciones dolorosas que nos desmotivan, pero las personas resilientes son capaces de ver más allá de esos momentos y no desfallecen. Estas personas asumen las crisis como una oportunidad para generar un cambio, para aprender y crecer. Saben que esos momentos no serán eternos y que su futuro dependerá de la manera en que reaccionen. Cuando se enfrentan a una adversidad se preguntan: ¿qué puedo aprender yo de esto?
  5. Practican el mindfulness o conciencia plena. Aún sin ser conscientes de esta práctica milenaria, las personas resilientes tienen el hábito de estar plenamente presentes, de vivir en el aquí y ahora y de tienen una gran capacidad de aceptación. Para estas personas el pasado forma parte del ayer y no es una fuente de culpabilidad y zozobra mientras que el futuro no les aturde con su cuota de incertidumbre y preocupaciones. Son capaces de aceptar las experiencias tal y como se presentan e intentan sacarles el mayor provecho. Disfrutan de los pequeños detalles y no han perdido su capacidad para asombrarse ante la vida.
  6. Ven la vida con objetividad, pero siempre a través de un prisma optimista. Las personas resilientes son muy objetivas, saben cuáles son sus potencialidades, los recursos que tienen a su alcance y sus metas, pero eso no implica que no sean optimistas. Al ser conscientes de que nada es completamente positivo ni negativo, se esfuerzan por centrarse en los aspectos positivos y disfrutan de los retos. Estas personas desarrollan un optimismo realista, también llamado optimalismo, y están convencidas de que por muy oscura que se presente su jornada, el día siguiente puede ser mejor.
  7. Se rodean de personas que tienen una actitud positiva. Las personas que practican la resiliencia saben cultivar sus amistades, por lo que generalmente se rodean de personas que mantienen una actitud positiva ante la vida y evitan a aquellos que se comportan como vampiros emocionales. De esta forma, logran crear una sólida red de apoyo que les puede sostener en los momentos más difíciles.
  8. No intentan controlar las situaciones. Una de las principales fuentes de tensiones y estrés es el deseo de querer controlar todos los aspectos de nuestra vida. Por eso, cuando algo se nos escapa de entre las manos, nos sentimos culpables e inseguros. Sin embargo, las personas resilientes saben que es imposible controlar todas las situaciones, han aprendido a lidiar con la incertidumbre y se sienten cómodos aunque no tengan el control.
  9. Son flexibles ante los cambios. A pesar de que las personas resilientes tienen una autoimagen muy clara y saben perfectamente qué quieren lograr, también tienen la suficiente flexibilidad como para adaptar sus planes y cambiar sus metas cuando es necesario. Estas personas no se cierran al cambio y siempre están dispuestas a valorar diferentes alternativas, sin aferrarse obsesivamente a sus planes iniciales o a una única solución.
  10. Son tenaces en sus propósitos. El hecho de que las personas resilientes sean flexibles no implica que renuncien a sus metas, al contrario, si algo las distingue es su perseverancia y su capacidad de lucha. La diferencia estriba en que no luchan contra molinos de viento, sino que aprovechan el sentido de la corriente y fluyen con ella. Estas personas tienen una motivación intrínseca que les ayuda a mantenerse firmes y luchar por lo que se proponen.
  11. Enfrentan la adversidad con humor. Una de las características esenciales de las personas resilientes es su sentido del humor, son capaces de reírse de la adversidad y sacar una broma de sus desdichas. La risa es su mejor aliada porque les ayuda a mantenerse optimistas y, sobre todo, les permite enfocarse en los aspectos positivos de las situaciones.
  12. Buscan la ayuda de los demás y el apoyo social. Cuando las personas resilientes pasan por un suceso potencialmente traumático su primer objetivo es superarlo, para ello, son conscientes de la importancia del apoyo social y no dudan en buscar ayuda profesional cuando lo necesitan.

 

Si queremos que nuestros hijos afronten las dificultades de la vida con fortaleza es importante educarles en la capacidad de ser resilientes, para ello es fundamental nuestro ejemplo, no sobreprotegerles y sobre todo creer en ellos. No se trata de evitar que se caigan, sino de enseñarles a levantarse, y para ello tenemos que confiar en que ellos pueden. Por supuesto, tampoco se trata de exponerles a peligros o ambientes agresivos “para que se hagan más fuertes.  Aportar seguridad y protección es necesario. Algo importante que podemos preguntarles a los niños cuando tienen un contratiempo si queremos que aprendan a desarrollar la resiliencia es ¿qué puedes aprender de esto? o ¿qué puedes sacar bueno de esto que ha ocurrido?

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Autoestima, el secreto de tu bienestar

Sé amigo de ti mismo”, recomienda el maestro a su discípulo en un antiguo relato hindú transmitido por Tony de Mello en uno de sus libros: “y tu yo te dejará …

Ser amigo de uno mismo, amándose cada día más y sin miedo a ser uno mismo constituye la base para potenciar la autoestima y la seguridad.

Ese sentimiento de aceptación y aprecio hacia uno mismo definido como autoestima es considerada un factor fundamental para una buena salud mental y bienestar emocional.

Diversos psicólogos como W James, M. Mead o K. Horney han coincidido al describirla en función de la atribución aprendida de la valía propia. Rogers (1961) la concibe como una “internalización” de las actitudes que el sujeto percibe hacia él tanto si son propias como si proceden de los otros y considera que la autoestima es una actitud, es la forma habitual de percibirnos, de pensar, de amar, de sentir, y de comportarnos con nosotros mismos.

¿ Es posible tener todos una autoestima elevada?

Una buena autoestima se logra cuando tenemos una imagen mental adecuada, coherente y no crítica y cuando la persona aprende a valorarse a sí mismo y a tener autoconfianza.

Todos los individuos necesitan tener una autoestima saludable, independientemente del sexo, edad, cultura, trabajo y objetivos en la vida.

Las personas que se encuentran bien consigo mismas suelen sentirse a gusto en la vida, son capaces de afrontar y resolver con seguridad los retos y las responsabilidades que ésta les plantea. Por el contrario, la baja autoestima es una fuente permanente de inseguridad e insatisfacción personal y se considera como un importante factor de riesgo para el desarrollo de numerosos problemas psicológicos tales como trastornos de la alimentación, depresión, ansiedad, entre otros.

Pero, ¿cuál es nuestra verdadera imagen?

Todos tenemos una imagen de nosotros mismos. Una imagen formada durante nuestra infancia, basada en la visión del ambiente que nos rodea, en nuestras relaciones y en las experiencias y pensamientos que incorporamos como referentes.

Para José Vicente Bonet, del Centro Arrupe (Valencia), Director del Aula de Psicología del Centro Arrupe en Valencia “la persona que se autoestima suficientemente posee, en mayor o menor grado, las siguientes características:

• – Aprecio: De sí mismo / a como persona, independientemente de lo que pueda hacer o poseer, y de todo lo positivo que hay en ella: talento, habilidades, cualidades…corporales o mentales.

• – Aceptación: Tolerante y esperanzada de sus propias limitaciones, debilidades, errores, fracasos, y deseo, sin angustia, de crecer y mejorar.

• – Afecto: Hacia sí misma, en paz con sus pensamientos y con su cuerpo.

• – Atención: y cuidado de sus necesidades reales físicas, psicológicas, intelectuales, emocionales, etc.

• – Autoconsciencia de sus procesos de cambio interior”.

En el ámbito laboral una persona con baja autoestima no será productiva mientras que una autoestima saludable favorece la comunicación interpersonal y facilita la aceptación de los procesos de cambio. El trabajo es un camino de superación personal y se pueden elevar los niveles de autoestima desechando ideas o conceptos erróneos sobre cada uno y reemplazarlos por otras ideas o pensamientos que ayuden a adquirir seguridad.

Lo que pensamos de nosotros constituye nuestra verdadera identidad y es reconociendo nuestras virtudes y valorándonos cada día más lo que ayuda a construir una imagen sana y segura de nosotros mismos.

“Debemos formar modelos perfectos en el pensamiento y mirarlos continuamente, o nunca los tallaremos en vidas grandes y nobles”, escribió la pensadora espiritual Mary Baker Eddy.

Lo que impulsa nuestro sentido de identidad es nuestra manera de pensar y actuar.

Una clave importante para nuestra libertad mental radica en el hecho de aceptar y comprender que todo lo que realmente somos lo constituye el Amor. Es nuestra esencia, nuestra experiencia. El Amor es la sustancia de lo que somos y define cada aspecto de nuestro ser y de nuestra vida.

Mejorar la autoestima depende de nosotros mismos y de la posibilidad de estar bien consigo mismo y con los demás.

María Damiani

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LA ANGUSTIA DE PANICO Y SU TRATAMIENTO

ANSIEDAD

 

La ansiedad es una de las emociones humanas básicas, y suele manifestarse cuando nuestra integridad espiritual, mental o física se ve amenazada. En la literatura anglosajona se utiliza el vocablo anxiety, en tanto que en español ansiedad y angustia se usan indistintamente, lo cual es aceptable en el ámbito clínico. Se reconoce por su carácter desagradable, una suerte de “dolor emocional”, asociado a la percepción o el temor de un desenlace negativo en una situación incierta o de riesgo. La ansiedad suele manifestarse con inquietud, nerviosismo y aumento del estado de alerta. Al componente psicológico de este estado se le denomina expectación aprensiva. Además, son comunes un número variable de molestias físicas, entre las más habituales sensación de constricción o vacío en la región epigástrica, “un nudo en la garganta”, pulso y frecuencia respiratoria aumentadas, sudoración y tensión osteomuscular.

La ansiedad es una emoción universal que prepara para responder mejor ante demandas externas o internas, por lo que, en analogía con las funciones del dolor en el plano físico, ella debe considerarse un fenómeno normal y adaptativo si las circunstancias y la intensidad con que se presenta son apropiadas. La ansiedad patológica puede reconocerse cuando los síntomas generan sufrimiento o discapacidad, ya sea por su excesiva intensidad o por la ausencia de un estímulo identificable para el cual sirva de mecanismo de adaptación. La ansiedad puede presentarse como síntoma, asociado a la mayor parte de la patología médica o psiquiátrica, o bien se configura como la manifestación central de un grupo de trastornos emocionales (trastornos por ansiedad, Tabla 1).

 

TABLA 1 Trastorno por ansiedad*

 

– Trastorno de pánico

sin agorafobia

con agorafobia

– Fobia específica

– Fobia social

– Trastorno obsesivo-compulsivo

– Trastorno por estrés postraumático

– Trastorno por estrés agudo

– Trastorno por ansiedad generalizada

– Trastorno por ansiedad debido a una condición médica

* DSM-IV

ANGUSTIA DE PANICO

 

La angustia de pánico es un forma de ansiedad patológica, cuya manifestación principal son las crisis o ataques de pánico recurrentes. Estas se manifiestan como episodios de angustia de intensidad extrema, de inicio abrupto e inmotivado, con intensos síntomas físicos y emocionales, entre los cuales destacan molestias cardiorrespiratorias y neurovegetativas, asociadas a sensación de terror y descontrol inminente.

Aquellas personas que han experimentado uno de estos episodios, distinguen que se trata de una experiencia cualitativamente diferente de la ansiedad que previamente conocían, en cuanto a que no se trata solamente de una mayor intensidad de los síntomas. Esta diferencia esta dada por la percepción de que se ha perdido – o se está a punto de perder – la capacidad de ejercer control sobre sensaciones físicas y emocionales, que se viven como una amenaza real e inmediata a la supervivencia (sensación de muerte) o a la integridad psicológica (perder la razón o el control sobre la conducta).

En la angustia de pánico, a diferencia de la ansiedad normal y de otras formas de ansiedad patológica, se desarrolla una actitud de expectación constante, por temor a que las crisis se repitan, la cual se denomina ansiedad anticipatoria. Esta preocupación genera cambios en la conducta habitual de la persona afectada, quien intenta en lo posible evitar aquellas situaciones o lugares que asocia con mayores probabilidades de tener nuevos episodios, o bien con una mayor dificultad en huir o recibir ayuda oportuna en caso de una nueva crisis. A estos cambios de conducta se les llama agorafobia. En la población consultante, sólo alrededor de un 15% de las personas que experimentan crisis de pánico recurrentes no desarrolla estas conductas de evitación fóbica.

La angustia de pánico es, por tanto, una forma particularmente grave de ansiedad patológica, cuyos elementos más característicos son las crisis recurrentes de pánico, la ansiedad anticipatoria y las conductas de evitación fóbica.

 

SINTOMAS

 

La crisis o ataque de pánico es un período discreto de intenso miedo o desagrado, en el cual se desarrollan abruptamente cuatro o más de los síntomas enumerados en la Tabla 2, alcanzando su máxima intensidad en un plazo de hasta diez minutos.

 

TABLA 2. Crisis de pánico*

 

1.-Palpitaciones, latidos intensos, o aceleración del pulso

2.-Sudoración

3.-Temblor o calofríos

4.-Sensaciones de falta de aire o sofocación

5.-Sensación de ahogo

6.-Malestar o dolor torácico

7.-Náusea o malestar abdominal

8.-Mareo, inestabilidad, “vacío en la cabeza” o desmayo

9.-Desrrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (sertirse despegado de sí mismo)

10.-Temor a perder el control o enloquecer

11.-Temor a morir

12.-Parestesias

13.-Oleadas de frío o calor

* DSM-IV

La historia característica de un paciente con trastorno de pánico corresponde a una persona joven, entre la adolecencia tardía y la década de los 30, de preferencia de sexo femenino (2:1 hasta 3:1 más frecuente en mujeres), aparentemente sana hasta ese momento, que, en forma inesperada y sin una justificación clara, presenta un estado de intensa angustia, desconocido hasta entonces, el que no consigue controlar (su primer episodio de angustia de pánico). Se presenta con creciente sensación de ahogo, palpitaciones, temblor, mareo y sudoración, asociados a la vivencia de terror -” algo muy grave me está sucediendo”-. Durante el episodio, los temores más habituales son a morir, o bien a que en cualquier momento se pudiera llegar a perder la conciencia o la razón. Surge el impulso de huir, protegerse y buscar ayuda, lo cual suele conducir al servicio hospitalario de urgencia más próximo. Una referencia común para describir lo experimentado es “la peor experiencia de mi vida”.

La evaluación médica de urgencia no arroja hallazgos significativos, y el episodio es atribuido a “nerviosismo o tensión emocional”. La persona se tranquiliza, hasta que un par de semanas más tarde sobreviene un segundo episodio, generalmente de similares características aunque menos intenso, lo cual origina una consulta a su médico habitual. Se solicitan exámenes de laboratorio más sofisticados, que también son normales.

Se presentan nuevos episodios, de intensidad variable, y se agrega una preocupación constante respecto de como evitar nuevas crisis. El paciente comienza a atribuir a las circunstancias o el lugar donde se encontraba la irrupción de los síntomas (por ejemplo se abstiene de hacer ejercicio físico o evita usar nuevamente la locomoción pública), y para salir de su casa prefiere hacerlo acompañado.

Luego de presentar otra crisis intensa, se renuevan las dudas sobre la salud física y se visita un especialista. Las molestias con connotación emocional no son comunicadas, y se solicitan una serie de evaluaciones de laboratorio, cada vez más especializadas, costosas y en ocasiones de naturaleza invasiva (por ejemplo coronariografía). En tanto, el paciente ha recibido consejos sobre su estilo de vida y fármacos con efecto sedante inespecífico.

La preocupación inicial de los familiares se transforma en comentarios sobre cómo “poner de tu parte para sentirte mejor y sobreponerte a tus temores”, con lo cual sólo se agrega un elemento adicional de ansiedad y desesperanza de encontrar mejoría, ya que “nadie comprende lo que me sucede”.

El impacto en las habilidades laborales, costos de salud, disrrupción de la vida familiar y social, independencia, desánimo y pérdida de la autoestima, suelen llevar a niveles graves de deterioro en la calidad de vida y capacidad funcional global.

DIAGNOSTICO

 

En la Tabla 3 se presentan los criterios diagnósticos, adaptados del DSM-IV. La primera condición para identificar un trastorno de pánico es conocer la existencia de esta entidad clínica e incorporarla a nuestro “árbol de decisión diagnóstica”. Si bien lo anterior puede parecer obvio, es necesario enfatizarlo por varias razones:

 

TABLA 3 Diagnostico del trastorno del pánico*

 

A. Presencia de los siguientes criterios (ambos):

1.-Crisis de pánico inesperadas y recurrentes

2.- Una o más de las crisis ha sido seguida por alguna de las siguientes manifestaciones (que han durado por lo menos un mes):

– temor persistente a experimentar nuevos episodios de pánico,

– preocupación acerca de las implicancias o consecuencias de las crisis ( perder el control, tener un ataque cardíaco, enloquecer),

– un cambio significativo de la conducta como consecuencia de las crisis.

B. Presencia o ausencia de agorafobia

C. Las crisis de pánico no se explican sólo por el efecto fisiológico directo de una sustancia (como drogas de abuso, medicación) o por una condición médica (como hipertiroidismo).

D. Las crisis de pánico no se explican mejor por la existencia de otro trastorno mental, como fobia social, fobia específica, trastorno obsesivo compulsivo, trastorno por estrés postraumático o trastorno por ansiedad de separación.

* Adaptado de DSM-IV.

– Se trata de una entidad nosológica incorporada recientemente como tal a las clasificaciones de trastornos emocionales.

– Se ha definido este trastorno como un “gran simulador” de la práctica médica. La variedad de síntomas físicos, junto a la falta de sistematización y omisión de los síntomas
Page 4 emocionales con que los pacientes suelen presentarse ante el médico, conducen con frecuencia a que no se identifique el TP como la enfermedad de base.

– La comorbilidad frecuente con otras entidades psiquiátricas, tales como episodios depresivos o abuso de substancias, puede conducir a que no se indague por patología adicional.

– La alta prevalencia en población general (estimada en 3%) y en particular la consulta inicial en un medio médico, justifican incorporar de rutina la búsqueda de síntomas característicos.

TRATAMIENTO

 

El primer requisito para el tratamiento exitoso de un paciente con TP es establecer con precisión el diagnóstico de acuerdo a los criterios enumerados más arriba (en contraposición al diagnóstico genérico de, por ejemplo, “estado de ansiedad”). Luego, se debe elaborar, con la participación activa del paciente, un plan de tratamiento que considere, en conjunto con la indicación de psicofármacos, aspectos psicológicos, ambientales e interpersonales que suelen estar presentes, así como las características propias del individuo afectado. La entrevista inicial, en la cual se identifica el trastorno, suele ser una oportunidad importante para establecer una adecuada alianza terapéutica, y de este modo promover un buen cumplimiento y adhesión al plan de tratamiento formulado.

En la Tabla 4 se describen los objetivos de un plan de tratamiento para pacientes con TP: en una primera fase, el énfasis está puesto en la erradicación, en lo posible completa, de la tríada sintomática característica, y luego en el tratamiento de los factores de riesgo que facilitan eventuales recaídas. Se espera que la remisión de síntomas se produzca en la misma secuencia de su gestación, es decir, en primer término la disminución progresiva de la frecuencia e intensidad de las crisis de pánico, y en la medida que esto ocurra, también se alivian la ansiedad anticipatoria y las conductas fóbicas.

 

TABLA 4 Plan del tratamiento del TP

 

OBJETIVOS
ERRADICACION DE SINTOMAS

– Crisis de pánico mayores limitadas

– Ansiedad anticipatoria

– Conductas de evitación fóbica

PREVENCION DE RECAIDAS

– Factores de riesgo

– Síntomas residuales

– Comorbilidad

– Conflictos intrapsíquicos ambientales

El medio más eficaz para tratar las crisis de pánico, tanto mayores como limitadas, es un adecuado uso de psicofármacos. Las crisis limitadas (menores o “abortivas”) se reconocen porque el paciente se refiere a ellas en términos de “pude controlarla”. En comparación a la intensidad y dramatismo de las crisis mayores, estas últimas suelen pasar desapercibidas o se confunden con ansiedad anticipatoria. Son más frecuentes que los episodios mayores, y suelen dar cuenta de la persistencia de conductas fóbicas residuales. Dado que estas crisis deben responder al tratamiento farmacológico, contituyen un buen indicador para la adecuación de las dosis de medicamentos. Es importante la búsqueda sistemática de estos síntomas en sucesivos controles, a fin de posibilitar una recuperación completa. El principal factor que contribuye a la disminución de la ansiedad anticipatoria es la menor frecuencia e intensidad de las crisis de pánico, como también la consiguiente mejor capacidad para enfrentar situaciones previamente temidas. A su vez, las conductas fóbicas responden a la progresiva y exitosa exposición a las situaciones o lugares antes evitados.

La literatura coincide en que las recaídas son relativamente frecuentes, aun cuando a mediano y largo plazo se informan tasas muy variables (entre 1/3 y 2/3 de los pacientes tratados). En nuestra experiencia, la pesquisa y tratamiento de los factores de riesgo, minimiza la reaparición de las crisis de pánico. La persistencia de síntomas residuales (crisis limitadas o conductas de evitación) pronostica casi con certeza una mayor tasa de recaídas.

La larga duración del tratamiento está relacionada con el necesario proceso de recuperación sintomática y con el tiempo necesario para el tratamiento de otros factores de riesgo. La comorbilidad del TP tiene relación con patología emocional y física; es frecuente la asociación con síntomas depresivos secundarios a las limitaciones que produce el TP, como también con episodios depresivos mayores. Todos los otros trastornos por ansiedad específicos (Tabla 1), se pueden presentar asociados al TP en una mayor proporción que su prevalencia en población general. También debe evaluarse con especial cuidado la presencia de abuso o dependencia a sustancias psicoactivas, en particular alcohol, ya que puede asociarse tanto al inicio del TP (como parte de un síndrome de privación), o bien, como un medio de autotratamiento.

En el diagnóstico diferencial con enfermedad física deben considerarse todos aquellos cuadros con síntomas comunes con el TP, como por ejemplo taquicardias paroxísticas, feocromocitoma, trastornos tiroídeos; por ello, a la evaluación médica y de laboratorio de rutina debe agregarse una evaluación tiroídea. La mayor probabilidad de sufrir recaídas puede deberse a la persistencia de vulnerabilidades psicológicas que hayan contribuido al episodio en tratamiento. En la medida de lo posible es deseable en esta fase la evaluación y eventual tratamiento por parte de profesionales especialistas, ya que existen evidencias que sugieren fuertemente la participación de elementos psicológicos y ambientales en la génesis del TP.

En la Tabla 5 se enumeran los medios que están a disposición del tratante, y que deben ser tomados en consideración a fin de optimizar los resultados terapéuticos.En nuestra experiencia, los dos primeros puntos, educación y farmacoterapia, son siempre necesarios y deben constituir la base de todo tratamiento, sea este llevado a cabo por el especialista o por el médico no especializado en psiquiatría. El énfasis inicial en compartir con el paciente información acerca de la condición que lo aqueja, permitirle expresar y dar respuesta a sus dudas, discutir en conjunto en que consistirá el tratamiento, qué se espera como resultado de éste y en qué plazo, permiten desde la primera entrevista aliviar la habitual desesperanza de obtener mejoría que acompaña estos pacientes, disminuir sus aprensiones sobre posibles consecuencias negativas del uso de psicofármacos, y por último, comprender y aceptar que se encuentran aquejados de una enfermedad “legítima” que requiere, y para la cual existe, un tratamiento con buen pronóstico. En muchos casos somos testigos de prescripciones farmacológicos bien formuladas que no conducen a éxitos terapéuticos, debido a que no han sido realizadas en concomitancia con una aproximación educativa.

TABLA 5 Plan de TP esquema terapéutico tipo

 

Información y educación

Farmacoterapia

Terapia conductual

Psicoterapia

En relación a terapia conductual, en la mayor parte de los pacientes es suficiente estimular en el curso del tratamiento la autoexposición a las situaciones temidas y evitadas, sobre la base de que comprendan que los temores fóbicos se extinguen gradualmente en la medida en que son confrontados (en presencia de un tratamiento farmacológico eficaz que evite la recurrencia de crisis de pánico). Algunos pacientes son muy reticentes a realizar por sí mismos esta parte del tratamiento y requieren derivación a terapia especializada formal. Asimismo, debe sugerirse en todos los pacientes que ello sea posible, la derivación a tratamiento psicológico, a fin de identificar, comprender e intentar fortalecer las vulnerabilidades psíquicas personales (en muchas ocasiones no conscientes), que pudieron haber contribuido a la génesis del trastorno.

En la Tabla 6 se esquematiza el modo de administrar los psicofármacos de uso más habitual en el tratamiento del TP.

TABLA 6 Farmacoterapia de TP. Esquema terapéutico tipo

 

Fármaco

Clonazepan

ISRS (FLX)*

Clomipramina

Dosis (md/día)

Inicial

Tratamiento

0,5-1,5

1,5

(1,0-4,0)

5

20

(10-40)

5-10

37,5

(25-100)

* ISRS: Inhibidores selectivos recaptura serotonina. FLX: Fluoxetina.

En la promera columna aparece clonazepam, que es la benzodiazepina, en conjunto con alprazolam, cuya eficacia terapéutica ha sido establecida.En los últimos años clonazepam ha desplazado a alprazolam como fármaco de elección, debido a ventajas farmacocinéticas que facilitan su administración y posterior suspensión, aun cuando la eficacia de ambos es comparable. Clonazepam puede ser indicado en sólo dos tomas diarias, en tanto que alprazolam requiere de 3 a 5 tomas, y suele presentarse angustia interdosis. La ventaja de iniciar el tratamiento con una benzodiazepina es conseguir un alivio más inmediato, y poseer un recurso para el tratamiento de las crisis que persistan en las primeras semanas de tratamiento. Debe considerarse evitar esta familia de fármacos cuando existan antecedentes de abuso o dependencia, lo cual se observa en forma ocasional en pacientes con TP. Las dosis que aparecen en la Tabla 6 deben ajustarse individualmente de acuerdo a tolerancia y respuesta. El efecto adverso más común es somnolencia inicial.

Se puede escoger la asociación con fármacos de la familia de los inhibidores selectivos de serotonina (se ejemplifican dosis para fluoxetina), o bien, un tricíclico, entre los cuales clomipramina en bajas dosis ha demostrado ser el más eficaz. Las dosis iniciales, en ambos casos, deben ser extremadamente bajas para evitar exacerbar las crisis de pánico luego de las primeras administraciones del fármaco. Los efectos adversos más comunes de los inhibidores selectivos de serotonina son gastrointestinales y frenación de la libido. En el caso de clomipramina puede presentarse aumento de peso y con mayor frecuencia afecta la función sexual. La decisión de tratar a los pacientes con monoterapia o terapia farmacológica combinada debe decidirse caso a caso, tomando en consideración antecedentes de la respuesta a los tratamientos previos y características individuales de la presentación del trastorno (por ejemplo comorbilidad con depresión). Los plazos de tratamiento no deben ser inferiores a 6 meses, pero por lo general se requiere entre uno y dos años antes del retiro gradual de los fármacos.

REFERENCIAS ESCOGIDAS

1.- American Psychiatric Association: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. Fouth Edition. Washington, DC, American Psychiatric Association, 1994.

2.- Klerman GL, Hirschfeld RM, Weissman MM et al. Panic anxiety and its treatment. First Edition. Washington, DC, American Psychiatric Press, 1993.

3.- Gloger S, Grunhaus L, Gladic D, O’Ryan F et al. Panic attacks and agoraphobia: low dose clomipramine treatment. J Clin Psychopharmacol 9:28-32, 1989.

4.- Grunhaus L. Clinical and psychobiological characteristics of simultaneous panic disorder and major depression. Am J Psychiatry 145:1214-1221, 1988.

5.- National Institute of Mental Health. Panic disorder in the medical setting. Katon, W. DHHS Pub Nß (ADM)89-1629. Washington, DC, 1989.

6.- Modigh K, Westberg P, Eriksson E. Superiority of clomipramine over imipramine in the treatment of panic disorder: a placebo controlled trial. J Clin Psychopharmacol. 12:251-260, 1990.

fuente escuela.med.puc.cl

Encontraron el vínculo genético entre cinco enfermedades mentales

El autismo, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, el trastorno bipolar, la depresión y la esquizofrenia, comparten varios factores genéticos de riesgo, según un estudio llevado a cabo por investigadores en el Reino Unido y otros países.

Estos hallazgos fueron publicados en la revista The Lancet. El estudio internacional comparó los códigos genéticos de 33.000 personas con enfermedades mentales con los de 28.000 sin trastornos.
Según los resultados, cuatro variantes genéticas parecían aumentar el riesgo de las cinco enfermedades estudiadas. Dos genes estaban involucrados en el balance del calcio en el cerebro.
Tanto el ambiente como cientos de genes pueden afectar las probabilidades de desarrollar estas condiciones.
Sin embargo, la genética psiquiátrica está intentando describir estos trastornos bajo la premisa de qué es lo que los causa, en vez de simplemente describir los síntomas.
Uno de los investigadores, Nick Craddock, profesor de psiquiatría de la Universidad de Cardiff, dijo que (su trabajo) “señala el inicio de una posible nueva era para la psiquiatría y las enfermedades mentales”.
“Este es un método científico que ayuda a entender lo que no funciona en el cerebro, los químicos, los sistemas del cerebro, que son importantes en las enfermedades”.
El experto dijo que también podría ayudar a concebir nuevos tratamientos y mejores formas de diagnóstico.
El doctor Gerome Breen, del Instituto de Psiquiatría del King´s College en Londres, dijo que el estudio “señala con bastante claridad que hay un efecto genético común entre estos trastornos”.
Marjorie Wallace, de la fundación de salud mental Sane, considera que los hallazgos “resaltan la necesidad de entender los factores genéticos y biológicos de estos trastornos, a fin de que se puedan tener tratamientos y terapias más efectivas”.
Unoticias

La autoestima y los niños

La autoestima es un factor básico en la formación personal de los niños
La autoestima es un tema que despierta a cada día un gran interés, no-solo de psicólogos como también de madres y padres. Es una preocupación presente en muchas casas y conversaciones. Y eso se puede entender por la relación que está teniendo la autoestima con problemas como la depresión, anorexia, timidez, abuso de drogas, y otros. Algunos expertos afirman que una baja autoestima puede llevar a una persona a tener estos problemas, mientras que una buena autoestima puede hacer con que una persona tenga confianza en sus capacidades, no se deje manipular por los demás, sea más sensible a las necesidades del otro, y entre otras cosas, que esté dispuesto a defender sus principios y valores. Lo ideal sería que los padres no se preocupasen solamente en mantener una buena salud física a sus hijos, pero que mirasen más por la salud emocional de los mismos. La autoestima es una pieza fundamental en la construcción de una efectiva infancia y adolescencia.

¿Qué es la autoestima?
Se puede definir la autoestima de diversas formas, pero su contexto continuará siendo el mismo. La autoestima es la conciencia de una persona de su propio valor, el punto más alto de lo que somos y de nuestras responsabilidades, con determinados aspectos buenos y otros mejorables, y la sensación gratificante de querernos y aceptarnos como somos por nosotros mismos y hacia nuestras relaciones. Es nuestro espejo real, el cual nos enseña cómo somos, qué habilidades tenemos, a través de nuestras experiencias y expectativas. Es el resultado de la relación entre el temperamento del niño y el ambiente en el que éste se desarrolla.

La autoestima es un elemento básico en la formación personal de los niños. De eso dependerá su desarrollo en el aprendizaje, en las buenas relaciones, en las actividades, y por qué no decirlo, en la construcción de la felicidad. Cuando un niño adquiere una buena autoestima se sentirá competente, seguro, y valioso. Entenderá que es importante aprender, y no se sentirá disminuido cuando necesite de ayuda. Será responsable, se comunicará con fluidez, y se relacionará con los demás de una forma adecuada. Al contrario, el niño con una baja autoestima no confiará en sus propias posibilidades ni de las de los demás. Se sentirá inferior frente a otras personas, y por lo tanto se comportará de una forma más tímida, más crítica, con poca creatividad, lo que en muchos casos le podrá llevar a desarrollar conductas agresivas, y a alejarse de sus compañeros y familiares.

La autoestima no es una asignatura de un currículum escolar. Pero sí debe ser un espacio jamás ignorado por los padres y profesores. Hay que estar atentos al lado emocional de los niños. Durante la etapa desde el nacimiento a la adolescencia, por su vulnerabilidad y flexibilidad, busca mejorar la autoestima de tu hijo. Todo lo que se consigue en este periodo puede sellar su conducta y su postura hacia la vida, en la edad adulta.
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Adopción de un hijo

Hijos adoptados. Padres y madres que quieren adoptar un niño o una niña
Si estás pensando en tener hijos y el camino elegido fue el de la adopción, lo primero es informarte acerca de los trámites que tendrás que hacer.
Desde el punto de vista jurídico, la adopción se trata de un conjunto de derechos y obligaciones derivados del proceso y la situación de filiación que se establece entre una familia y otra persona. Pero es un error pensar sólo en los trámites y en todo lo que conllevan los temas burocráticos. Lo más importante es la decisión y la seguridad que debes tener para dar este paso tan importante. Adoptar o tener un hijo biológico es lo mismo. Se difieren solamente en lo relacionado a la burocracia y al tiempo.

Hijo adoptado
Si vas a tener un hijo adoptado, seguramente pensarás una y otra vez en ¿cómo reaccionará tu hijo o hija?; ¿qué cuidados especiales necesitará?; ¿cómo será tu primer encuentro con él o con ella? Adoptado o biológico, un hijo cambia la vida de los padres. Tu vida experimentará un cambio radical; habrá un niño o una niña que ahora te espera en casa y que depende absolutamente de ti. Adoptado o no, los niños necesitan mucho amor, y como todos tendrá el derecho a conocer su identidad y sus orígenes, en su momento.

Para unos, el tener un hijo adoptado significa un acto de solidaridad. Pero para otros, y muchos felizmente, representa apenas una forma, un camino elegido para ser padres y formar una familia. Lo que debe estar claro es que un hijo será siempre un hijo, sea cual sea el lugar o la circunstancia de su nacimiento.
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El niño autista

Cómo identificar el autismo en la infancia
El autismo es un trastorno infantil que suele darse preferentemente en niños que en niñas.
Las habilidades de un niño autista pueden ser altas o bajas dependiendo tanto del nivel de coeficiente intelectual como de la capacidad de comunicación verbal.

¿Cuales son las causas del autismo?
Las causas del autismo aún son desconocidas. Pero existen algunas teorías:
1. Las relaciones del niño autista y su entorno y medio social. Se dice que el autista es así porque no ha recibido afectividad cuando era pequeño. Que ha tenido padres distantes, fríos, demasiado intelectuales.

2. Deficiencias y anormalidades cognitivas. Parece existir alguna base neurológica aunque no está demostrada.

3. Ciertos procesos bioquímicos básicos. Se ha encontrado un exceso de secreción de Serotonina en las plaquetas de los autistas.

Perfil de un niño autista
Un niño autista tiene una mirada que no mira pero que traspasa. En el lactante se suele observar un balbuceo monótono del sonido, balbuceo tardío, y una falta de contacto con su entorno, así como de un lenguaje gestual. No sigue a la madre y puede entretenerse con un objeto sin saber para qué sirve.
En la etapa preescolar el niño se muestra extraño, no habla. Le cuesta asumir el yo e identificar a los demás. No muestra contacto de ninguna forma. Pueden presentar conductas agresivas incluso a sí mismo. Otra característica del autismo es la tendencia a llevar a cabo actividades de poco alcance de manera repetitiva. El niño autista puede dar vueltas como un trompo, llevar a cabo movimientos rítmicos con su cuerpo tal como aletear con sus brazos.

Los autistas con alto nivel funcional pueden repetir los comerciales de la televisión o llevar a cabo rituales complejos al acostarse a dormir. En la adolescencia se dice que 1/3 de los autistas suelen sufrir ataques epilépticos lo cual hace pensar en una causa nerviosa.

Un resumen de los síntomas que pueden indicar que el niño sea autista
– Acentuada falta de reconocimiento de la existencia o de los sentimientos de los demás.
– Ausencia de búsqueda de consuelo en momentos de aflicción.
– Ausencia de capacidad de imitación.
– Ausencia de juego social.
– Ausencia de vías de comunicación adecuadas.
– Marcada anormalidad en la comunicación no verbal.
– Ausencia de actividad imaginativa, como jugar a ser adulto.
– Marcada anomalía en la emisión del lenguaje con afectación.
– Anomalía en la forma y contenido del lenguaje.
– Movimientos corporales estereotipados.
– Preocupación persistente por parte de objetos.
– Intensa aflicción por cambios en aspectos insignificantes del entorno.
– Insistencia irrazonable en seguir rutinas con todos sus detalles.
– Limitación marcada de intereses, con concentración en un interés particular.

¿Existe tratamiento?
La educación especial es el tratamiento fundamental y puede darse en la escuela específica o bien en dedicación muy individualizada (“Maternage”). Se puede recurrir a la psicoterapia aunque los resultados son escasos debido a que el déficit cognitivo y del lenguaje dificultan la terapéutica. El apoyo familiar es de gran utilidad. Los padres deben saber que la alteración autista no es un trastorno relacional afectivo de crianza. Es recomendable buscar y mantener contactos con asociaciones para padres de niños autistas.
Hay considerar también el tratamiento farmacológico, que deberá estar indicado por un medico especialista.

¿Se puede curar el autismo?
El autismo no tiene curación. Es un síndrome que definió en 1943 un psiquiatra de origen austriaco llamado Leo Kanner. Hoy en día, 50 años después, aún no se conocen las causas que originan esa grave dificultad para relacionarse. Se calcula que unos 350 niños en la Comunidad de Madrid conviven con el síndrome.

¿Lo que deben hacer los padres?
Los padres que sospechan que su niño puede ser autista, deben consultar al pediatra para que los refiera a un psiquiatra de niños y adolescentes, quien puede diagnosticar con certeza el autismo, su nivel de severidad y determinar las medidas educacionales apropiadas. El autismo es una enfermedad y los niños autistas puede tener una incapacidad seria para toda la vida. Sin embargo, con el tratamiento adecuado algunos niños autistas pueden desarrollar ciertos aspectos de independencia en sus vidas.
Los padres deben de alentar a sus niños autistas para que desarrollen esas destrezas que hacen uso de sus puntos fuertes de manera que se sientan bien consigo mismos. El psiquiatra, además de tratar al niño, puede ayudar a la familia a resolver el estrés; por ejemplo, puede ayudar a los hermanitos, que se sienten ignorados por el cuidado que requiere el niño autista, o que se sienten abochornados si traen a sus amiguitos a la casa. El psiquiatra de niños y adolescentes puede ayudar a los padres a resolver los problemas emocionales que surgen como resultado de vivir con un niño autista y orientarlos de manera que puedan crear un ambiente favorable para el desarrollo y la enseñanza del niño.
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Qué es el síndrome de Asperger

Afecta de 3 a 7 niños por cada mil diagnosticados
Es un trastorno profundo del desarrollo cerebral caracterizado por deficiencias en la interacción social y coordinación motora, y por los inusuales y restrictivos patrones de interés y conducta.
Este comportamiento fue observado y descrito por Hans Asperger, un médico austriaco, cuyo trabajo solo fue traducido al resto del mundo en los años ochenta.

Perfil del niño con Asperger
El niño que padece de Asperger tiene un aspecto externo normal, suele ser inteligente y no tiene retraso en la adquisición del habla. Sin embargo, presenta problemas para relacionarse con los demás y en ocasiones presentan comportamientos inadecuados. La capacidad intelectual de los niños con Síndrome de Asperger es normal y su lenguaje normalmente solo se ve alterada cuando es utilizada con fines comunicativos. Suelen fijar su atención hacia un tema concreto, de manera obsesiva muchas veces, por lo que no es extraño que aprenden a leer por sí solos a una edad muy precoz, si ese es el área de su atención.

Un niño con este Síndrome también se encontrará afectado, de manera variable, en sus conexiones y habilidades sociales, y en el comportamiento con rasgos repetitivos y una limitada gama de intereses. Tienen una comprensión muy ingenua de las situaciones sociales, y no suelen manipularlas para su propio beneficio.
La mala adaptación que presentan en contextos sociales es fruto de un mal entendimiento y de la confusión que les crea la exigencia de las relaciones interpersonales. A pesar de sus dificultades, los niños que padecen de ese trastorno son nobles, poseen un gran corazón, una bondad sin límites, son fieles, sinceros, y poseen un sinfín de valores que podemos descubrir con tan sólo mirar un poquito en su interior.

Se considera que el Síndrome de Asperger afecta de 3 a 7 por cada 1000 niños, entre 7 y 16 años de edad. Las cifras no son exactas, pero se reconoce que es un trastorno que afecta más frecuentemente a los niños que a las niñas.

Las causas del Asperger
Existe un componente genético con uno de los padres. Con cierta frecuencia es el padre el que presenta un cuadro completo de Síndrome de Asperger. En ocasiones hay una clara historia de autismo en parientes próximos.
El cuadro clínico que se presenta está influenciado por muchos factores, incluido el factor genético, pero en la mayoría de los casos no hay una causa única identificable.
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¿Qué causa el sonambulismo infantil?

Los especialistas piensan que es de tendencia heredada, y afecta cotidianamente a los niños de 4 a 15 años de edad.
Se da durante la etapa de sueño profundo, durante las primeras horas del sueño. Los ojos de tu pequeño se encontrarán abiertos, pero totalmente en blanco. La coordinación de sus movimientos no será buena, pero podrá realizar acciones como vestirse, juntar la puerta o apagar los focos de luz.

El sonambulismo es un problema leve. Tu pequeño irá rondando por la habitación durante un tiempo corto, y luego, se dormirá. No trae consecuencias adversas, pues tiende a desaparecer cuando tu pequeño entra a la adolescencia.

Si persistiera hasta la adultez, el sonambulismo podría ser muestra de la existencia de una afección psíquica o neurológica, que se deberá tratar médicamente.

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