Dormir, desayunar, amar Punta

Posted on 06 octubre 2012 by monica

Como en todo el mundo, hostels y beds & breakfasts son tendencia en Punta. Sitios para reposar, conocer gente y descontracturarse del estilo típico del balneario en opciones rústicas y a la vez sofisticadas
La masa de gente que llega a Punta del Este y sus aledaños (hay que encontrarle un nuevo nombre a la aglomeración urbana que se extiende con continuidad entre Portezuelo y José Ignacio) en temporada se queda, en la mayoría de los casos, en sus viviendas, sean estas apartamentos o chalés. Porque la mayoría de los veraneantes esteños son propietarios.

Luego están los inquilinos, los que se quedan en casas de amigos, los que les gusta ir a acampar. Y también están los llamados “turistas del mundo”, los que prefieren quedarse en hostels, posadas y bed & breakfasts.

Este último rubro es de los que más se ha desarrollado a lo largo de esa franja costera de casi 80 kilómetros entre la playa Chihuahua y la frontera con Rocha. Desde los hostels más “antiguos” de la península hasta los que todavía tienen la pintura fresca porque abrieron hace poco, la oferta se ha ampliado mucho, con las consecuentes repercusiones en el mercado y en las ganancias.

Una característica constante define la vida de estas posadas: es rarísima la presencia de huéspedes uruguayos. Los extranjeros que las desbordaron en las primeras semanas del año tienen los orígenes más lejanos. En muchos de los casos arriban a Uruguay por conexiones vía Buenos Aires.

A lo hora de sacar la billetera, hay para todos los gustos. Desde lugares que son puro diseño, buen gusto y distinción hasta el viejo y querido cuartucho comunitario con cuchetas donde te ofrecen tapones para los oídos por eventuales ruidos molestos.
Punta duerme y desayuna al otro día. Cada vez más.

Se saturó el mercado
En la zona de El Tesoro, al inicio de La Barra, muy cerca del Museo del Mar, inauguró este año la Posada Amanecer, una casa con cinco habitaciones, equipadas con aire acondicionado, frigobar, tv cable y cobertura de wi-fi. Está ubicada cerca de los pajonales que crecen a las orillas del arroyo Maldonado.El estilo es minimalista y austero, y combina la madera, el cemento bolseado y las alfombras.

“Las primeras semanas de enero trabajamos muy bien, pero rápidamente ‘se cayó’ la cosa. Quizá es porque abrieron otros bed & breakfast en La Barra y eso dividió el mercado”, opina Juan Martín, uno de los responsables de la posada. La clientela principal se compuso allí de europeos.

Un lugar de excepción
También en El Tesoro, pero más hacia la ruta 10, en una esquina discreta se encuentra Casa Zinc, una invención del uruguayo Aaron Hojman, que se define a sí mismo como “arquitecto y diseñador improvisado”.

Se trata de una casa de seis habitaciones, construida a nuevo pero con un estilo claramente ferroviario del 900. La casa recuerda a los galpones del tren del barrio Peñarol, con una presencia de ladrillo rojo (aunque la parte exterior está revestida de chapa, lo que además le da el nombre al lugar), y el énfasis está en las aberturas, tanto los ventanales de medio punto como las puertas y los portones. Hojman dice que primero compró las aberturas y a partir de estas se imaginó el resto.

Casa Zinc se maneja con un público casi exclusivamente estadounidense y europeo (aunque este 2012 también llegaron algunos mexicanos), producto de que ha tenido mucha repercusión en publicaciones internacionales de primer nivel, como su selección en el libro de posadas del mundo de Angelika Taschen, la revista Wallpaper o la revista Wish Casa de Brasil.

Un artículo sobre Casa Zinc sale en la próxima edición de la prestigiosa revista especializada en turismo, cultura y otras cuestiones, Monocle.

Cada habitación posee un diseño particular y los espacios comunes están a mitad de camino entre una biblioteca inglesa y una casa de playa en los Hamptons. La primera semana de enero algunos precios llegaron a los US$ 750 la noche en base doble, pero las tarifas de febrero tienen números mucho más accesibles.

Una Combi en la Brava
En la parada 7 de la Brava (y quizá en el otro extremo del espectro de opciones), se encuentra la posada F&F. Ubicada en el hermoso chalé Milagro azul, F&F tiene una variedad de habitaciones que trepan a una torrecita de dos pisos que culmina con un altillo de excepción. Pero la que quizá es la habitación más loca de F&F sea la parte de atrás de una Volkswagen Combi.

Allí hay un colchón de dos plazas (pero donde entraron hasta cuatro chicas, según los responsables), con frigobar, un “huevito” para poner música y un toldo con unas cortinas para la intimidad. El precio por noche en la Combi es de US$ 100. Pero F&F ofrece camas en habitaciones compartidas con baño compartido desde US$ 20.

Muchos de los clientes de esta posada son suecos o australianos. Se ha creado un boca en boca en esos países y cada verano llegan más recomendados por amigos o conocidos. Otra constancia es la conexión por Buenos Aires. “Preguntan cuáles son las mejores playas y desde Argentina les recomiendan venir a Punta”, explica Sebastián, un joven colombiano que trabaja en la recepción de F&F. l

http://www.elobservador.com.uy/

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