Más de un siglo de cultura de veraneo y ocio en Uruguay

Posted on 06 octubre 2012 by monica

La cultura del “veraneo”, del ocio y el disfrute en residencias distintas a las habituales nació en Uruguay a fines del siglo XIX. Estaba reservada solo para las familias más pudientes. La clase alta oriental, que se miraba en el espejo de Europa y, de rebote, en Argentina, comenzó a construir fincas en zonas apartadas de Montevideo, como Capurro o el Prado. También concurría a hoteles en zonas bucólicas, como San Juan Bautista, actual Santa Lucía; o en la siempre atractiva Colonia Suiza, el área que circunda a Nueva Helvecia, en la que se instalaron hoteles a partir de 1872.

Los viajeros de origen argentino predominan desde el nacimiento mismo del Estado oriental. Solían visitar Montevideo, la Colonia del Sacramento, la barra del río San Juan y hasta Villa Soriano. A inicios del siglo XX el empresario naviero Nicolás Mihanovich, austrohúngaro residente en Argentina, impulsó un complejo turístico en el Real de San Carlos. Ofrecía hotel y casino, muelle propio, cancha de pelota, un pequeño ferrocarril y una plaza de toros que se inauguró en enero de 1910 y aún sobrevive.

En el barrio Guruyú, extremo suroeste de Ciudad Vieja de Montevideo, el español Emilio Reus hizo construir el Hotel Nacional, un complejo de gran lujo para hidroterapia medicinal destinado a turistas argentinos llegados en barco. El proyecto se hundió con la crisis financiera de 1890 y el edificio sirvió más tarde como sede de la Facultad de Matemáticas y luego de Humanidades y Ciencias.

Francisco Piria construyó Piriápolis a partir de 1893. En 1905 abrió el Hotel de Baños, pues el turismo de alto vuelo atribuía propiedades curativas al agua de mar, en 1910 se inició la construcción de la rambla y entre 1920 y 1930 se levantó el Argentino Hotel.

En Montevideo se hicieron grandes complejos para turistas. Destacaron el Parque Hotel, el Hotel Casino Carrasco, el Hotel del Prado y el desaparecido Hotel de los Pocitos.

Punta del Este, llamada pueblo Ituzaingó a fines del siglo XIX, se gestó a partir de 1907 y se popularizó entre las clases altas porteñas a partir de la década de 1920. El flujo de turistas argentinos se redujo drásticamente entre 1946 y 1955, debido a las restricciones que el gobierno de Juan Domingo Perón impuso a los viajes hacia Uruguay y a la compra-venta de moneda extranjera. Desde la década de 1970 el arribo en verano de turistas a Punta del Este se tornó masivo, y de su mano se instaló una industria de la construcción a gran escala. En 1976 solo 285.000 argentinos ingresaron a Uruguay; en 2011 fueron 1,72 millón.

El ferrocarril, que llegó a Maldonado en 1910 y a La Paloma en 1917, abrió nuevas fronteras y contribuyó a gestar el “turismo de playa”, que lentamente se abrió paso hacia el Este e incorporó también a la clase media uruguaya. Entre las décadas de 1920 y 1950 se gestaron casi todos los balnearios de la Costa de Oro de Canelones, con Atlántida y La Floresta como abanderados, y nuevas poblaciones en la costa en Maldonado. Los viajes se facilitaron con la ruta Interbalnearia, cuya construcción se inició en 1952, el puente sobre el arroyo Solís Grande (1962) y la doble vía Montevideo-Punta del Este, completada en 2000, cuando más del 35% de las familias uruguayas disponía de automóvil propio.

Las termas del Litoral surgieron tras el descubrimiento de aguas termales en Arapey en 1941 mientras se buscaba petróleo. Los complejos como Arapey, Daymán, Guaviyú, Almirón y otros maduraron a partir de la década de 1970. Mientras tanto las estancias turísticas, frecuentadas por citadinos y extranjeros, se expandieron a partir de la década de 1990.

El ingreso de turistas, muy dependiente de la coyuntura económica argentina, oscila entre 1,5 y 2,5 millones al año. El arco Punta Ballena-Punta del Este-José Ignacio concentra la mayor afluencia de capitales de origen diverso. Pero el fenómeno del turismo de alto poder adquisitivo se expande ahora hacia una nueva frontera: la costa de Rocha.

El País Digital

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