Alexander Vik. “La temporada es muy corta para ser un negocio”

Posted on 28 enero 2014 by monica

José Ignacio.- Deambulando por la arena, con su remera lisa de cuello redondo, el traje de baño hasta las rodillas y la piel excesivamente blanca, podría pasar por un cincuentón argentino bien mantenido y recién llegado en el Buquebus de la mañana. Pero quien camina por ahí, en compañía de su mujer y saludando aquí y allá a algún amigo con un tímido ademán, no es un turista más, sino el dueño de la playa. O por lo menos lo es del emprendimiento de lujo que desde este verano se levanta en la Mansa de José Ignacio: Bahía Vik. Un conjunto de bungalows que estará listo en 2015, pero que en diciembre inauguró su restaurante de playa, La Susana, una de las principales novedades de la temporada. También es dueño, desde hace años, de los dos alojamientos más exclusivos de este rincón del Uruguay: Estancia Vik,  José Ignacio, una futurista construcción diseñada por Carlos Ott al borde del mar,  donde millonarios norteamericanos y europeos combinan cada Año Nuevo su descanso con partidos de polo. Sus posesiones en América del Sur no acaban ahí. En Chile, precisamente en el valle de Millahue, donde adquirió el que considera el mejor terroir de América latina, posee Viña Vik, un ambicioso proyecto que aspira a producir -acaso, cree él, ya lo haya logrado en 2011- el mejor vino de la región, llamado, precisamente, Vik.

Vik, claro está, es él. Y las reminiscencias vikingas del apellido no son vanas, pues Alexander Vik (58) es noruego. Aunque más bien debería ser definido como cosmopolita, pues sus inversiones se diversifican a lo largo de varios continentes, y su vida, como su dinero, no conoce fronteras. En su país produce el vodka Christiania, “el más ahumado del mundo”; en el barrio de Chelsea, en Manhattan, abrió la galería Sebastian & Barquet, especializada en diseño americano y europeo de posguerra, y su principal firma, Sebastian Holdings Inc, dedicada a inversiones en software , tiene su sede en la elegante Avenue De Grande-Bretagne, en Mónaco, Pero ahora está aquí, en Uruguay, donde cada enero pasa unas cortas vacaciones en familia. Como un turista más.

-¿Qué hace un noruego bajo un sol de 34 grados?

-Bueno, normalmente no hace tanto calor [ríe]. Con mi mujer, Carrie, y nuestros hijos nos encanta venir a comienzos de año, cuando ellos tienen vacaciones, y quedarnos un par de semanas. Nos encantaría quedarnos más, pero tienen que regresar al colegio en Greenwich, Connecticut, donde vivimos. Pero disfrutamos mucho nuestras estadías acá. Hacemos mucho deporte, estamos con amigos, disfrutamos un paisaje maravilloso.

-Uruguay está de moda en el mundo, pero usted llegó antes que los europeos posaran sus ojos en estas playas. ¿Qué despertó su interés por el país?

-Mi madre había nacido acá. Se llamaba Susana y vivió en Uruguay en las décadas del 30 y el 40, pero siempre me hablaba de este país del que tenía muy buenos recuerdos, y también recibíamos allá, en Noruega, a los parientes uruguayos que cada tanto venían a visitarnos. Cuando nació mi primera hija, en 1988, con Carrie decidimos venir a conocer y visitamos la estancia de unos primos en Paso de los Toros. Todos aquí se referían a mi madre como “la Susana”, y por eso el nombre del parador.

-¿Enseguida imaginó que Punta del Este era un buen sitio para sus inversiones?

-Bueno, en realidad, compramos primero una casa en La Barra y la arreglamos para disfrutarla nosotros cada verano. Después se dio la oportunidad de adquirir una estancia. Nosotros, los europeos, tenemos una idea muy romántica de todo lo que representan las estancias y el campo. Pero como sólo podíamos venir a disfrutarla un par de semanas al año por el colegio de los chicos nos pareció que era bueno compartir la belleza de ese lugar con todo el mundo.

-¿Así decidió, entonces, crear Estancia Vik?

-Sí, creíamos que esto era algo para compartir, que otros pudieran venir y disfrutarlo también. No tenía sentido que estuviera casi todo el año vacía.

-No habrá creado el resort más lujoso de Punta del Este sólo por el altruismo de compartir con otros la belleza de su estancia… ¿Habrá imaginado también un buen negocio?

-Lo hicimos por amor a este país. Es que aquí la temporada es muy corta para ser un negocio para nadie. En Uruguay, la temporada dura un mes, y así es muy difícil que sea un buen negocio.

-¿Y cómo se puede revertir eso?

-Creando más actividad, mejorando los precios…

-¿De qué modo Vik ayuda a eso?

-Hemos ayudado a crear una imagen muy buena de Uruguay. Antes en Europa o en Estados Unidos nadie conocía este país y ahora está viniendo bastante gente. Ha habido un gran crecimiento.

-¿Es bueno tanto crecimiento?

-Es bueno el crecimiento. Lógicamente sin desnaturalizar el lugar, respetando su belleza.

-Las paredes de sus hoteles, incluso las de este parador, están cubiertas de obras de arte. ¿Es un gran coleccionista o se trata de una inversión?

-Siempre me ha gustado vivir con arte. Conocí muchos artistas uruguayos muy buenos. Me gusta mucho el arte uruguayo y apoyar a los artistas locales. En cada habitación de Estancia Vik, de Playa Vik y aquí, en Bahía Vik, hay una obra de arte distinta. Es una forma de darles apoyo, de darlos a conocer. En Chile, he comprado también muchas obras de artistas chilenos.

-Hacer vino también es una forma de arte. ¿Eso lo atrajo de Chile?

-Sin duda. Y el vino que estamos haciendo allá, en Millahue, queremos que sea el mejor de América del Sur. Yo tenía mucho interés en adquirir ese terroir . Las condiciones del agua, del suelo, la amplitud térmica son perfectas para el cabernet sauvignon. Probablemente el de 2011 ya haya logrado ser el mejor de América del Sur.

-¿Invierte en diferentes partes del mundo? ¿Es difícil hacerlo en América latina?

-Cuesta. Aún hay mucha burocracia. También es cierto que hay más incentivos, más facilidades, pero luego uno se encuentra con excesivos controles que hacen todo más difícil. En Chile es un poco diferente, allí es más libre.

lanacion

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