PREMIO PRITZKER 2019 – METABOLISMO JAPONÉS

Con casi 60 años de trabajo y más de cien edificios construidos, Arata Isozaki fue premiado con el máximo galardón de la arquitectura a nivel mundial. Adaptadas a los nuevos tiempos, sus obras sorprenden por su corte contemporáneo.

 

Como todos los años, la fundación americana Hyatt otorgó su galardón más importante en lo que refiere a la arquitectura mundial, el Premio Pritzker 2019. Esta vez, el prestigioso reconocimiento fue para el arquitecto, urbanista y teórico japonés Arata Isozaki, de 87 años. El jurado, presidido por el juez Stephen Breyer (Estados Unidos), estuvo integrado por los arquitectos Richard Rogers (Reino Unido), Benedetta Tagliabue (Italia), Kazuyo Sejima (Japón), Wang Shu (China) y Ratan N.Tata (India). En su fallo declararon que la obra de Izozaki “supera el marco de la arquitectura para plantear cuestiones que trascienden eras y fronteras, en su búsqueda por una arquitectura significativa, creando obras de gran calidad que hasta el día de hoy desafían la categorización, y reflejan su constante evolución y contemporaneidad en su enfoque”. Del mismo modo, el jurado lo definió como un visionario con un “profundo compromiso con el arte y el espacio, proyectado con dedicación y destreza, demostrando el dominio de las técnicas de construcción, la interpretación del área, el contexto y la intencionalidad de los detalles”. Este arquitecto japonés, es el 46to. Premio Pritzker y el octavo de nacionalidad japonesa en recibirlo.

 

Sin cimientos…

Arata Izozaki nació en 1931 en Oita, Japón, poco tiempo antes de que se declarara la Segunda Guerra Mundial. Para ser más precisos, proviene de la ciudad de Kyushu, justo a medio camino entre Hiroshima y Nagasaki; donde a la edad de 14 años sufrió la caída de Little Boy y Fat Man respectivamente, producto del ataque nuclear ordenado por el gobierno de Estados Unidos con el presidente Harry S. Truman al mando. Es claro que este joven japonés tuvo que haber sentido los efectos bélicos de semejante acción, lo que de seguro marcó su vida y también su trayectoria profesional. “Cuando fui lo bastante mayor para comenzar a entender el mundo, mi ciudad natal estaba destruida, así que crecí en la zona cero“, contó el arquitecto, para el que el punto de partida de su inspiración como profesional fue el vacío de la arquitectura misma y la necesidad de reconstruir sus hogares y sus ciudades. “Estaba completamente en ruinas, no había arquitectura ni edificios, ni siquiera una ciudad. Solo me rodeaban barracas y refugios”, recordó.

 

Estudió arquitectura en la Universidad de Tokio. En 1961 proyectó sobre la zona de Shinjuku, en dicha capital, la Ciudad en el aire, con enormes edificios, residencias y transportes que se suspendían en el espacio con liviandad sobre lo existente, a fin de racionalizar el caos originado por la rápida tasa de urbanización, a través de un orden vertical inspirado en los árboles. Aunque este plan bastante futurista no se construyó, fue la primera propuesta y a la vez definitoria en la carrera de Isozaki, quien fundó rápidamente su propio estudio. Arata Isozaki & Associates vio la luz en 1963, con el firme propósito de reconstruir su país. “Para encontrar la forma más adecuada de resolver los problemas, no podía centrarme en un solo estilo. El cambio era una constante. Paradójicamente, eso se convirtió en mi estilo”, explica Arata.

 

Un legado heterogéneo    Además de ser pionero en el uso de serigrafías y estampados térmicos aplicados en fachadas e interiores de muchas de sus obras, él introdujo el concepto de Ma, que define los espacios intermedios como esenciales: “entre un espacio y otro, entre sonido y sonido, hay silencios, pausas. A esto se le llama Ma. Si el espacio es importante; el espacio intermedio es más importante“, explica. Su trabajo se caracteriza por ser interdisciplinario e incluir proyectos no sólo de arquitectura sino también de diseño urbano, moda, gráfico, mobiliario y escenografía. Su inquietud personal lo llevó a explorar aún más allá, en el área de la literatura como escritor de varios títulos: Japan-ness in Architecture (Influencia Japonesa en Arquitectura) o el International Design Year Book (Anuario del Diseño Internacional) sirven de ejemplo. Y también se desempeñó como crítico y jurado en diversos concursos de arquitectura. Entre sus primeras obras más destacadas están: la Biblioteca Central de Kitakyushu (1974) de diseño tubular, y el Museo de Arte Moderno de Gunma, que fuera inaugurado en el mismo año, con una fuerte estructura cúbica que refleja claramente su fascinación por el vacío y la cuadrícula.

 

Así fue como comenzó a planear ciudades que pudieran asumir las elevadas tasas de urbanización y plasmó sus ideas de arquitectura, convirtiéndose hacia la década de los 80′ en un referente, especialmente tras realizar el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad de Los Ángeles. Un edificio de piedra roja y aluminio que plantea una interacción lúdica entre sus formas. Fue su primer proyecto fuera de Japón (1981-1986). En paralelo empezó la construcción del Palacio de San Jordi en España, un edificio techado diseñado para albergar los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992. Como una suerte de racha, le siguió la sede de Disney en la ciudad de Florida en 1990, y en ese mismo año, se inauguró el complejo artístico Art Tower Mito en la ciudad de Ibaraki, Japón, que incluye una sala de conciertos, un teatro, una galería de arte contemporáneo y una torre histórica, al igual que el Salón de Convenciones de la ciudad de Nara, también en Japón. El estadio de hockey sobre hielo en Turín, Italia (2006), el Centro Cultural de Shenzhen en China (2007), el CAFA (Museo de Arte de la Academia Central de Bellas Artes) de Beijing (2008) y el Centro de Convenciones de Qatar (2011), se cuentan también entre las obras de Izozaki más impactantes de los últimos años, siendo la Torre Allianz en Milán, una de sus últimas construcciones, inaugurada el año pasado. Arata también realizó proyectos conjuntos como el de la sala de conciertos ARK NOVA en asociación con el arquitecto Anish Kapoor. La misma consiste en una estructura inflable que alberga un escenario y todo lo necesario para desplegar un concierto en cualquier parte del mundo, ya que se puede desmantelar y cargar en un camión.

 

Presente dinámico

Con casi 60 años de trabajo, Isozaki lleva construidos más de 100 proyectos arquitectónicos a lo largo del mundo, en países tan diversos como Japón, España, Estados Unidos, China, Italia, Qatar y Australia; siempre forjando una estrecha relación entre Oriente y Occidente. Pese a su edad, sigue demostrando su versatilidad en las obras. Su actividad “descansa en un profundo entendimiento, no solo de la arquitectura en sí misma sino también de la filosofía, la historia y la cultura“, destaca un comunicado de la Fundación Hyatt, a la vez que lo eleva como “un ejemplo de generosidad“ por su apoyo a otros arquitectos.

Fuente: El Pais

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