El pueblo Ituzaingó en Punta del Este

Posted on 20 enero 2015 by monica

Ituzaingó no era otra cosa que la mismísima Península de Punta del Este, nombre con el que oficialmente pasaría a denominarse el 7 de julio de 1907, cuando el entonces presidente Claudio Williman promulgó la ley que dio origen al balneario más importante y exclusivo de América. Nadie, ni los más visionarios soñaron, entonces, con el desarrollo y el prestigio mundial que ese territorio cercado por el agua y que marca el límite preciso en el que el Río de la Plata y el océano Atlántico se confunden en un abrazo, tendría ya no un siglo más tarde, sino tan solo treinta años después.

El primer plano de mensura (foto superior) fue ordenado por la Junta Económica y Administrativa de Maldonado e impreso por primera vez en junio de 1898 en la imprenta La Razón. En él se destacaba que la localidad era “recomendada en los últimos años por los médicos más afamados de la República Oriental y Argentina, a los enfermos del estómago, a los anémicos y en general a las afecciones adquiridas por el ejercicio del trabajo”. Parece que 110 años atrás, el hoy tan expandido estrés ya empezaba a afectar a las personas.

Plano de mensura.

El agrimensor Francisco Surroca trazó sus calles y dividió la península en terrenos regulares de 816 metros cuadrados y 75 centímetros. Solares que tenían 18,50 metros de frente y 49,50 metros de fondo. Diseñó dos plazas: la del faro y la Artigas que hoy conocemos como la de los artesanos.

El balneario fue pensado mirando hacia la Mansa, y en tal sentido se destacan en el plano el edificio de la Aduana (construido en 1886), el llamado Puerto del Este y pegado a él, la playa Honda que, durante más de veinticinco años, fue la única que los veraneantes frecuentaron. Por su intenso oleaje, la Brava era un sitio impensado para los baños de mar. Por ello, ninguna de las playas existentes ayer como hoy fueron marcadas, simplemente se menciona al océano Atlántico.

Publicidad engañosa.

Uno de los grandes desafíos era cómo llegar hasta la Península.

La publicidad que encabeza el plano dice que cuenta con un vapor que “hace el viaje directo de Montevideo a Maldonado en siete horas de día o de noche, cobrando tan solo cuatro pesos de pasaje”.

Pero también señala que es posible llegar “por tierra desde Montevideo en un día, utilizando el Ferrocarril a la Sierra, pasando por Maldonado, que dista solo seis kilómetros de la Punta del Este y cuyo ferrocarril en un plazo cercano llegará al propio pueblo”. Al parecer ya a fines del siglo XIX existía la publicidad engañosa. La historia nos indica que el ferrocarril a Maldonado arribó, por primera vez, en 1910 y que veinte años más tarde, en 1930, lo hizo a Punta del Este. También la distancia que separaba a Maldonado de la Península era entonces de diez kilómetros y no de seis como se expresa en el anuncio.

Lo cierto que trasladarse por tierra a Punta del Este tenía mucho de aventura y si la lluvia acompañaba la travesía podía convertirse en una verdadera odisea. El tren llegaba hasta Abra del Perdomo, luego de allí se debía hacer el trasbordo a carretas tiradas por bueyes, que atravesaban arroyos, cañadas y dunas hasta Maldonado. Y después de un descanso de algunas horas, se retomaba el viaje en carro o en volanta hasta la Península.

El primer hotel.

¿Qué encontraban los visitantes en aquellos años? A partir de mediados de la década de 1890, solo una edificación que llevaba el pretensioso nombre de Hotel. Su dueño Pedro Risso descendiente de andaluces fue un ferviente impulsor de Punta del Este. Su negocio era una edificación con dos habitaciones de material y todo el resto de barro con techo de chapas. En el centro levantó un salón amplio que lo convirtió en el comedor. Cuentan que la buena cocina era una de las peculiaridades del hotel, al que todos conocían por el nombre de su dueño. Con los años el primer hospedaje de Punta del Este se convirtió en el Hotel Central, edificio que hoy sobrevive olvidado en el final de la avenida Gorlero sobre la Calle de Las Palmeras, a la espera de un mejor futuro.

Desde sus comienzos la naturaleza mandó en Punta del Este y aún hoy sigue mandando. El caserío devino en villa y luego en pueblo; para convertirse en un balneario internacional. Al que todos quienes desembarcan en él, sueñan con volver aun antes de haber partido.

El Ferrocarril llegó a la península en 1930

El Ferrocarril llegó por primera vez a la Península en 1930, a Maldonado lo había hecho en 1910. Dos décadas demoraron en extender los diez kilómetros de vías que separaban a la estación de Maldonado de Punta del Este. Su desembarco marcó un antes y un después en la vida del balneario. El tren llegaba arribaba el mediodía y traía a los turistas que habían llegado esa mañana de Buenos Aires en el Vapor de la Carrera. Y si bien hubo un antes y un después en el desarrollo de la Península luego del Ferrocarril, debieron transcurrir muchos años para que sus habitantes y turistas perdieran la costumbre pueblerina de concurrir a la estación (ubicada enfrente a la Brava, donde hoy se encuentra la Terminal de ómnibus) para ver quién venía.

Lo mismo sucedía al atardecer cuando el tren emprendía el lento viaje de regreso. Eran muchas las personas que se daban cita en la estación para despedir a los viajeros. Allí se mezclaban todos, argentinos y uruguayos.

elpais

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