Julio Bocca: “Amo la danza, pero no extraño subirme a un escenario”

Posted on 27 enero 2014 by monica

Se dejó ver en contadísimas ocasiones durante la temporada alta de Punta del Este y cuando uno conoce la casa que alquila para pasar sus vacaciones entiende por qué. Se llama Luz de Mar y está en la zona de El Portezuelo, playa protegida del viento por Punta Ballena, donde el mar es aun más manso y huele a pinos. Desde un minicomponente que en los tiempos del iPod resulta inevitablemente vintage , suena la FM Latina junto con los pájaros, las gaviotas y alguna que otra ola. Julio Bocca, en bermudas y ojotas, abre la heladera y mira: “¿Quieren agua, gaseosa light, cerveza, vino, champagne? ¿un café?” Sonríe. Habla con calma, con manos bailarinas y con una media sonrisa siempre. No hay rastros de estrés en la vida actual de quien se coronó como el bailarín argentino más grande de todos los tiempos, premiado en los teatros más importantes del mundo, y ovacionado por medio millón de personas el día de su legendaria despedida en el Obelisco, hace ya seis años.

 

Los escenarios extrañan el prodigio de Bocca. “Siento que esa etapa ya pasó? Además estoy muy feliz con mi presente.” Feliz. Ésa es la palabra perfecta para definir su estado. Se mudó a Uruguay para dirigir el Ballet del Sodre, la compañía oficial del país vecino, vive en un departamento con vista al poniente en Montevideo, está en pareja hace seis años y sigue viajando por el mundo como jurado de distintos festivales de danza. Como ya no baila, puede darse algunos gustos: picadas, asado y brindis. “El alcohol es mi única droga. Me modero, pero lo disfruto mucho”, cuenta con cierta timidez, pero no teme admitir que uno de los placeres, por la tarde, cuando vuelve a casa y el atardecer cae despacito, es sentarse en su balcón, en silencio, con un vasito de vino tinto.

 

-¿Extrañás Buenos Aires?

 

-No. No soy de mucho ruido. Cuando bailaba, era parte de mi trabajo. Pero ya de por sí no me gustan las grandes ciudades, por eso también la posibilidad de venir a Montevideo me sedujo. Esa vida, en una gran ciudad, no sé si podría volver a hacerla. Quizás en Nueva York. Viví 20 años allá entonces estoy más acostumbrado a eso que a Buenos Aires. La variedad que tiene de espectáculos, de cultura, la organización, pero? no sé si podría. Me siento muy bien así y cada vez me alejo más del ruido y del tráfico. Por ahora, quizá más adelante tenga otras sensaciones. Estoy bien. Con el trabajo estoy muy feliz, estamos haciendo muy buenas cosas, tenemos buena programación, apoyo del Estado, de empresas privadas, sponsores, público. No me puedo quejar.

 

-Seguro te deben llegar propuestas de los ballets de todo el mundo? ¿Seguís eligiendo Montevideo?

 

-Hubo propuestas, pero yo estoy bien. Conocí a mi pareja, con quien voy a cumplir seis años. Para mí esto es toda una experiencia, dirigir una compañía grande, de 65 bailarines, y tenemos nuestro lugar, el Auditorio Nacional, viejo teatro que se incendió y tardó 40 años en reinaugurarse, entran 2000 personas? Estoy cómodo. Ir a trabajar y volver a casa es impagable. Yo ya disfruté de lo otro, viajar como loco, tener una función en Londres y otra por la tarde en Italia en el mismo día, toda esa locura de las grandes ciudades quedó atrás. Llegué a un punto en el que no puedo dar más. Todo tiene un tiempo. Quizás en unos años cuando esto ya esté funcionando sea el momento de dejar que venga alguien nuevo y ver qué hago o no hacer más nada. Tengo 47 años y quiero disfrutar.

 

-¿Cómo te desconectás?

 

-La verdad estando en casa yo me desconecto mucho. Siempre viajé tanto que poder disfrutar de mi casa, de donde vivo, es maravilloso. En Montevideo, si salís nervioso, vas por la rambla y te vas tranquilizando. Si hay un fin de semana largo, me hago una escapada a Punta. En invierno también es muy lindo. En vacaciones hago una vida muy tranquila, no me gusta salir mucho. Me gusta disfrutar de las mañanas, despertarme y que no se escuche ningún ruido, meterme al mar temprano, caminar.

 

-Sos un ídolo binacional. Los uruguayos te sienten tan local como los argentinos? ¿cómo lo vivís?

 

-Muchos dicen que hay que triunfar afuera para triunfar en tu país. En mi caso todo lo contrario, estoy agradecidísimo. No me puedo quejar. Siempre tuve el apoyo del público, que fue incondicional, el cariño y el respeto? y lo sigo manteniendo.

 

-¿Cuáles son tus expectativas como director?

 

-Acá, en tres años estamos logrando que el ballet tenga reconocimiento a nivel regional. Y mi intención no es sólo que sea una compañía de la región, sino que se hable en el mundo. Se habla de la Ópera de París, que también se hable del Ballet Nacional del Uruguay. Creo que se puede lograr.

 

-¿Cómo ves este país?

 

-Uruguay es un país que está resurgiendo, pero está entre dos grandes potencias, y sin dudas depende de cómo les va a los otros países. Hay cosas que podrían estar mejor, la inseguridad es un problema, la suciedad en Montevideo? pero es un país como la Argentina, que tiene todo para crecer. No tiene que haber gente que no pueda comer. Son prioridades en las que se tienen que trabajar. Pero es cierto que ahora todos hablan de Uruguay, tenés las leyes que regulan el aborto, el matrimonio igualitario, la marihuana, siempre ha sido un país democráticamente muy abierto. Esto repercute a nivel internacional, viene mucha gente a instalarse a vivir.

 

-¿Qué te dejó de bueno y de malo la danza?

 

-De malo me dejó todas las operaciones que tengo, que son nueve. Lo demás es todo bueno: crecimiento personal, en mi carrera, en la vida, el amor por la danza. Aunque no tenga más ganas de bailar, sigo amando la danza. Me dejó una parte de mi vida maravillosa, de conocer, de viajar, de democratizarla para que puedan verla todos. Me dio mucha felicidad, tuve la suerte de hacer lo que me gusta, llegar más allá y terminar esa etapa en lo más alto. Quizá podría haber seguido, pero fue una decisión de parar y comenzar a generar otras cosas. Que no se termine mi vida porque a los 40 no podés bailar más.

 

-¿En serio no bailás más? ¿Ni por diversión?

 

-Sólo en alguna fiesta. Salsa, el punchi punchi? no me gusta. Un reggaeton, sí. Pero de bailar, bailar ya no. De verdad estoy bien así. Me emociona cuando termina una función y ver que todo sale bien. Pero de ahí a querer volver a ponerme en forma para entrar a un escenario, no.

 

-¿No más dieta?

 

-Sigo siendo muy disciplinado. Desayuno un licuado de frutas y mate. Al mediodía una manzana y un yogurt, por la tarde unos quesos. A la noche ceno una vianda de 400 calorías. Me mantengo así. Y cuando salgo, sí me doy los gustos. Soy muy exigente con los bailarines, tienen que estar en forma, flacos, saludablemente, si veo que hay problemas hablo y les pido estudios. Yo no puedo aparecerme con panza cuando les estoy pidiendo que estén en forma.

 

-¿Cuál te gustaría que fuera tu legado?

-El trabajo que uno hizo para que la danza sea popular, para que todos tengan la posibilidad de estudiarla, la fundación, que sigue creciendo. Fue lindo poder hacer esos aportes. Costó mucho que la danza sea popular y me gustaría que se mantenga con la misma disciplina y profesionalismo. Que la danza sea exquisita

lanacion

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