Solanas, la playa de los niños

Posted on 08 octubre 2012 by monica

Vacaciones. El lugar más divertido de la costa, pensado para entretener a los más chicos… para alegría de los padres
Solanas, una playa que le debe mucho al arquitecto catalán Antonio Bonet, es casi un parque de diversiones gratuito y en un lugar privilegiado de la costa. Mientras los niños pescan aguavivas, construyen castillos en la arena o se entretienen con las propuestas de los recreadores, los adultos pueden disfrutar, agradecidos, del verano
Bajamos a Solanas, donde el hotel y parador construido por el arquitecto catalán Antonio Bonet, impone su belleza en líneas rectas y proporciones exactas. Dos pisos con un salón restaurant de doble altura, vidriado, con plantas que desde adentro decoran los ventanales, y ambientación de época.

Todo un homenaje al arquitecto catalán que, con esta obra y la urbanización lindante, Portezuelo, completó su sueño y dejó un legado inalterable: la manera de intervenir un bosque costero respetando los dueños del lugar: el mar y los árboles.

En realidad Solanas es un derivado popular del verdadero nombre de la playa que es el del parador Solana del Mar. Lo que parecía a primera vista como un elegantísimo espacio frente al mar fue cambiando a medida que nos acercamos a la playa.

Solanas (definitivamente con s) es la playa más ruidosa y divertida que visitamos en nuestra recorrida. Es el paraíso de los niños y es casi imposible estar allí sin moverse y seguir el ritmo contagioso de alguna canción de moda que los parlantes emiten a altísimo volumen.

Es que la playa está ocupada por las sombrillas de un resort cercano, un tiempo compartido muy familiar, que contrata un equipo de entrenadores y guías para niños de diversas edades.

Ellos se ocupan de hacerles juegos, competencias con aros, carreras con obstáculos y, de este modo, los padres descansan tranquilos sabiendo que sus hijos están cuidados.

Pero además hay un enorme pelotero con dos canchas para que los varones de entre 10 y 16 jueguen todo lo que quieran, evitando que un pelotazo arruine la cirugía estética recién hecha de alguna señora o golpee trágicamente a alguien.

No solo los niños son cuidados y entretenidos por el personal del resort. También padres y adolescentes tienen su cuarto de hora cuando dos jovencitas de cuerpos esculturales les dan clases de gimnasia, al ritmo de vibrante música, mientras indican los movimientos: “Brazos arriba, uno, dos y tres; dos pasitos al costado, derecha, izquierda, abajo”.Y por lo visto, es tan divertido seguir el movimiento como equivocarse rotundamente y tener que volver a subirse al ritmo de la clase.

Constructores
Pero este ambiente donde los niños son privilegiados se contagia mucho más allá de las clases e instructores.

Los chicos son los reyes, y su imaginación, el reino de la fantasía. Como en ninguna otra playa volvimos a ver castillos de arena, fortalezas, ampliaciones, canales comunicantes: un mundo propio a menos de cincuenta centímetros del suelo, y agitados constructores trabajando con ahínco.

La arena, ese día, estaba llena de aguavivas que notoriamente habían sido sacadas del mar horas antes. Pronto descubrimos al otro batallón de trabajo forzado: los chicos con redes de colores que se meten al mar a “pescar” aguavivas. Seguramente sus padres les regalaron la red, tipo medio mundo, para fines más deportistas, como pescar mojarritas, pero los chicos le encontraron esa utilidad inmediata y llenaron la orilla de aguavivas que se derretían al sol.

No solo los niños se divierten. Adolescentes y adultos juegan paleta, hablan por celulares, leen libros o arman mesitas bajas para jugar al dominó. Todo parece bullir en esta playa que no da tiempo al reposo y completa la diversión con viandas, heladeritas repletas de bebidas heladas y vendedores ambulantes.

La clave es que la arena es blanca y fina, y es imposible llegar a una profundidad peligrosa ya que se puede caminar cuadras con el agua no más arriba de la rodilla. Solo midiendo menos de 50 centímetros puede llegar alguien a no hacer pie a 100 metros de la orilla.

El mejor parque de diversiones que vimos al aire libre, fresco y gratuito.

http://www.larepublica.com.uy

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