¿Que es Ser Mujer?

Ante el esfuerzo de emerger de debajo de los escombros de una cultura que tanto nos ha limitado, estamos cada vez más desorientadas ante esta pregunta: qué significa ser mujer.



Es curioso estar en una época en la cual, para contestar esta pregunta, deba recurrir a justificaciones académicas para no correr el riesgo de ser adjetivada negativamente. Diversos colectivos actuales deciden qué es una mujer y manejan discursos y definiciones tan racionales que la tornan una pregunta incontestable. Pero recurriendo a la lógica del sentido común, todos sabemos lo que es una mujer, ¿verdad? Digo, porque a esta altura parece que nos hubiéramos olvidado de la imagen que se representa ante nuestros ojos cuando decimos “mujer”.

Desde esta lógica simple que apela a lo obvio y fenomenológico, cada una de nosotras podría contestar esta pregunta fácilmente, y todas de una manera diferente. Esa es sin duda una enorme riqueza. Cada una de nosotras habita dentro de la piel de una mujer, viviendo las experiencias que nos tocan en este tiempo y lugar, donde afortunadamente tenemos la habilitación para preguntárnoslo.

Recuerdo la primera vez que lo hice. Iba en el coche por la rambla de Montevideo mientras manejaba mi primer esposo, dirigiéndonos hacia Pocitos. Curiosamente la pregunta vino acompañada de otra: ¿Cuál es la mejor manera para elegir? Recién ahora lo veo; ahora mientras lo escribo me doy cuenta de la potencia de haberme preguntado las dos cosas a la vez. ¿Será que ser mujer y elegir tienen algo en común?

¿Qué sabía de ser mujer en aquella época? Que tenía que estudiar para ser independiente, que sería mamá y esposa, que era mucho más difícil ser mujer que hombre…y no mucho más. Tendría más o menos 25 años. Desde entonces me he dedicado, entre otras cosas, a explorar posibles respuestas a las dos preguntas que están más intrínsecamente unidas de lo que parece.

Es interesante porque la dedicación tiene sus frutos. Allí donde uno dedica la atención por largo tiempo es donde finalmente cosecha algo, y eso es lo que quiero compartir en este espacio. Si algo me caracteriza es la perseverancia y la curiosidad. Desde esos valores recorrí muchos caminos que me mostraron las infinitas posibilidades del ser mujer, los néctares que somos capaces de generar, la esencia del ser mujer que fui capaz de encontrar en mi misma y las muchas mujeres con las que he trabajado. Repito, cada una de nosotras percibe diferente, porque cada una vive su propia experiencia. Lo Femenino es tan vasto que cada una capta lo que puede y quiere, de acuerdo a sus posibilidades, preferencias y elecciones. Sin duda todas las visiones tienen algo que aportar al gran tapiz de la totalidad.

La construcción del ser mujer la hacemos entre todas, y ninguna visión es más importante que la otra, pero hay algunas cuestiones que he visto en mi caminar que me gustaría compartir. En primer lugar, la mujer carga una herida que a veces percibimos y a veces no. A veces la vida nos tiene tan ocupadas que no la notamos (también a veces estamos muy ocupadas para no ver la herida), pero es absolutamente imprescindible que comencemos un camino de sanar. Son muchas las heridas sufridas por la mujer y este artículo no enfoca predominantemente en ellas, pero por nombrar alguna podría mencionar el momento en que se nos nombró “Jauna Diaboli” (la puerta del Diablo) y se nos quemó en la hoguera por ello. La mujer tuvo que adaptarse (muchas veces por la fuerza) a reducir sus capacidades para cumplir el mandato de que sería idealizada, pero solamente siendo madre, mientras nuestros pares los hombres se daban otros permisos. Forzadas a sufrir sin poder elegir nuestro destino, se nos ha herido generación tras generación. Hoy en día estamos ante una puerta abierta, donde a pesar de las dificultades que aún existen, tenemos la posibilidad de recurrir a ser nosotras mismas, a labrar una identidad que nos calce y nos haga sentir bien, trasladando este bienestar a todos los que nos rodean.

Convertirnos en la mejor versión de nosotras mismas es un lujo pero a la vez una extrema necesidad, ya que hoy en día tenemos un rol fundamental en nuestra cultura, que es enseñar a amar, enseñar a cuidarnos los unos a los otros. De esta visión de Lo Femenino depende la sobrevivencia de nuestra especie, ya que el ser humano actual se ha desarrollado en un camino donde “el otro” no importa, mientras el éxito de la idea original se lleve a cabo y haya ganancia económica. No vamos a decir que tener ganancia es el problema. El problema es que la dinámica actual pasa por alto el cuidado de lo que nos proporciona el sostén de la vida y ese sostén lo conoce más que nadie la mujer.

En segundo lugar, quiero destacar que ser mujer tiene dimensiones ocultas por nuestra cultura ya que ponen en peligro la propuesta de que el sacrificio personal debe ser nuestro norte. La mujer es capaz de un disfrute que abarca desde el cuerpo hasta la visión de una flor, desde el cuidado de los hijos hasta el desarrollo de proyectos. El disfrute es una ilimitada potencia de Lo Femenino, que nos lleva a encontrar el poder para crear una nueva cultura más centrada en valorar la VIDA. Tenemos la capacidad, eligiendo cada paso y situación de la vida, de lograr una cultura donde todos ganen. La mujer es quien porta en si misma la cualidad de revivificar, trabajo mediante, esta dimensión de la vida, poniendo al disfrute como norte.

Si nos proponemos este camino de vida, cada una desde su actualidad, su hogar, su quehacer y sus relaciones, podrá realizar la verdadera revolución donde la vida valga la pena ser vivida, rescatando de los escombros el SER, la capacidad de sentir y la totalidad. La visión de una mujer puede volver a ser sagrada, capaz de sanar a su familia entera con la puesta en práctica de la justicia y la ética para el bien de todos, con su cuerpo, con su arte y su medicina. La sacralidad de la mujer y su potencia de disfrute corporal, unido a la Madre Tierra, a las sagradas artes antiguas que la mujer supo desarrollar en todas las culturas antiguas, donde su cuerpo era venerado por hombres y mujeres, es la respuesta al conflicto de esta época.

Así va desde aquí una invitación a pensar que la mujer puede ser quien guíe a la humanidad hacia una luz diferente, donde nuestros úteros sean el caldero que contenga la nueva visión que cambie la de los demás, por el bien de las próximas generaciones. Invito a toda mujer a preguntarse qué es Ser Mujer. No nos quedemos con lo que nos han dicho. Ser mujer es una búsqueda, así que busquemos, porque el que busca siempre encuentra. La Vida nos llama a encender la sacralidad vivida en el cuerpo.

Teresita Domínguez es psicóloga, representante de la Sociedad Internacional de Ecopsicologia para el Uruguay y trabaja en clínica individual y grupal en Punta Ballena, Maldonado. Vive en Punta del Este desde hace 14 años con su familia. Ha orientado su búsqueda personal en diferentes tradiciones basadas en la naturaleza en Uruguay, México e Inglaterra donde su principal foco de interés ha sido encontrar soluciones creativas para la vida cotidiana. Realiza encuentros de mujeres y retiros en la naturaleza.

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