La mujer políticamente incorrecta

Ya lo decía mi mamá. Ser mujer es mucho más difícil que ser hombre. Pero como siempre fui muy rebelde pero creativa, me dispuse a encontrarle una ventaja a esta diferencia entre el ser hombre y ser mujer. Claro, a veces me digo que mi mamá tenía razón.

Lo duro del tema es que muchas veces el empedrado en el camino no lo colocan solo los hombres que aún no han comprendido la importancia de amar una mujer confiando en ella. Muchas veces las piedras más difíciles nos las ponemos nosotras mismas, señalando con el dedo y juzgando a otra mujer porque no vive como nosotras pensamos que debería vivir.

Alguien que respeta su propio camino pocas veces adhiere completamente a los movimientos sociales. Alguien que respeta su propio camino se diferencia para poder encontrarse a si mismo. Por este motivo, lo políticamente correcto es más bien un mecanismo de control social que de apoyo a las diferencias. Es decir, en un comienzo pueden ser movimientos de diferenciación, pero luego se rigidizan y se convierten en dogmas.

Las personas que se diferencian de los colectivos han sido siempre, y lo son aún, peligrosas e indeseables. No importa cual sea el dogma actual, siempre restringe el libre albedrío en pos de la pertenencia a algo más grande. Esto último es una necesidad instintiva del ser humano. En la antigüedad, y en la actualidad, el ostracismo era el peor castigo que se podía hacer.

Entonces lo que estoy viendo es que muchas mujeres deben ocultar que disfrutan cuidando de su casa. La casa se ha vuelto un campo de batalla donde se observa la pelea de poder entre hombres y mujeres. Es cierto, la casa aún recae mucho más en la mujer que en el varón, pero insólitamente hoy es tal el desequilibrio que las mujeres que disfrutan de ese rol se tienen que ocultar.

También muchas mujeres aman a sus maridos y tienen fantásticos hijos varones a quienes han criado con todo el esmero que han podido y estas mujeres detestan que el varón sea señalado con el dedo como culpable universal por algunas mujeres, tanto como detesta que cuelgue sobre sus cabezas la espada de la guerra, donde los hijos son carne de cañón.

La mujer políticamente incorrecta no se viste de negro para representar ningún colectivo, sino porque disimula mejor sus curvas entradas en años, y encuentra aún que ponerse bella refleja algo de su interior.

La mujer políticamente incorrecta sabe callar como siempre lo ha tenido que hacer la mujer, ya que la mujer políticamente correcta grita más fuerte y está disponible a enfrentar, respaldada por un colectivo que envalentona y da fuerzas que a solas no se tienen.

La mujer políticamente incorrecta está sola, como siempre lo ha estado la mujer, incluso las políticamente correctas, ya que luego hay que volver a casa a lidiar con las cosas de siempre, con la vida, donde está la verdadera batalla y donde podemos hacer los verdaderos cambios. Encontrar un luegar diferenciado del varón es la única respuesta de verdadero cambio social. El problema es que da mucho más trabajo que señalar culpables.

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