¿Una Ética de la Mujer?

¿Se puede hablar de una ética de la mujer sin caer en cuestiones sexistas?

Pensando en el próximo tema a escribir, me di cuenta de que algo me detenía. En todos los temas sobre lo que quiero compartir con ustedes, mi mayor deseo es habilitar, ya que la mujer viene de vivir una larga e inmensa prisión dentro de los valores de la cultura judeo cristiana. Pero no se puede habilitar sin tocar con el opuesto complementario que es la responsabilidad y la dimensión ética de nuestros actos. Es decir, es necesario que las mujeres nos sintamos libres, pero para ello necesitamos encontrar un punto que equilibre nuestro accionar en el mundo, una ética que no nos aprisione en valores caducos, pero que sea válida para este tiempo en que vivimos.

¿Por qué una ética para “la mujer”? Pues es simple: este espacio se trata de la mujer, y creo firmemente que las mujeres deberíamos parar de decirles a los hombres cómo tienen que actuar en la vida cotidiana, y poner nuestro foco en nosotras mismas, tanto para habilitarnos como para revisar nuestros errores. Es tiempo de pensar como queremos y debemos manejarnos NOSOTRAS, y de esa manera “decirle” al hombre y a la sociedad con el ejemplo. No cabe duda que este es un tema espinoso. Las puedo imaginar escandalizadas a algunas, y a otras asintiendo. Es un tema para otro capítulo.

Según el diccionario de la Real Academia Española, la ética es un conjunto de normas que rigen la vida de una persona en cualquier ámbito de la vida, y también es una rama de la filosofía que trata del bien y del fundamento de sus valores. Nuestra cultura judeo cristiana ha sido prolífica dictando normas acerca de lo que las mujeres (y todos en general) debemos o no debemos hacer, y por decirlo suavemente, estamos hasta la coronilla de ello. Nuestra cultura ha creado muchas reglas y finalmente casi nadie se siente tomado en cuenta o representado por ellas, lo cual genera un grave desconcierto en la sociedad.

Ya entrando en el tema que nos ocupa, he aquí el lema de las brujas: haz lo que quieras sin dañar a nadie. Parece simple pero no lo es. Hay muchas puntas a considerar, ya que para no dañar a nadie hay mucho a tomar en cuenta. Para esto es necesario que como mujeres volvamos a apropiarnos de una cualidad que se nos da fácilmente pero que nuestra cultura centrada en valores masculinos desvaloriza: tomarnos el tiempo de mirar TODO antes de decidir. El dinamismo masculino ve un objetivo y traza una línea recta que se dirige a la acción. El dinamismo femenino traza un círculo que pasa por cada una de las variables, a veces más de una vez, antes de llegar a una decisión que lleva a la acción. Esto toma TIEMPO, y muchas mujeres se sienten inadecuadas cuando tomar una decisión les toma tiempo, porque son criticadas por los parámetros masculinos.

Uno de los aspectos fundamentales que todos y todas deberíamos tomar en cuenta en esta revisión es la dimensión interior. Esa mirada es fundamental cuando las decisiones no llegan a puerto final y es que nos hemos olvidado de cómo mirarnos a nosotros mismos.

Según la Psicología Analítica (Jung), las normas éticas generalmente apuntan a un perfeccionismo inexistente basado en parámetros dictados por élites que finalmente tampoco son capaces de seguirlas (por ejemplo el clero). Por lo tanto la persona se encuentra ante el dilema de tener que “esconder” a la sociedad las partes de su ser que no son aceptables, dando lugar a lo que llamamos “la Sombra”, la cual se torna inconsciente, es decir, ya no recordamos todas esas partes de nosotros que no son aceptables por los demás. Uno de los aspectos más difíciles es que, por más que sea inconsciente, o sea, que no nos demos cuenta de que tenemos una sombra, igual somos responsables de ella en el momento en que nos convertimos en adultos. Somos responsables de todo lo que hacemos “sin darnos cuenta”. Hombres y mujeres entonces nos debemos a ese aspecto sombra de nosotros mismos, que mucho impacta en la sociedad. Nuestro primer deber ético es DARNOS CUENTA.

Trasladando este tema a la mujer que comienza a sentirse habilitada a vivir cada vez más a su aire, podemos preguntarnos entonces esta pregunta universal: ¿cuál es el límite de mis derechos? ¿Hasta donde ir?

El ejemplo antes mencionado nos da una pista: tomar en cuenta a todos es parte de la ética de la mujer. Podría inferir aquí que puesto de esta manera, la ética del hombre sería escucharla y tomarla en cuenta a ella, que ya hizo el trabajo por el. Sería así un trabajo complementario. Pero en este caso la mujer tiene una enorme responsabilidad, ya que si el varón ha de escucharla y tomar en cuenta lo que ella dice, entonces ella debe haber hecho un refinado trabajo de tomar en cuenta a todos. Así el círculo es perfecto. Entonces podemos las mujeres preguntarnos: ¿reflexiono yo desde mis heridas infantiles o las he desarrollado para el bien de todos? ¿Tomé en cuenta a todos o actúo desde impulsos egoístas? ¿Estaré excluyendo a alguien? ¿Me tomo el trabajo de mirar el conjunto o me siento juzgada por tomarme demasiado tiempo? ¿Compito con los hombres? O peor aún, ¿excluyo a los hombres? No los escucho, los desvalorizo, etc. ¿Compito con las mujeres? Podría seguir enumerando todos los aspectos de nuestra sombra que muchas veces elegimos no mirar, ya que la carga de dolor que esconden puede ser grande.

Pero entonces si me quiero hacer merecedora de mis derechos, si me quiero habilitar a mi misma a ir por más, a construir lo que mis sueños me dictan, entonces primero es necesario mirar hacia adentro. Las brujas fueron claras: haz lo que quieras sin dañar a nadie.

Teresita Dominguez

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3 Comments

  1. A veces empoderada, a veces para que? A veces me tiro en picada, a veces le doy tantas vueltas. Mi libertad termina donde empieza la tuya, sea lo que seas.
    Muy buenas sus palabras bruja Tere.

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