¿Podemos cambiar nuestro destino?

 

¿Podemos cambiar nuestro destino?

 

Haciendo un viaje en el tiempo, regreso a mi adolescencia, en la escuela secundaria. Cuando cursaba tercer año me había hecho muy amiga de mi compañera de banco, Silvia. En lo personal desde la escuela primaria tenía muy claro que cuando fuera grande iba a ser “dentista”. Mi amiga Silvia no tenía muy clara cuál era su vocación, entonces, siempre le decía: ¡Por favor, sigamos juntas la carrera de odontología. Nos llevamos tan bien, que sería lindo ser compañeras en la universidad! Como el pájaro carpintero le taladraba su cabeza, hasta que un día se la dejé como un queso gruyere. La convencí de seguir odontología.

Cuando estábamos cursando cuarto año secundario, en una de las materias, comenzó la profesora a hablar de la morgue. Allí comencé a transformarme, abriendo mis ojos como una lechuza. Cuando salimos al recreo le dije a mi amiga: Silvia, me vas a tener que perdonar, pero debo bajarme de este tren, no podré ser odontóloga. No tengo la fortaleza para enfrentarme a un cadáver o para sacar una cabeza de una fuente con formol para estudiar. Te pido mil disculpas.

Así las cosas, terminamos la escuela secundaria, cada una siguió su camino. Ella se recibió de odontóloga y yo de abogada. Pasaron muchos años y un día, una compañera de trabajo me invitó a una charla de numerología. Fui con pocas ganas, más que por curiosidad, fui por acompañarla. ¿Qué sucedió? Me quedé super impactada. La numerología me atrapó como la araña con su tela atrapa a los insectos. Hoy es mi vocación. Desde el año 2002 realizo investigaciones numerológicas. ¿Qué descubrí entre tantas cosas? Mi amiga Silvia –odontóloga-, nació un día 6 (número por excelencia de la música y la medicina). Yo nací un día 8 (número de la justicia).

¿Qué mensaje les quiero dejar con esto? Que una parte de nuestro destino ya está marcado y no podemos modificarlo. Ese destino está dado por nuestro día de nacimiento. Por más que luchemos a brazo partido contra él, siempre se cumplirá. Y es lo que generalmente corresponde a la profesión u oficio.

Mi tarea –sin saberlo- solo fue darle a Silvia un empujón hacia algo que el destino ya le había marcado; en mi caso, cuando la profesora habló de la morgue me empujó lejos de la facultad de Odontología y me depositó en la que correspondía a lo que el destino me tenía preparado.

Hay una parte de nuestro destino que puede mutar y es lo referido a la vocación, que generalmente se despierta a partir de los cincuenta años aproximadamente, dependiendo del individuo y de su nombre completo. Esta vocación muchas veces, -creo que la mayoría-, es nuestro cable a tierra para poder llevar adelante las situaciones adversas que aparecerán en nuestro camino. Nos sirve para alivianar situaciones nos pueden resultar una pesada carga. Para allanar nuestro transitar por esta escuela, que es ni más ni menos que “una escuela de vida”.

María Clara Fernández

Numeróloga

Sofróloga

Máster en Péndulo hebreo kabalístico de sanación – Método SGD

 

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