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“La Iluminación es llevar conciencia y sensibilidad a tu vida” …Carlos Fiel

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“La Iluminación es llevar conciencia y sensibilidad a tu vida” …Carlos Fiel

Posted on 16 octubre 2014 by monica

“Creo que el sentido del samadhi -dice Carlos Fiel- es llevar ese rol de conciencia, responsabilidad, sensibilidad hacia lo que nos toca vivir en cada momento: relaciones, compromisos, afectos…”. Y propone: Tejamos una red de conciencia, cada uno, desde su pequeña isla. Humildemente, creo que es lo que puede hacer cada cual”. No te pierdas esta entrevista apasionada y necesaria.

Carlos Fiel intervino recientemente en el acto de celebración del 40 aniversario del Centro Sivananda con un mensaje desmitificador y poco “ortodoxo” sobre el sentido del yoga hoy día. Después le pedimos que nos hablara de ello.

¿Cómo interpretas hoy el sentido del yoga?
Quiero reconocer el gran trabajo de aportación de Occidente al yoga, un sentido más ecléctico, más abierto. La investigación de las neurociencias ha hecho muchísimo trabajo. Y el budismo Theravada, el Vipassana, el Zen, también han hecho aportaciones increíbles. A veces en el mundo del yoga, como en todos los gremios, hay como pequeñas peleas por las diferencias, y sin embargo lo que nos une es infinitamente mayor.

Creo que hay que abrir un poco la visión de que quizás no estamos en el camino de esa Iluminación que pedíamos, pero cada uno está intentando llevar su pequeñita luz a su relación y a su entorno. Y eso me parece infinitamente más necesario hoy en día.

Creo que la conciencia individual es esencial. Los grandes grupos, los grandes gurus, la tendencia a unificar criterios están bien, pero tenemos que abrirnos a otras muchas formas que son totalmente válidas y aportan una gran lucidez a nuestra sociedad. Hay que dejar un hueco y otorgar un respeto total a todas ellas.

Es un momento de integrar el yoga en la vida real, que no se limite a ser algo exótico y distanciador para mucha gente, pero al mismo tiempo otorgándole el respeto que merece, ¿no?

Es el sentido del samadhi: iluminar tu realidad. Me gusta mucho el cuento zen del buey, porque al final ¿Kakuan qué hace? Volver con su hatillo y su camisa abierta al mercado. Y lo único que dice es: donde antes veía un carnicero o un borracho, ahora solo veo al Buda. Es decir, el mercado no ha cambiado, ha cambiado su visión hacia la vida.

Creo que el sentido del samadhi es llevar ese rol de conciencia, responsabilidad, sensibilidad hacia lo que nos toca vivir en cada momento: relaciones, compromisos, afectos… Todo eso es la vida. La gran enseñanza del budismo Theravada o Vipassana es la plena consciencia de las pequeñas cosas que hacemos. A veces estamos preocupados por nuestra Gran Iluminación y olvidamos que todos los días hay alguien a nuestro lado al que hay llevar el zumo de naranja o necesita que le prestemos oído o le demos un abrazo. Ese montón de pequeños gestos que podemos hacer con corazón creo que es el verdadero sentido del yoga. Darle sentido al vivir.

Danos un consejo para vivir con más conciencia…
Hace poco escuché de una fuente científica que según pasa la edad vivimos de forma más acelerada la vida. A los 18 años es el punto 0; a los 30 ya es el 15% de aceleración; a los 40, un 20-25%; a los 50 o 60, un 35 o 40%; a los 70, la vida ya se “acelera” más de un 50%. Vivimos más aprisa porque no vivimos, porque si yo estuviera plenamente consciente del momento, de parar ese acelerón que llevamos y vivir el montón de cosas que hay que hacer con verdadera interiorización, creo que esa frecuencia de aceleración disminuiría considerablemente. Si además de eso ponemos un poco de higiene en la mente y en la alimentación, nos sentará muy bien, seguro.

Carlos Fiel es un poco la historia del yoga en España. ¿En qué momento está tu propia historia?
Yo siempre cuento que tuve una suerte infinita: con 19 años estar en la India, encontrarme con Gerard Blitz, el fundador de la Unión Europea de Yoga, y permanecer juntos muchos años. Gracias a él conocí a Krishnamacharia, Krishnamurti, Deshimaru, un mundo que fue abriéndome sus puertas. Participé en la fundación de la UEY desde el primer congreso de Zinal, aunque luego la creación de las federaciones europeas tomaron el sentido y dejaron de interesarme… Actualmente tengo, junto con otras personas, una fundación para niños en la India que se llama Care&Share, en la que estoy muy implicado. Estoy metido en el mundo de la meditación Theravada, ahora con un monje de Birmania que traeré probablemente en abril o mayo del año que viene.

Luego estoy muy dedicado a la formación en Sadhana, poniendo un poco lo mejor de mí en desarrollar el concepto de la sensibilidad hacia el cuerpo, hacia esa higiene luminosa de uno mismo. Y en cuanto a la salud y la medicina, pues también sigo muy dedicado a atender a la gente día a día, procurando que el proceso personal de cada uno vaya adelante. Y cada vez estoy más interesado en lo personal y en desarrollar un nivel de conciencia de lo cotidiano, esa percepción consciente y lúcida de cada día…

¿En el Mindfulness?
Sí, al fin y al cabo es eso, la pura presencia. Mindfulness viene de todo el mundo Theravada y Vipassana. Es una aplicación muy lógica, muy práctica y además muy útil. Necesitamos mucho esa cualidad de presencia. Para mí, es lo que va a marcar la diferencia; lo que nos va a transformar es desarrollar esa sensibilidad que permitirá salir de esta gran crisis de forma creativa.

Sin necesidad de desapegarnos mucho de la realidad, ¿no?
No creo que haya que dejar de ser quienes somos, pero nunca vamos a seguir siendo quieres éramos. No es una cuestión de moral sino de consciencia. Como proyectamos nuestra visión y nuestra actuación cotidiana y diaria en el mundo, tenemos una responsabilidad total en él. Tejamos una red de conciencia, cada uno, desde su pequeña isla. Humildemente, creo que es lo que puede hacer cada cual.

Como formador de formadores de yoga desde hace muchos años y a quien todo el mundo respeta, ¿qué opinas sobre la formación de profesores de yoga en España?
Creo que la formación es un invento tremendamente relativo; cuatro años de formación, o tres, como se quiere ahora, no significa gran cosa. Esta estructura a la que está obligando el Gobierno y el Estado me parece de una ignorancia y una inutilidad grande. Porque el sentido del yoga no se puede transmitir a través de una estructura así. Primero hay que conocerlo a fondo, ver cómo se ha transmitido y cómo de ahí surge la necesidad de que los formadores tengan una preparación válida.

Lo que hay que estimular no es el tener un título, sino al interés por el yoga y la formación. Si yo quiero ser médico, no me interesa la titulitis, sino que mi formación tenga la calidad que requiere la medicina (o el proceso del yoga). Y luego lo que hay que saber, como decía siempre sabiamente Krisnamacharia, es si cuando hablamos del yoga hablamos de lo mismo. Porque si tú necesitas la titulitis para dar clase de yoga en un gimnasio, igual es que estamos hablando de una salud cultural muy simple.

Si preguntas en Estados Unidos qué es el yoga, el 97% de la gente te dirá que posturas. Y, sin embargo, hasta el año 1000 no tenía nada que ver con eso, sino con una serie de actitudes, de intenciones, que por cierto a todos nos cuesta mucho llevar adelante. Ojalá pudiéramos decir todos que los Yamas y Niyamas los llevamos bien; ya me conformaría yo.

En resumen, pienso que la titulitis que hay ahora es una fiebre de inconsciencia, porque en realidad lo que nos hace falta es la pasión por la práctica. Me acuerdo que cuando empezamos en nuestra comunidad (Arco Iris) éramos locos y apasionados. Teníamos que ahorrar todo el año para irnos a la India en un autobús a tomar una clase. Te hablo del año 69… Y ahora, si la escuela de yoga que te interesa te pilla dos calles más allá, no vas.

¿Y qué se debería entender cuando hablamos de yoga?
El yoga se relaciona con la maduración y el crecimiento personal, que te hacen ir conectando con diversos elementos de la vida que crees que sin ellos el corazón no se cura, no se alimenta. Con el tiempo nos vamos dando cuenta de nuestros errores, de esos egos de los que en el yoga se habla tanto y sin embargo abundan tanto. Todos somos un poco responsables de ellos y tenemos que ir con una gran humildad.

Hay que preguntarse: ¿a mí qué me interesa del yoga, qué me aporta? Y la respuesta es: la práctica por mi propia higiene, por mi propio bien, y para que lo que yo genere en mi vida tenga lucidez y dé flores alrededor. ¿Que hay que estar en la sociedad? Sí. ¿Que quien enseña yoga tiene que saber lo que se hace? Por supuesto. Pero todos sabemos que cuatro años no es nada; simplemente te valen para abrir los ojos. Pero el compromiso con la práctica es mucho más a largo plazo e implica toda una estructura distinta y un compromiso distinto de las propias formaciones y escuelas.

¿Qué pueden hacer los formadores de yoga, que son en alguna medida responsables del fenómeno “titulitis”, por mejorar la situación?
Tenemos que entonar nuestro mea culpa y estudiar qué podemos hacer para transmitir lo que es esencial dentro del yoga. Y saber que la propuesta de la Administración garantiza unos mínimos, pero que existe un contenido que hay que trabajar profundamente.

Y después, que haya diversidad, que es muy sana. El que no conoce el yoga puede poner a sus alumnos a trabajar asanas y a hacerse nudos, pero para mí la asana es un medio, una consecuencia. Para mí es esencial la sensibilidad y la conciencia que tengo sobre cómo hablo o sobre cómo hago un micromovimiento y estoy ahí, con toda mi atención puesta en lo que hace mi cuerpo.

¿Qué tenemos que trabajar todos, la Administración y las personas para que el yoga sea de verdad útil y transformador?
La Administración debería de ser un poquito más consciente de cómo dar cabida a todo eso para que no se pierda el potencial maravilloso del yoga, tan útil a nivel social como a nivel educativo. Pienso que para la vida laboral es importantísimo: en Italia hay empresas grandes de 15.000 empleados donde todos tienen su espacio para practicarlo.

El yoga tiene cabida en el mundo, y el mundo está lleno de profesores de yoga. Ahora bien, ¿cuántos hay que practiquen yoga? Esta es la gran pregunta. Practicantes que dediquen su tiempo a indagar, a investigar, a ponerse en cuestión, a repensar su mundo de relaciones, de realidades, de compromisos, de meteduras de pata y de aceptar tus puntos negros… Porque eso también somos nosotros.

Lo tonto es decirle a alguien que haga yoga para ser perfecto. No; yo hago yoga para aceptarme como soy, porque tener esa visión clara de cómo soy es lo que me va a permitir cambiar algo. Todo lo que esconda o niegue de mí, no es. Carlos Fiel tendrá un aparte luminosa y una parte oscura, como la tenemos todos, pero yo no lo puedo rechazar ésta, es mi realidad. Yo tengo que admitirme a mí para luego admitir a todos los demás, sin excluir a nadie, y dando cabida en nuestro corazón.

Creo que toda nuestra vida es material de crecimiento, y no sobra nada. Eso es lo que tenemos que trabajar, ese respeto profundo a lo que es el otro.

Honestidad, finalmente.
Claro, yo no podría ser quien soy si no me reconozco con mis luces y con mis sombras. Ese es el primer paso. Hasta que yo no esté relajado conmigo mismo y me acepte y me reconozca a mí mismo como alguien interesante en mi vida, acabaremos proyectando en otras personas la responsabilidad de nuestra evolución. Y no, la responsabilidad no es de un guru, ni de un profesor, ni de una escuela de yoga. Ante la única persona hacia la que tengo que inclinar la cabeza es ante esa realidad profunda que hay dentro de mí como dentro de cada ser. Ahí es donde está el compromiso, la sinceridad o el aprender de tu deshonestidad.

Uno que no peca no va al cielo, no puede ir. Uno que no reconozca que ha sido orgulloso, violento, avaricioso, quien no se reconozca en tantas cosas que hacemos, ¿cómo va a ir más allá de eso? Eso que decimos de “más allá del ego”, ¿qué significa? ¿Negar una parte de ti? No. Es comprenderlo y decir esto que me gusta y con lo que me identifico, y esto que no me gusta y que rechazo, todo esto soy yo.

El yoga pretende trascender esa dualidad para ir a esa otra parte que es bellísima: la esencia hay en el corazón de todos los seres, la bondad. Si yo quiero ser libre en la vida, la esencia de la libertad es la felicidad, pero también es el coraje y las ganas de decir “yo puedo transformarme, aunque meta mil veces la pata en mi vida

www.sadhana.es

yogaenred.com

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LA COMPASIÓN

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LA COMPASIÓN

Posted on 23 noviembre 2012 by monica

LA COMPASIÓN. CUANDO UNO COMPRENDE, AMA

EI Orden empieza en tí; si quieres ordenar, ordénate primero tú. Cuando ordenas hay Luz; lo otro es producto de tu deseo personal. Si deseas ayudar a otros, ayúdate primero tú porque los otros te traerán tu reflejo interno.
La necesidad del Ser, no es la necesidad del cuerpo o del ego. Su necesidad es de Orden, Luz y Amor. El cuerpo y el ego buscan satisfacer sus deseos.
Cuando quieras hacer algo por los demás, entrega tu energía al Ser. El sabrá cómo hacerlo, porque de lo contrario estarás forzando al otro a que acepte tu energía egóica en su vida.
La violación a la Ley Divina no es sólo cuando se mata, se roba o se falta a las leyes de los hombres. También surge cuando alguien se impone con el pretexto de ayudar a otro.
La Luz es Amor, y el Amor no daña. Cuando quieras servir, hazlo con Amor, sin pedir nada a cambio, porque la correspondencia es de acuerdo al intercambio Rítmico Balanceado.
En el silencio hay Paz, cuando es la Paz quien produce el silencio, porque mientras escuches las voces airadas de tus elementos, llamándote a hacer justicia entonces no hay Paz.
Lo que haces por el otro, lo haces por tí. Por eso, cuando amas a su Ser, te liberas y a la vez le Liberas en la Conciencia de Unidad que es la Vida.
Súmate al acto consciente de dar Vida a tus semejantes. Para ello sólo necesitas la disposición de ser un canal de la Luz.

“PODEMOS DISOLVERNOS EN EL TODO Y COMPRENDER QUE EL TODO SOLO PUEDE EXPRESARSE A TRAVÉS DE MI”.

El pecado es una ilusión, una fijación neurótica del pasado.
Es pecado lo que un día permitió tu evolución hacia la libertad
y hoy, una vez atravesada esa etapa del camino,
ha dejado de cumplir su función transformadora.
Se trate de la violencia, el orgullo, el miedo o el sentimentalismo,
su tiempo, el de los primeros pasos de la evolución, se ha consumado.
Si te abandonas una vez mas a todos esos hábitos y dependencias
levantarás un muro infranqueable entre tí y la Totalidad.

Has vivido el odio, la duda, la ambición, el temor y la mentira,
y cada una de estas emociones egóticas te ha permitido crecer en comprensión.
Pero su tiempo ha pasado. Deja de arrastrarlas sobre los hombros como un pesado fardo.
Los fantasmas no pueden ser vencidos.
Contempla cara a cara su naturaleza ilusoria y en un instante se van.
La oscuridad no desaparece nunca del mundo dualista.
Alegría y dolor, calma y agitación; salud y enfermedad; creatividad o copia…son parejas exclusivas de opuestos
pero mientras que los primeros nos abren al compartir,
los segundos nos bloquean y nos encierran en el circuito del ego.
Si deseas lo que te expande, primero has de ser capaz de amar
y comprender lo que te contrae.
Y recuerda ¿conoces un camino mas directo que la noche
para alcanzar conscientemente el nuevo día?

Avanzando por el sendero de la luz conocerás el sufrimiento.
Y la vía es tan estrecha que solo puedes recorrerla desnudo,
sin soportes externos, deseos, miedos ni esperanzas,
dejando a un lado los conceptos, la historia personal y los gustos y disgustos.
Sufres cuando algo que consideras tuyo se aleja de tí,
cuando una cualidad que creías poseer se manifiesta ausente,
o cuando no logras materializar la realización de algún deseo.
De esta manera las experiencias de la vida te enseñan el desapego.
Es decir, solo posees lo que hayas conquistado mas allá del cuerpo y de la mente.
Sólo es verdaderamente tuyo lo que puedas llevar contigo
cuando emprendas el misterioso e incierto viaje de la muerte.

La desesperación, la angustia, la duda… son signos de debilidad
que solo permiten avanzar en las primeras etapas del camino.
Signos de contradicción y de falta de unidad,
pero sobre todo signos de pérdida de fé en la Totalidad que nos rodea.
La incapacidad para estar atento, para ser flexible, para aventurarse en la noche,
para correr riesgos, para estar sin hacer nada o para enfrentar un conflicto,
son síntomas de declinación de la conciencia.

Vive desnudo, maravillado ante el Misterio.
Ábrete desde la dualidad mental al lenguaje del Amor.
Eleva la Materia hasta que vibre en el Espíritu.

El pasado te encierra a través de la repetición y el hábito.
Ansías la seguridad y pierdes la vida.
Las costumbres y dependencias no vienen de fuera. Tú los llamas.
Tú mismo has construido la prisión y temes abandonarla.
Sus barrotes están formados de moral y de normas que recubren lo Real,
en una total ausencia de luz y de alegría.
Derrumba las defensas que has levantado para aislarte de lo invisible,
porque lo Divino está a cada momento sobre la Tierra .

La Verdad no puede ser enfrentada de manera directa,
y nunca es “esta o aquella”, sino “ni uno ni dos”.
La práctica de técnicas espirituales ya no conduce a ningún lugar.
Lo que cuenta es el Propósito, el Intento o la Voluntad detrás de la acción.
Es el momento de conquistar, en el proceso de purificación, el estado de Ser
desde el cual cualquier cosa que hagas encarne elevadas vibraciones
y plante la semilla del despertar espiritual en la vida.

Un instante de total entrega a Su Voluntad
vale mas que un centenar de años de esfuerzo iniciático.
Es difícil atravesar conscientemente los obstáculos de la Materia
para que otros, a partir de tu ejemplo, emprendan su propio sendero.
Esa Vía del Corazón que lleva directamente al abismo del gozo
en el que todos los obstáculos han desaparecido.
âAhora para tí, si la lucha y la destrucción son todavía necesarias
es porque aún te sientes inválido para comprender el mensaje del amor.

Persigas lo que persigas es mentira, y la mentira te cierra y te contrae.
La fuerza que te empuja a conseguir alguna cosa es un enfermedad.
Ser simple es imprescindible en la meditación.
El pequeño yo del viejo hombre ansía acumular distintas formas de espiritualidad,
de transcendencia o religión, de saber o discriminación, y de todo tipo de experiencias.
Eres como una enorme biblioteca que no quiere vaciarse de su fichero caduco,
que no quiere abandonarse en manos de la sabiduría innata que es la Gracia.

Es hora de vivir la totalidad.
Crea Espacio en tí, porque el espacio es femenino.
Haz sitio sin tregua para que lo Otro se manifieste.
Confía en tu propia inteligencia.
En cada situación se encuentra la justa respuesta.
Deja de aparentar santidad o conocimiento y realiza lo que ya eres.
El maestro infalible no va delante, sino en tí.
Se simple, no observes ni persigas nada en la meditación.
Entonces sentirás la soledad y la locura de existir sin apoyos.
!Atrévete a descansar en el Vacío sin soportes mentales!
Pues el miedo al vacío se diluye cuando te abres a la Presencia
sin dependencias, mentiras, distracciones ni planes preconcebidos.
Riega con las flores perfumadas de la oración
el desierto silencioso y selvático de la atención meditativa.
Sé el místico y el sabio unidos.
Sé la mujer o el hombre de sentimiento,
el artista creador de objetos de poder, el ensoñador de lejanas auroras,
y el amante juguetón que levanta los velos de la Visión verdadera.

No insistas en reformar el mal o perderás la vida en ello.
Mas bien afirma lo positivo de cada persona y en cada situación.
Resalta de cada uno su mejor cualidad y deja a un lado los errores.
Si solo haces incapié en las debilidades, tu energía l es permite sobrevivir.
No exageres ni deformes jamás la medida de tu percepción.
Evita las palabras ofensivas, abandona las murmuraciones,
y muestra en tu acción, mas allá de las palabras,
la justa actitud de entrega al instante.
Olvida la enfermedad para que seas capaz de expandir
la salud y la alegría de Su Palabra.
Entonces serás testigo de un crecimiento insospechado y global.
Acepta el riesgo de vivir
y conocerás la única seguridad que puede existir en este mundo,
la nueva Luz, la voz del silencio que habla quedamente en tu oído.

Hay en tu interior un lugar inmutable, que nunca cambia.
Libre del tiempo que es mente y de la destrucción.
Un lugar eterno que no tiene nombre, ni forma,
y que nunca ha conocido ni conocerá la oscuridad.
www.carlosfiel.com

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