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Qué es Ashtanga Yoga?

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Qué es Ashtanga Yoga?

Posted on 05 diciembre 2014 by monica

Ashtanga Vinyasa Yoga es una forma de yoga dinámico. Se diferencia del hatha yoga por la práctica del vinyasa. Vinyasa significa literalmente sistema de movimientos y respiración sincronizados. Y estos movimientos son los que encadenan una postura con la otra. Cada postura está meticulosamente diseñada con un número determinado de movimientos y respiración de manera que un alumno avanzado enlazará las postura siguiendo fielmente el ritmo de respiraciones y movimientos. La secuencia de posturas siempre será la misma y el alumno irá añadiendo posturas a medida que su práctica progresa. Aparte del sistema de vinyasa otros elementos serán determinantes para la práctica: la respiración Ujjayi (pranayama), las bandas (cierres energéticos), el dristi (miradas) ayudan al practicante a concentrar y aumentar la energía a lo largo de la práctica.

La Respiración Ujjayi se obtiene al contraer suavemente la glotis (un pequeño músculo a la altura de la tráquea) que provoca una respiración sonora, lenta y regular. Es un elemento esencial durante toda la práctica. Al escuchar el sonido de nuestra respiración nuestra mente se va calmando y relajando.

Las Bandas son contracciones musculares que provocan un control de la energía. Mula Banda, a la altura del coxis, consiste en contraer los esfínteres anales y Uddyana Banda es una contracción abdominal. También está Jalandara Banda a la altura de la garganta que se practica durante algunos pranayamas (ejercicios respiratorios). Al realizar las bandas estamos aumentando nuestra concentración y controlando la energía.

El Dristi (“mirada” en sánscrito) consiste en focalizar totalmente la mirada durante toda la duración de la postura. Cada postura tiene su dristi y esta concentración total de la mirada nos conduce a la meditación. También aumenta nuestra capacidad de concentración y tonifica nuestros músculos oculares siendo muy beneficioso para algunos problemas de vista.
A través de estos tres elementos, la respiración ujjayi, las bandas o control de los centros energéticos y el dristi o concentración a través de la mirada vamos a aumentar nuestra capacidad de concentración durante toda la práctica y vamos a aprender a controlar nuestra energía. Nos damos cuenta, a través de la práctica, que si no estamos muy concentrados es muy difícil realizar las posturas.

El Ashtanga Yoga practicado con una correcta respiración purifica el cuerpo físico, mental y emocional. A través del cuerpo accedemos a nuestros bloqueos emocionales tomando conciencia de ellos y también tomamos conciencia de nuestros procesos mentales aprendiendo a observarlos desde el desapego, sin identificarnos con ellos.
La Primera Serie (de asanas) de Ashtanga se llama también Yoga Chikitsa que significa terapia de yoga. Realizar esta práctica con asiduidad no sólo cura el cuerpo físico pero también el espíritu. Permite desarrollar e intensificar la concentración, controlando y purificando el pensamiento. Patanjali, el gran sabio que estructuró y recopiló todo el conocimiento del yoga en los Yoga Sutras habla de esta estrecha relación entre yoga y mente: “yogaha citta vritti nirodaha”, con el yoga cesan las fluctuaciones de la mente.
A partir de entonces ya no estamos dominados por los dilemas y los conflictos. El yoga nos conduce a un estado mental más alerta, sereno y consciente. Dejamos de ser víctimas de nuestros procesos mentales y emocionales para cultivar un mayor dominio de nuestra mente. Al ganar dominio también ganamos libertad.

Ashtanga Yoga – Los ocho pasos

Patanjali, el gran yogui y sabio que vivió entre 500 y 200 años antes de Cristo, recopiló el conocimiento del yoga el unos sutras. En este texto Patanjali define el ashtanga yoga como el camino hacia la autorrealización del ser.
Ashtanga en sánscrito significa ocho ramas o pasos y yoga tiene muchos significados pero los dos más importantes son: unión y camino. El yoga lleva a la unión cuerpo, mente y espíritu. Cuando interiormente conectamos con nuestra esencia más profunda conseguimos que se desvanezca la dualidad y conectamos con el sí mismo. Es esa sensación de unidad que nos permite entrar en conexión. El segundo significado se refiere al camino para llegar a esa unión.

Iniciarse en el camino del ashtanga yoga supone practicar las ocho ramas.
Estas son:

1.- Yama: códigos morales
2.- Niyama: purificación personal
3.- Asana: posturas o práctica física
4.- Pranayama: control del prana a través de la respiración
5.- Pratyahara: retraer los sentidos de los objetos externos para iniciar la interiorización.
6.- Dharana: concentración mental
7.- Dhyana: meditación
8.- Samadhi: contemplación o unión total del ser con Dios

Los yamas y niyamas son considerados como los pilares o la base de esta realización personal pero muchas veces son imposibles de realizar para un occidental si no ha seguido desde pequeño una educación filosófica o religiosa.
Por ello, Sri. K. Pattabhi Jois recomienda empezar por la práctica de asanas para purificar el cuerpo y la mente, adquirir claridad mental.

Los yamas se pueden dividir en:
Ahimsa (no violencia)
Satya (decir la verdad)
Asteya (no robar)
Brahmacharya (continencia)
Aparigraha (desapego)

Los Niyamas se refieren más a una purificación personal:
Saucha (purificación del cuerpo)
Santosha (contento)
Tapas (disciplina)
Swadhyaya (estudio de textos filosóficos)
Ishwarapranidhana (devoción)

Asanas

En ashtanga yoga existen 3 series de asanas. La serie primera Yoga Chikitsa, desintoxica el cuerpo físico, alinea la columna verteral y purifica el cuerpo. La serie intermedia (nadi shodhana) purifica el sistema nervioso desbloqueando los canales de energía (nadis) y haciendo que la energía fluya libremente por el shushumna nadi (espina dorsal) y la serie avanzada Sthira Bhaga (subdividida en A-B-C-D) trabaja la fuerza y la resistencia.

De todos modos, desde el primer día de práctica podemos sentir como la práctica de asanas influye en nuestro sistema nervioso, en nuestra fuerza mental (concentración) y en nuestro estado de consciencia. Nuestra respiración se alarga y profundiza, nuestra concentración aumenta y poco a poco vamos adquiriendo un estado de paz interior no experimentado anteriormente. Los otros cinco pasos de ashtanga yoga van apareciendo poco a poco con el tiempo.

La paciencia es un elemento muy importante en la práctica del yoga. Es más importante haber iniciado el camino que estar más o menos cerca de la meta ya que la ambición de progresar nos aleja de la meta o de la realización del ser. Podríamos decir que la meta (si hay meta alguna) sería el ser conscientes del momento presente que vivimos en el día a día. La obsesión por progresar en la práctica de asanas nos aleja de la esencia del yoga porque tensa el cuerpo. He visto a mucha gente tener lesiones por desear avanzar demasiado rápido. Por ello me parece importante que un principiante lo tenga presente desde un principio.
El cuerpo es lento y hay que respetar su ritmo. Conocer y respetar el cuerpo es más difícil de lo que parece. Solo lo conoces cuando trasciendes el cuerpo físico y accedes a la energía pránica; sólo entonces, con humildad, aprendes a respetarlo.
Por ello creo que la paciencia y la humildad son quizás las cualidades más importantes en el camino del yoga.
Pattabhi Jois siempre dice “do your practice and all is coming” que se puede traducir por “practica que todo llegará”. El aconseja practicar con constancia y perseverancia y los resultados llegan en un 100% de los casos.
En efecto, toda la gente que he conocido que se ha iniciado al ashtanga me ha comentado lo mismo: “Mi vida ha cambiado desde que he comenzado esta práctica”.

fuente-ashtangayogabcn

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La actitud semilla en la práctica del yoga

Posted on 23 octubre 2014 by monica

El Ser está aquí y allí, se manifiesta en lo grosero y en lo sutil, deja su impronta en lo corporal y su resonancia en lo mental. No hay duda sobre la interrelación entre cuerpo y mente, ni sombra sobre la aplicación en un medio para que redunde en otro. En el método del Yoga, la postura abre la respiración y los canales energéticos para que la mente repose en la contemplación infinita de nuestra esencia. Escribe Julián Peragón (Arjuna).

Âsana, prânâyâma y dhyana forman un entrelazado indisoluble, tres vértices de un mismo triángulo, tres coordenadas de un mismo proceso.

Cuando meditamos, la firmeza de la postura nos remite a una de estas coordenadas, la respiración lenta y profunda en el vientre a otra y la misma técnica meditativa, por fin, cierra el círculo. Pésima meditación haríamos con una postura desgarbada y con una respiración superficial y, al contrario, a menudo la estabilidad en la postura y la respiración calmada logran un centramiento notable en nuestra mente.

Lo que está claro en este ejemplo meditativo también debería estarlo en la realización de posturas de yoga. A menudo la inmediatez de la postura y su compleja realización nos hace perder ese hueco de escucha tan necesario en el yoga. Podemos enlazar una postura con otra y a duras penas nos fijamos en la respiración. Entramos en la postura con el hábito del hacer y perdemos, a veces, la profundidad del sentir.

Recordemos brevemente que Patanjali en su magnífico asthanga yoga de ocho miembros coloca primeramente una ética, unos yamas y niyamas como queriendo insinuar que antes de abordar el trabajo de yoga hay que estar conectado profundamente con una actitud purificadora y liberadora. Una actitud que vemos reflejada en las grandes tradiciones religiosas donde, por poner un ejemplo sencillo, antes de comer bendicen la mesa o recitan una plegaria, un stop para que el hambre no devore los alimentos, un freno al deseo compulsivo y una ayuda para ser conscientes del hecho de comer y el agradecimiento que ello conlleva. Estoy profundamente convencido que, de esta manera, la comida nos sienta mejor.

Si el Ser fuera el labrador y el cuerpo la tierra que cultivamos, la mente sería el instrumento de esa siembra. Necesitaríamos unas buenas semillas para hacerlas germinar. De eso mismo trata el yoga, cómo podemos desplegar nuestras potencialidades, cómo podemos regar nuevas actitudes sabias; cómo, para seguir utilizando la misma metáfora, podemos eliminar obstáculos para que el agua llegue a todos los rincones de nuestro terreno y lo fecunde.

Pongamos por caso que durante el tiempo que has practicado yoga has desarrollado una cierta escucha y una evidente sensibilidad. Probablemente eres más consciente de tu mapa de tensiones y sabes reconocer cuáles son los límites y las tensiones corporales, emocionales o mentales que impiden un desarrollo interior. Es posible que, ayudado de tus profesores, hayas discriminado los elementos más resistentes y elaborado una práctica individualizada. Ahora se trataría de sacarle todo el partido a esa misma práctica.

Actitud consciente: la semilla

Al inicio de una serie hacemos una toma de conciencia para centrarnos en el momento presente, escuchar cuál es nuestra posición de partida y desde aquí ajustar mejor nuestra práctica. Al profundizar en nuestra escucha lo que estamos haciendo es crear el suficiente silencio para que se coloque en primer lugar nuestra intención, que esa intención de fondo emerja con toda su fuerza. Si no hacemos este trabajo es posible que nuestras motivaciones inconscientes sigan trabajando en la sombra y contaminen la propia práctica. No es de extrañar que motivaciones que parten de una inseguridad del ego como querer demostrar la propia valía, la competición con los compañeros o el sentirse superior interfieran en el verdadero objetivo del yoga que nos proponemos; es como si el labrador sembrara semillas que no ha elegido voluntariamente.

Llegamos a la necesidad de colocarnos al inicio de una serie y en la posición de partida de cada âsana en una actitud clara y consciente. Veamos algunos ejemplos: imaginemos que en la Postura del Guerrero, Virabhadrâsana, donde trabajamos la fuerza de piernas entre otros objetivos, nos detuviéramos un momento antes de la toma de postura y fuéramos conscientes de una actitud de fuerza y de resistencia necesaria ante la vida. Probablemente la presencia en la postura sería mayor y el trabajo no sólo se situaría a nivel corporal y energético sino también a nivel emocional y mental. Sería como aprovechar el impulso secreto entre cuerpo y psique pero llevándolo a un plano más consciente. Qué duda cabe que las posturas de equilibrio trabajan el equilibrio interno, y las posturas de fortaleza la fortaleza interior, pero ese sendero secreto no es automático, hay que reactivarlo. La llave está en la actitud semilla antes de la postura.

Si nosotros quisiéramos trabajar la humildad, por ejemplo, buscaríamos entre un racimo de posturas y eligiríamos aquellas que nos obligan a reconocer nuestros límites y a aceptarlos en la comprensión de que ningún cuerpo es perfecto y que somos seres tremendamente condicionados. Si vemos nuestra rigidez de carácter, podríamos sembrar semillas de flexibilidad interior a través de posturas que trabajan la flexibilidad. Las posibilidades son infinitas.

Creo que la actitud consciente es poderosísima y que abre caminos al despliegue de la conciencia. Si la realización de la postura estuviera precedida de una escucha, una actitud semilla, una preparación a través de movimientos, la consistencia del trabajo sería mucho mayor. De entrada parece más complejo pero no es tal; es profundidad, seguir el curso de la vida. Hasta el arquero pone primeramente su mente en la diana antes de que llegue la flecha

Julián Peragón, Arjuna

yogaenred.com

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