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José Ignacio, un lujo de Maldonado

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José Ignacio, un lujo de Maldonado

Posted on 10 enero 2015 by monica

Desde los 26 metros de altura del faro, queda claro cómo se ha extendido eso que alguna vez fue un peñón solitario. Hoy José Ignacio abarca unas 36 manzanas y la profundidad de campo desde allí arriba tiene por un lado el mar, claro, y por el otro una sucesión de casas, en general lujosas, en donde no hace tanto había solo dunas.

De ser el hábitat de un farero solitario, hoy este punto a unos 60 kilómetros al oriente de Punta del Este se ha vuelto en la última década un concurrido, aunque exclusivo, balneario internacional.

José Ignacio tiene unos 40 habitantes permanentes que en temporada alta (que para el lugar es entre el 26 de diciembre y el 5 de enero) puede volverse una población de 1.500 personas. En un sábado de enero de los lindos puede llegar a recibir unos 8.000 turistas que se van con la caída del sol. La capacidad hotelera no es muy grande, por lo que pasar un día de playa es el plan más común.

Ese interés mundial y la belleza natural, han hecho que los precios de alquiler y de venta sean de altos para arriba. El metro cuadrado (que hace 40 años podía costar tres dólares, según dice José Secco de la coqueta posada Paradiso) está en los mil dólares. Los padrones son de 800 metros, por lo que saque la cuenta de cuánto sale un terreno.

“En 2001, compré un terreno por 55.000 dólares”, dice una antigua pobladora del lugar. “Hoy vale un millón”.

Como solo se puede construir una casa por padrón, la disponibilidad para alquilar es poca. De acuerdo a Ignacio Ruibal, agente inmobiliario e integrante de la Liga de José Ignacio, en el cambio del año, las casas se alquilan entre 10.000 y 70.000 dólares la semana.

Hay quienes pueden pagarlos. Acaban de irse James Murdoch, el hijo y heredero de Rupert Murdoch (el dueño de Fox y el Wall Street Journal, entre otros kioscos), Elon Musk, el multimillonario creador de Paypal, el sistema de pagos online más popular del mundo, y Martin Sorrel, el CEO de WPP Group, una multinacional de la publicidad y las relaciones públicas.

Los principales clientes (y promotores) del balneario siguen siendo los argentinos y, este año, los brasileños que, como en Punta del Este se hicieron notar. También se ve mucho paraguayo, chileno, estadounidense y europeo. José Ignacio es un verdadero balneario internacional.

“Este es un punto especial en el mundo”, dice Clo Dimet, de Paradiso. “Dicen que es como la Ibiza de la década de 1980”. Su socio, Secco, la compara también como una combinación de los Hamptons (en la costa este estadounidense) y St. Tropez. Tienen cómo saberlo, ya que su principal clientela es gente de mundo que tiene cómo comparar el destino.

“Es un pueblito de campo pegado a la playa”, dice Ruibal, quien como integrante de la liga es uno de los principales promotores de mantenerlo así. Desde 1993, el lugar tiene una serie de regulaciones estrictas para la construcción o la llegada de inversionistas, algo que se consiguió gracias, dice, “a una comunidad muy participativa”. Como “el 99% de los compradores de José Ignacio son consumidores finales”, vienen con otro compromiso.

Ruibal llegó al lugar en 1972, cuando solo había unas pocas casas, principalmente de gente de Rocha. Cuando volvió a fines de la década de 1980, “sentí tanta paz” que decidió radicarse en el lugar. Desde entonces ha trabajado para difundir “la marca José Ignacio” que consiste en un pueblo rural sobre el mar, de carácter familiar y con baja densidad de población. Ha conseguido tentar a muchos.

Varios coinciden en un par de momentos que indicaron que la aldea estaba transformándose. Uno fue que empezaron a comprar casas algunos famosos y millonarios argentinos (Mirtha Legrand, Amalia Fortabat), y más acá personalidades mundiales como Shakira y el escritor inglés Martin Amis. También ayudó la llegada de negocios gastronómicos que revolucionaron el mercado. Hoy ese lugar es La Huella, que fue elegido en el puesto 17 en la lista de Los 50 Mejores Restaurantes de América Latina que publica la William Reed Business Media. La buena comida siempre es un llamador para turistas de todo el mundo y La Huella ha colaborado, coinciden, en poner a José Ignacio en el mapa del turismo mundial. Recientemente, además, la cadena Vik inauguró un vistoso hotel sobre la playa Mansa.

Este jueves soleado, hay mucha gente. Y en el estacionamiento de la Brava pegado al faro, hay muchos autos argentinos y uruguayos, varios paraguayos (que parecen haberse volcado en sus grandes camionetas a Punta del Este y alrededores) y un par de brasileros.

“De noche esto se vuelve un barrio”, dice Ruibal, para quien eso es parte del éxito internacional del balneario. “En la plaza pueden estar jugando el hijo del magnate con el del comisario”, dice. El ambiente es familiar y la prohibición de abrir discotecas ayuda a la calma del lugar. Los extranjeros encuentran el encanto de lo distinto de un lugar que, dice Ruibal, “está tan lejos y tan cerca”.

“Es una aldea de lujo”, dice Clo Dimet, quien como muchos de los que viven o trabajan allí adora el lugar. Y mientras lo dice sirve la que, dice, es la mejor torta rogel del mundo. Tiene razón. Pero, más allá de los méritos indudables de su reposteria, todo en José Ignacio —la naturaleza, las casas, la playa, el faro, el mar— tiene una justificada tendencia a lo superlativo.

RURAL Y LUJOSO

Como bien dicen algunos de los entrevistados, José Ignacio es una combinación de lujo, ambiente rural y cierto aire de pueblo. En los últimos años han aparecido emprendimientos que lo han modernizado (el hotel Vik, por ejemplo) y hay tiendas sofisticadas (Matute) junto a la tradicional despensa de Manolo, una institución local. Es un balneario exclusivo, sí, pero también un hermoso lugar para visitar en plan gasolero. Y de paso cruzarte con alguna celebridad de las que andan por ahí tan lejos y tan cerca del mundo.

HISTORIAS

Un lugar donde los terrenos no valían nada

“Toda la gente que llegaba aquí era por la pesca”, dice María José Machado, hija de uno de los primeros pobladores de la zona. En esa época vivían 40 personas todo el año (igual que ahora) y “era el centro de todo un área rural”. Aún en la década de 1960, recuerda, “había una oficina de Aduanas para controlar que la gente no se llevara nada de los barcos encallados”. También estaba la policía, un almacén, un bar y la plaza “pero no muy definida”, apenas una manzana vacía.

Para los trámites, las compras y la escuela había que ir a San Carlos, de donde venía a pescar mucha gente “pero en general eran solo los locatarios”, hasta la década de 1980 cuando dejaron de ser tres o cuatro casas por manzana para comenzar un boom de construcción y el “malón” de turistas. Una de las primeras en instalarse, recuerda Machado, fue la princesa Laetitia DArenberg. Hasta mediados de la década de 1980, no había luz ni agua.

“Los terrenos no valían nada”, dice Machado. Aún en la década de 1980 se los podía permutar por un Chevette. Su padre fue propietario, por ejemplo, del único ómnibus que llegaba al lugar que usaba para venir con sus amigos a pescar. Así de provinciano era todo.

Comienza el festival de cine del balneario

Uno de los grandes eventos culturales de la temporada ocurren en el balneario y en Pueblo Garzón. Se trata del José Ignacio International Film Festival que es definido por sus organizadores como “una propuesta de vanguardia que propone la proyección de películas de prestigio y reconocimiento internacional”.

Se realiza en tres lugares: dos en José Ignacio (la Bajada de los Pescadores y la Chacra “La Mallorquina” y en la Estación de trenes de Pueblo Garzón.

La programación de este año incluye películas que no han sido estrenadas en Uruguay y vienen con mucho prestigio como Force Majeure de Ruben Ostrund, Mommy del canadiense Xavier Dolany Listen Up Philip de Alex Ross Perry. A eso hay que sumar una exhibición especial de la chilena Neruda de Manuel Basoalto y la uruguaya Retrato de un comportamiento animal de Florencia Colucci y Gonzalo Lugo. Conviene chequear el lugar de las exhibiciones en el sitio del festival www.joseignaciofilmfestival.com.

 fuente elpais

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Punta del Este, el lugar…

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Punta del Este, el lugar…

Posted on 27 noviembre 2014 by monica

Encajonada justo en el límite entre el Río de la Plata y el océano Atlántico, la urbe uruguaya es uno de los destinos clave de la jet set latina al estilo de Shakira, Ricky Martin o Enrique Iglesias. Playas surferas, clubs para dejarse ver, firmas de lujo y hasta lobos marinos marcan la ruta.

Es uno de los destinos top donde la jet set latina se deja caer al otro lado del charco, con permiso de Miami o la argentina Mar del Plata. Casinos, boliches (bares) para lucir las lentejuelas y el bronceado, ruta de tiendas a lo Beverly Hills… Así es la uruguaya y playera Punta del Este, ubicada en el departamento de Maldonado, justo donde confluyen el Río de la Plata y el océano Atlántico.

La ciudad por la que se pasean Shakira, Enrique Iglesias o Zidane comenzó siendo un asentamiento indígena primero(Villa Ituzaingó se llamaba) y un pueblito de pescadores después. Pero llegó un español, Francisco Aguilar, al que le dio por explotar (muy ventajosamente) los saladeros del lugar y a situar a Punta del Este en el mapa. Pero a sus habitantes les sabía a poco: querían una estación balnearia del tipo Biarritz, así que a principios del siglo XX, la Sociedad Balneario Punta del Este invitó a un grupo de veraneantes a visitar la ciudad a bordo del vapor Golondrina,  alli comenzaba el turismo.

Ese turismo se ha mantenido hasta hoy, convertida la urbe ya en coto de famosos con sello latino con aviones privados, Ferraris y su Chanel a cuestas. Se congregan en los  restaurantes y bares que jalonan las dos playas principales, la Mansa y la Brava (el carácter del agua hace entender los nombres, así que los surferos ya saben dónde tienen que ir), a lo largo de las ramblas de Lorenzo Batlle y Claudio Willmen. Pero también llegan hasta La Barra y el exclusivo barrio de Jose Ignacio.  He aquí algunos nombres Guappa, Boca Chica, La Huella, Isidora, Aquabarra, El Diablito…

De día, las celebrities se hacen fuertes en la avenida principal, la Gorlero, repleta de boutiques, peluquerías, gimnasios, cafés, pizzerías o centros comerciales. La feria de artesanías de la Plaza Artigas es un clásico para comprar artículos locales, desde figuras talladas en madera a collares o cuadros. Las antigüedades, en Crisol (Gorlero 641). Para paladares más refinados está la calle 20, donde han plantado su pica las firmas de lujo internacionales al estilo de Louis Vuitton, Gucci y compañía. Por algo la llaman la Rodeo Drive de Punta del Este.

El famoso barrio de Beverly Hills también tiene su homónimo residencial aquí, sembrado de impresionantes chalets, piscinas y zonas verdes estilo pradera que parecen no tener fin. En él se encuentra el Museo Ralli, primo hermano del de Santiago de Chile, Israel o Marbella. Creados bajo el paraguas de una entidad privada sin ánimo de lucro, su finalidad es promover a artistas latinoamericanos contemporáneos, con obras, por ejemplo, de Dalí y Botero. También se encuentra aquí el Museo del Mar, donde dicen que está el mejillón más grande del mundo.

El capítulo cultural en Punta del Este sigue con Pablo Atchugarry, uno de los escultores más reputados del país, caracterizado por sus imponentes trabajos en mármol de Carrara. Su obra Luz y energía se levantó para conmemorar los 100 años de la ciudad (cumplidos en 2007) y ya se la considera un emblema de la misma. Para convertirla en realidad, Atchugarry empleó un bloque de mármol de cinco metros de altura y de 24 toneladas de peso. Está situada en la parada 1 de la Playa Mansa. En el mismo punto pero de la Brava se encuentra la otra escultura estrella de la urbe, La Mano  o Los dedos, expuesta desde 1982 y que representa a un hombre medio sepultado emergiendo a la vida.

Punta del Este acoge un buen puñado más de rincones míticos como el puente ondulante que comunica con la zona de la Barra o el exclusivo puerto, donde amarran unas 400 embarcaciones, a cada cual más selecta. También hay hueco para el día a día de los pescadores, que allí mismo subastan sus mejores ejemplares. Siguiendo por la Rambla Portuaria a la altura de la calle 5 se llega al faro, en pie desde 1860 e hilado con 125 escalones. La venerada imagen de Nuestra Señora de la Candelaria está al lado. Tampoco hay que perderse la Plazoleta Gran Bretaña, donde se ubica el límite entre el Río de la Plata y el Atlántico.

Se llama Isla de Lobos y es por algo: es una de las reservas de lobos marinos más importantes del mundo, con cerca de 300.000 animales entre sus filas. Ubicada a ocho kilómetros de Punta del Este, se dice que las pieles de 66 de estos ejemplares con los que se toparon los conquistadores españoles acabaron siendo vendidas en Sevilla. Otra excursión interesante desde Punta del Este es a la Isla de Gorriti, en plena Bahía de Maldonado y antiguo refugio bucanero a comienzos del siglo XVI. Todavía conserva fortificaciones de aquella época que pueden visitarse.

A 30 kilómetros de Punta del Este surge Piriápolis, el sueño de un visionario llamado Francisco Piria (de ahí su nombre), que la levantó de la nada en 1893. Él solo, tras varios viajes por Europa y muchos blocs de notas atestados. No en vano, se fijó en el estilo arquitectónico de la Costa Azul francesa (y en Biarritz en concreto) y lo copió. Al paseo marítimo lo llamó la Rambla de los Argentinos porque con el dinero de estos turistas comenzó a construir su ciudad ideal. Eso sí, todo gira en torno a las ideas masónicas y alquimistas, por lo que hasta el mínimo detalle de una fuente tiene un significado. Nada de improvisaciones fortuitas. Al lugar no le falta ni un pantagruélico castillo en el que moró don Piria un año.

fuente-ocholeguas

 

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