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La virgen que sobrevivió al naufragio

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La virgen que sobrevivió al naufragio

Posted on 08 enero 2015 by monica

Pocos saben que la historia de la construcción de la Catedral de Maldonado encierra una sucesión de misterios que algunos pueden calificar de coincidencias y otros de milagros. Lo cierto es que en 1795, Carlos IV a través de un real decreto, autorizó el envío del dinero para la construcción de una gran iglesia en la villa San Fernando de Maldonado. La resolución del rey de España también establecía el envío de una imagen milagrosa de la Virgen, para que presidiera el altar mayor.

Cinco años más tarde, en 1800, comenzaron las obras con la colocación de pilares de tres metros de ancho y paredes de dos metros de grosor que sostienen las dos torres, la nave central y la cúpula. Cuentan que desde una de sus torres a medio terminar, en 1806, los obreros avistaron a la flota inglesa que días más tarde invadiría Buenos Aires, por entonces capital del Virreinato del Río de la Plata. A las pretensiones fallidas de los británicos de apropiarse de las colonias españolas en estas latitudes (1806-1807), le siguió el proceso independentista, por lo que los habitantes de Maldonado y las autoridades religiosas tuvieron que olvidarse del apoyo económico de España para la Catedral. Ni hablar de la Virgen milagrosa.

La declaración de la independencia y la posterior Jura de la Constitución, se prolongaron luego en revoluciones y revueltas que escribieron las primeras páginas de la historia de la flamante República Oriental del Uruguay. Debieron transcurrir 85 años hasta que el sacerdote fernandino Pedro Podestá, se pospusiera terminar con la Catedral. Para ello hubo que reconstruir buena parte de lo hecho ocho décadas antes. Los trabajos le insumieron exactamente diez años.

El 25 de mayo de 1895, el entonces obispo de Montevideo Mariano Soler y el presidente de la República Juan Idiarte Borda, inauguraron oficialmente la Catedral de Maldonado.

El barco.

¿Coincidencia, misterio o milagro? La misma tarde del 25 de mayo de 1895 y terminada la ceremonia en Maldonado, media docena de barcos de la empresa de salvatajes de Antonio Lussich llegaba hasta las inmediaciones de la isla de Lobos, donde el lujoso vapor postal español Ciudad de Santander (foto superior) había encallado la noche antes envuelto en un espeso banco de niebla. El Santander era el buque mercante insignia de la Compañía Transatlántica, perteneciente a Claudio López Bru, segundo Marqués de Comillas y uno de los hombres más ricos de la España de aquellos tiempos. Al encallar, su popa de hierro fue cortada como con un abrelatas por las rocas y el agua comenzó a inundar las bodegas y la sala de máquinas. Transportaba 309 pasajeros y 116 tripulantes. Las escenas de pánico que se vivieron a bordo luego del cimbronazo pudieron ser dominadas, en parte, por su capitán Antonio García y la tripulación, quienes comprobaron y —así se lo trasmitieron a los pasajeros— que si bien el barco había sufrido daños, se mantendría a flote por varios días.

El Santander había sido botado en 1884 y era el barco preferido del Marqués de Comillas, un ferviente católico amigo del Papa León XIII. Entre las características del transatlántico se encontraba no solo su moderno diseño y maquinaria (tenía luz eléctrica y telégrafo), sino el lujo de su decoración, que incluía una pinacoteca excepcional de los mejores marinistas españoles de la época. Contaba además con una capilla importante, presidida por una imagen de la Virgen del Carmen, protectora de los navegantes. Cuentan que cuando Lussich y sus hombres llegaron se encontraron con que muchos de los pasajeros y algunos tripulantes estaban rezando ante la santa de manto celeste.

“He prometido a la Virgen que si nos salvamos, si nadie muere, entregaré su imagen a la iglesia más cercana”, le dijo García a Lussich. “Tendrá que cumplir con su promesa”, expresó Lussich conmovido y convencido por la escena.

El transbordo de los pasajeros a los buques Temerario, Huracán y Stefanía insumió toda la jornada. Al día siguiente, el 26 de mayo, el pasaje completo del Ciudad de Santander desembarcaba a salvo en Montevideo. En el barco quedó su capitán, la tripulación y Lussich y sus hombres que, durante varios días, hicieron el alije de la carga y mercaderías. El capitán García, mantuvo hasta sus últimos momentos la esperanza de poder recuperar al Ciudad de Santander de su varadura; pero los daños eran muy importantes y el barco se hundía lentamente. Lo último que sacaron fue la imagen de la Virgen del Carmen, la llevaron envuelta en el mantel que cubría la mesa del altar. Tres días más tarde y desde Montevideo, García le escribía un largo informe al Marqués de Comillas en el que además le comunicaba su decisión de cumplir con su promesa.

El padre Podestá, le envió también una carta al Marqués de Comillas en la que decía: “¿No será que la Virgen quiere cumplir los deseos y promesas de sus hijos los Reyes y presentándose a las puertas del Templo recién terminado, se hace aquí milagrosa salvando a los náufragos diciéndonos: Habéis terminado mi casa, abridme las puertas, dejadme entrar…”.

Meses más tarde, el Huracán, el Emperor y el Cacique, de la compañía Lussich, con don Antonio y el capitán García a la cabeza y el barco de Guerra Artigas de la Marina uruguaya, integraron la flota que transportó la imagen de la Virgen de Montevideo a Maldonado junto a unos 500 feligreses. Casi todo el pueblo participó en la ceremonia. Desde entonces, la Virgen del Carmen preside el altar mayor de la Catedral.

Las obras de la catedral insumieron casi 100 años

La Catedral de Maldonado comenzó a construirse en 1800. Cinco años antes, en 1795, Carlos IV había autorizado el envío del dinero para la edificación de una gran Iglesia. También se había comprometido a mandar la imagen de una Virgen para su altar mayor.

El edificio fue pensado y diseñado para durar toda la vida. No se tienen noticias de quién o quiénes lo diseñaron, pero lo cierto es que las obras insumieron casi cien años. Empezaron al inaugurarse el siglo XIX y fueron terminadas al cerrarse el mismo. Entre una fecha y otra (1800-1895) sucedieron las invasiones inglesas (1806-1807), la Declaratoria de Independencia (1825) y el consecuente retiro del apoyo económico por parte de la corona española, el surgimiento de Uruguay como Estado independiente y las decenas de revueltas, revoluciones y guerras civiles que azotaron el país.

Fue el presbítero Pedro Podestá, el primer sacerdote nacido en Maldonado, quien se propuso, en 1885, terminar la construcción. La tarea le insumió una década y su inauguración tuvo lugar el 25 de mayo de 1895, horas más tarde que encallara en las proximidades a la isla de Lobos el lujoso Ciudad de Santander.

fuente-elpais

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Punta del este, los primeros turistas

Posted on 10 febrero 2014 by monica

Los primeros veraneantes de Punta del Este fueron los vecinos de Maldonado, San Carlos, y también los de Minas. Luego vinieron los montevideanos y los porteños.

 

Hoy recorreremos con el cronista de la época (Caras Caretas febrero de 1907), la visita de los primeros turistas que llegaron el 2 de febrero, en el vapor “Golondrina”. Fueron recibidos en el muelle de Punta del Este por una Banda de Música y numeroso público.

La excursión

 

 

 

En febrero de 1907 los accionistas de la sociedad Balneario Punta del Este, decidieron realizar un viaje a Punta del Este y así lo consignó el diario de Buenos Aires “Tribuna”: Con el objeto de hacer conocer las maravillas que encierran aquella parte de la costa de la República Oriental, reputada como una de las más hermosas y saludables, el Directorio de la Sociedad Anónima Balneario Punta del Este, prepara una excursión la que se llevará a cabo el viernes 1° de febrero a bordo del vapor “Golondrina” y a la que concurrirán todos los accionistas. Además de la playa, será visitado el gran parque de Lussich considerado el mejor de Sud América y se llegará hasta Maldonado para estar de regreso en Buenos Aires el lunes próximo. Dado el entusiasmo que hay por Punta del Este, es fácil imaginar una numerosa concurrencia al paseo…

 

 

 

Los comentarios

 

 

 

-¡Ideal!– Es el calificativo que aplicaron a Punta del Este los caballeros excursionistas que en los primeros días del mes actual visitaron aquel hermoso paraje de la costa atlántica uruguaya. Era una comitiva compuesta la mayor parte por hombres de negocios de esos de vista clara y fino olfato. Travesía feliz hasta Montevideo y de allí la excusión marítima tranquila, sin balanceos bruscos, a lo largo de esa pintoresca costa de Maldonado que se destaca en la continuidad de serranías.

El vapor “Viena”, había sido construido el Glasgow en 1893, con un tonelaje bruto de 590 y una velocidad de crucero de 13 nudos. (26 km.) Lo compro la empresa Piaggio como Golondrina II, destinado a la línea Bs.As. – Montevideo.

 

 

Cinco horas de marcha que con mejor andar pueden reducirse a la mitad y se doblaba la punta de la ballena, en la que el lobo de mar, Lussich ha asentado su pintoresco solar esteño. Al frente se distinguía en todos los detalles la punta del Este, objetivo del viaje. Desde la toldilla del “Golondrina” se dominaba el paisaje en todo su conjunto, empinado y verdegueante (serpenteado de verde) en el centro, salpicado de alegre caserío, descendiendo unas lindas partes hacia la playa de arena fina y bravíos en la parte que mira al océano (Brava)

Hace bien pocos meses, en aquel paraje, además del edificio de aduana y de su magnífico faro, apenas había un rustico rancherío El soplo del progreso llego allí y en muy poco tiempo alegres casitas  y preciosos chalés que se levantaran en aquel lindo rincón de las playas orientales. Fue un descubrimiento feliz porque ningún otro puede superarlo como ubicación ideal para un gran balneario. Testigos entre otros muchos nuestro compatriota el señor Julio Victorica, que instalado en un lindísimo chalet, ha recuperado allí su salud comprometida.

A poco más de cien metros se levantará el gran hotel que bajo la dirección del reputado arquitecto Medhurst Thomas va a empezar a construir la “sociedad Balneario de Punta del Este” que posee allí  200.000 varas de terreno (285.645 m/cuadrados) dividido en solares de 1.000 varas cuadradas, ha construido lindísimos chalés. Acertadísima empresa ésta, que desde ya puede descontar un éxito brillante. Solo falta un corto trozo de rieles y el ferrocarril llevará a los veraneantes que prefieran la vía terrestre directamente desde Colonia hasta Punta del Este, joya recién descubierta que es codiciada con afán. Se disputan por telégrafo las habitaciones del hotel local, y en cada chalet se alojan miembros de varias familias distinguidas de Buenos Aires y Montevideo.

Según el periódico Vida Nueva (B.A), en enero de 1906 el balneario tenía una población de 492 habitantes, 111 casas construidas, unas 20 casas en construcción y unas 300 por construirse. Precisamente, el crecimiento edilicio y poblacional que registraba Punta del Este llevó a que se lo declarara Pueblo. El Proyecto de ley -impulsado por los diputados Juan de Dios Devincenzi, Julio María Sosa y Dr. Martín Suárez- se promulgó por el Dr. Claudio Williman el 5 de julio de 1907, y llevó el número 3.186.

Fue constituida en la Ciudad de Buenos Aires, el 21 de diciembre de 1906, es decir, seis meses antes de la ley que crea el Pueblo de Punta del Este por la asam­blea del Senado y Cámara de Representantes de Montevideo.

Meses después de dictada la ley de creación del Pueblo de Punta del Este (1907), uno de sus pioneros, Ramón Leiguarda, avizorando que aquella villa tendría un gran porvenir, por nota dirigida a la Junta Económica Administrativa -entonces presidida por don Juan Gorlero-, el 10 de enero de 1908 ofreció comprar “una fracción de terreno ubicada al nordeste de la costa del puerto, completamente cubierta de médanos de arena.”

fuente el pais

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Punta del Este, codiciado botín

Posted on 06 octubre 2012 by monica

la Intendencia de Maldonado se aprestan a sacar una nueva normativa para la zona todavía verde que queda detrás de rincón del Indio.
Hasta que un inglés visionario, Enrique Burnett, recaló en nuestras costas en las postrimerías del siglo XIX, Punta del Este y su entorno (Villa Constitución hasta 1907) era un desolado paraje de grandes dunas movedizas. Con paciencia y tesón infinitos empezó a plantar los pinos que no solo fijaron el suelo y lo hicieron habitable, sino que le dieron a esta incomparable península una de sus características más preciadas. La armónica convivencia del mar y el follaje, en una exitosa combinación de costa expuesta con vistas marinas maravillosas y el refugio sedante del barrio jardín, bajo la luz y sombra de los pinares.

Sin embargo con el paso del tiempo, el interés de algunos, ya sea pecuniario (negocios), puramente venal, (coimas) o político (votos), ha llevado a que la arboleda emblemática de este privilegiado lugar se transforme cada vez más, en un bosque de cemento. No falta mucho para que sea muy difícil divisar un pino a la distancia, ya sea porque fueron tirados abajo o porque los tapa un edificio, tal como se puede apreciar hoy al hacer la curva en la rambla de la Playa Brava que lleva hacia el puente del arroyo Maldonado.

Arrasados completamente todos los árboles para levantar un edificio atrás de otro, (todavía en construcción) y como si no hubiera suficiente cemento por todos lados, tanto sobre la playa Mansa, (se discute la construcción de varias torres más, a la altura de la parada 16), las otras cercanas a la Punta, las de la península misma y las múltiples que están sobre la playa Brava, con el en su tiempo discutido fraccionamiento Lobos, pleno de rascacielos, ahora en la Intendencia de Maldonado se aprestan a sacar una nueva normativa para la zona todavía verde que queda detrás de las mencionadas construcciones en rincón del Indio.

Decisión que quedó disimulada tras el voluminoso estudio, (lo sería menos si no se repitiera tanto) del llamado desarrollo del Eje Aparicio Saravia, (el héroe nacionalista no está en el negocio) encargado a un ambientalista argentino, Ruben Pesci. Junto a la investigación sobre los humedales de la cuenca del arroyo Maldonado e idealistas planes de parquización a su vera, se observó que al costado de dicha Avenida hay, mejor dicho queda, un espacio subocupado.

Por lo tanto, hay que facilitarle las cosas al inversor que compró esas tierras para que termine definitivamente con la foresta que aún vive, para levantar allí unos 30 edificios. Primero iban a ser de 4 pisos, luego de 10 y ahora hasta 30, contando los garajes.

Pensando solo en mañana y no con amplitud de miras, como hizo Burnett o Lussich en Punta Ballena, plantando cientos de especies, y con el manido argumento de las fuentes de trabajo que produce la construcción, el Intendente De los Santos y su staff priorizan los negocios inmediatos sin detenerse a pensar en el nuevo daño que se está por hacer. Es no darse cuenta, si no es algo más turbio, que el inmenso atractivo de Punta del Este se halla íntimamente ligado a su naturaleza y a un estilo de vida y que su destino no es convertirse en un nido de torres, corrientes de aire y sombra multiplicada.

Deberían tener claro que los argentinos que descubrieron este sitio, que lo adoptaron y le dieron gran parte de su glamour, lo hicieron huyendo de la ciudad en que se había transformado Mar del Plata, siendo desde entonces mayoría entre los veraneantes.

Embriagados por el dinero que tienen en sus alforjas, algunos promotores inmobiliarios a los que solo les importa su negocio o desean invertir por la razón que fuera, cuentan con el apoyo de ediles y autoridades fernandinas que no tienen conciencia de que están matando a la gallina de los huevos de oro. No solo están vulnerando los derechos de quienes también invirtieron previamente y eligieron un cierto paisaje y contorno, que no era el de una ciudad, sino que se corre el riesgo de terminar como en aquellos lugares, (sobran ejemplos como el de la costa española) donde la prioridad fue construir y construir, hasta que aquello se vino abajo. Y ni que decir del peligro latente de la actual burbuja inmobiliaria. Es factible que este bello lugar del mundo, de corta temporada estival, termine convertido en una urbe fantasmagórica. La idea de crear una nueva Península en Rincón del Indio, con avenida y rascacielos, es un grave error.

El País Digital

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